En los últimos años hemos sido testigos de un importante logro en la economía mexicana. La pobreza se redujo en 17 puntos porcentuales entre 2020 y 2024. Cabe esperar que la pobreza continúe esta tendencia hacia 2026 o 2028. Pero, si queremos seguir avanzando en el desarrollo del país, va a ser indispensable reactivar el crecimiento económico. Esto no va a ser fácil.
La reducción de la pobreza se ha debido principalmente a los incrementos en el salario mínimo. En menor medida han contribuido los programas sociales y algunas reformas laborales como la del outsourcing. El salario mínimo ha pasado de 123 pesos diarios en enero de 2020 a 315 pesos diarios en enero de 2026 y su poder adquisitivo ha recuperado el nivel que tenía en 1983 después de haberse reducido a un 43% de este nivel en 1992.
Parece paradójico que se haya logrado reducir la pobreza sin aumentar el ingreso promedio del país. Recordemos que el PIB per cápita en el segundo trimestre de 2026 es prácticamente igual que el del segundo trimestre de 2018. Sin embargo, Amartya Sen, quien ganó el premio Nobel de economía por sus estudios de desarrollo, afirma que el desarrollo va más allá del ingreso. En un artículo suyo, escrito con Jean Drèze, compara a India con Bangladesh y aunque el primero registraba un ingreso per cápita que era el doble del segundo, Bangladesh tenía mejores resultados que India en muchos indicadores de desarrollo como tasas de vacunación, tasa de mortalidad de niños menores de 5 años y años promedio de educación, entre otros.[1]
Esto no significa que el crecimiento sea prescindible. Sen y Drèze muestran que el ingreso no es suficiente para el desarrollo, no que sea irrelevante: México ha logrado avances notables invirtiendo directamente en el bienestar de quienes menos tienen, pero esa vía tiene un límite si no crece la economía que la financia.
En el caso de México, es evidente que el salario mínimo no puede seguir teniendo aumentos por encima de la inversión indefinidamente porque llegará el momento en que ninguna empresa pueda pagarlo y se tendrá un mayor desempleo o, más probablemente, mucha más informalidad. Por su parte, los programas sociales no pueden financiarse sin crecimiento económico.
Por otro lado, aunque se puede reducir la pobreza sin crecimiento, como lo demuestran los últimos años en México, el crecimiento acelerado y sostenido es una forma sostenible de reducir la pobreza y mejorar las condiciones de vida de un país. El ejemplo más notable es el de China porque logró sacar a millones de la pobreza. Gracias al crecimiento acelerado de los ochenta y noventa del siglo pasado, el porcentaje de población viviendo por debajo de la línea de pobreza pasó del 92 por ciento en 1981 al 1 por ciento en 2015.
La misma historia se ha repetido con varios países que han logrado tener periodos prolongados de crecimiento alto. México es un ejemplo destacado en este sentido. Un estudio del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY)[2] toma una perspectiva de largo plazo en la reducción de la pobreza en México. El estudio encuentra tres periodos de reducción de la pobreza en México: 1956-1984, 1996-2006 y 2014-2024. En los primeros dos, el crecimiento económico y la estabilidad fueron clave para la reducción de la pobreza.
Entre 1950 y 1984, el porcentaje de población en México viviendo en pobreza pasó del 88 al 53 por ciento gracias a un crecimiento promedio mayor al 6 por ciento en ese periodo. De acuerdo con el CEEY, también fueron importantes una inflación baja, disciplina fiscal e inversión pública en educación, salud e infraestructura. Ese periodo llegó a su fin con la crisis de 1982 que fue resultado de un gasto público deficitario y descontrolado que, paradójicamente, buscaba beneficiar a los más necesitados.
Para tener una reducción en la pobreza sostenible en el largo plazo es indispensable reactivar el crecimiento económico. Hay muchas opiniones acerca de cómo lograrlo. Yo destacaría la necesidad de un orden institucional y un Estado de Derecho funcionales que protejan los derechos de propiedad, de inversión en educación y de promover la productividad.
Desgraciadamente, vamos en sentido contrario. La reforma judicial, la concentración de poder y el debilitamiento de la democracia socavan el orden institucional que el desarrollo requiere; la prueba PISA acaba de confirmar que la educación mexicana está rezagada y retrocede; y sin un sector privado fuerte y con certidumbre para invertir, no habrá la productividad que sostenga el crecimiento. México ya demostró, entre 1956 y 1984, que puede crecer de forma acelerada con estabilidad. Repetir esto es la tarea pendiente para que el progreso de los últimos años no se quede a medias.
[1] Drèze, J. y Sen, A. (2011), “Putting Growth In Its Place”, Outlook India, 14 de noviembre, http://www.outlookindia.com/printarticle.aspx?278843.
[2] Campos Vázquez, R. M. y Hernández Licona, G. (2026), “Evolución de la pobreza 1950-2024: aciertos y pendientes para la movilidad social y la igualdad de oportunidades”, citado en CEEY (2026), 75 años de pobreza en México: lecciones y retos para la movilidad social [Nota de Política Pública CEEY núm. 01/2026], Centro de Estudios Espinosa Yglesias, www.ceey.org.mx.