Al Banco de México le han llovido críticas recientemente. El 26 de marzo, su Junta de Gobierno anunció su decisión de reducir la tasa de interés en un cuarto de punto porcentual a pesar de que la inflación aumentó a 4.6 por ciento en la primera quincena de marzo de 2026. Esto es justamente lo contrario a lo que se esperaría cuando la inflación aumenta. ¿Por qué esta decisión ha sido tan criticada?, ¿cuáles son sus implicaciones?
Primer problema. Muestra que al Banco de México no le importa el poder adquisitivo de los mexicanos. Al entrar al sitio web del banco central se puede leer claramente que “El objetivo prioritario de Banco de México es mantener una inflación baja y estable”. Más específicamente, esta institución tiene el objetivo de que la inflación anual sea 3 por ciento. A esta meta se le permite variar en un punto porcentual, lo que quiere decir que 2 o 4 por ciento es aceptable. Si el banco central mantiene los precios que controla (inflación subyacente) próxima al 3 por ciento, los precios más volátiles sobre los cuales tiene menos control (no subyacente) como el jitomate y la gasolina, podrían llevar la inflación más cerca del 2 o 4 por ciento.
El problema es que la inflación que el banco central debería controlar (inflación subyacente) está por arriba del 4 por ciento (4.4 por ciento en la primera quincena de marzo) y ahí ha permanecido desde mayo de 2025. La inflación general se había mantenido por debajo del 4 por ciento gracias a los precios que menos controla la autoridad monetaria, es decir, por suerte. La inflación general pasó de 3.8 a 4.6 por ciento entre la primera quincena de enero y la primera de marzo.
Frente a esta situación, Banco de México no debía bajar la tasa de interés porque es echarle leña al fuego de la inflación. El objetivo prioritario del banco central es claro, pero esta institución desdeña su mandato por otras consideraciones con lo que muestra su indiferencia por cuidar del poder adquisitivo de los mexicanos, que es precisamente su principal responsabilidad.
Segundo problema. Aumenta el costo de disminuir la inflación por la pérdida de credibilidad. Este problema es una consecuencia del anterior. Cuando el banco central deja claro que su objetivo prioritario no es una inflación baja y estable, pierde credibilidad y será cada vez más difícil lograr reducir la inflación. Si las empresas creen que la inflación será 3 por ciento, ese será el aumento de precios que esperan de sus insumos, ese mismo será el aumento salarial que pueden ofrecer y ese mismo el aumento de precios de sus competidores y el de sus propios precios.
Un indicador del daño ya causado es que los propios especialistas encuestados por el banco central esperan una inflación de 4.2 por ciento hacia el final de 2026 y de 3.8 para 2027. Si Banco de México quisiera llevar la inflación al 3 por ciento como le exige su propio objetivo, tendría que llevar a cabo acciones que convenzan a quienes toman decisiones de que la inflación bajará. Esto normalmente implicaría aumentos en la tasa de interés, por lo que el costo de disminuir la inflación es mayor (fuertes incrementos en la tasa de interés para convencer de que el objetivo de inflación se persigue con seriedad).
Tercer problema. El riesgo de una inflación permanentemente elevada. La consecuencia lógica de lo anterior es que Banco de México va a enfrentar una disyuntiva más adelante. Una posibilidad es que la inflación nunca llegue al 3 por ciento más que ocasional y brevemente, si tenemos suerte. La otra posibilidad es tener que subir las tasas de interés fuertemente para cumplir con su objetivo. Lo más probablemente es que la inflación se quede indefinidamente alrededor de 4 por ciento. No sólo se alejará del objetivo del banco central, sino que con frecuencia estará fuera del rango de variabilidad aceptable, como ocurre actualmente.
La Junta de Gobierno ha bajado la tasa de interés en varias ocasiones a pesar de que la inflación no está controlada (en una clara tendencia al 3 por ciento). Esto ya había provocado que expertos en economía cuestionaran su credibilidad a inicios de este año. La decisión del 26 de marzo es el culmen de las malas decisiones porque se hace en un momento en el que la inflación creció fuertemente y está claramente fuera de cualquier rango aceptable para el banco central. Bajar la tasa de interés en ese contexto evidencia que Banco de México ha subordinado su objetivo principal —proteger el poder adquisitivo de las familias mexicanas— a otras consideraciones.