Economía empresarial

Un economista ejemplar

Este 16 de septiembre se cumple el primer aniversario luctuoso de Sergio Raimond-Kedilhac Navarro.

Este 16 de septiembre se cumple el primer aniversario luctuoso de Sergio Raimond-Kedilhac Navarro. Un economista ejemplar que influyó fuertemente en mi vida y en la de muchos hombres y mujeres de empresa. Sergio fue Director General del IPADE por más de 20 años y Rector General de la Universidad Panamericana y el IPADE. Además, fue fundador y primer director de la Licenciatura en Economía de la Universidad Panamericana. Quiero aprovechar este espacio para compartir algunos de los aprendizajes que recibí de él.

Conocí a Sergio cuando entré a trabajar al IPADE como asistente académico del área de Entorno Económico (en el año 2000) y él era el director de esa área académica y director general de la escuela de negocios. En aquéllos días, era obligatoria la lectura en el MEDE (el MBA de tiempo completo) del capítulo 9 del libro Capitalismo y Libertad de Milton Friedman. Sergio admiraba a Friedman y a su brillante defensa de la libertad económica, pero eso no lo convirtió en el típico defensor del libre mercado. Sergio sabía que la libertad debe acompañarse de responsabilidad.

En este sentido, recuerdo una idea de Sergio a la que, si mal no recuerdo, le llamó el diezmo social. Insistía al hablar con directoras y directores de empresa que debían de dar un diezmo a los más necesitados. Pero no se refería a dinero, sino al diez por ciento de su tiempo. Esto era una petición particularmente costosa pues quien dirige carece de tiempo libre. Sin embargo, Sergio sabía que las personas que dirigen o crean empresas tienen un conjunto de habilidades muy valiosas y que su trabajo enfocado en ayudar a quienes más lo necesitan puede hacer una mayor contribución que los donativos económicos. Ahora que se habla cada vez más de la responsabilidad social empresarial, vale la pena recordar que esta responsabilidad es de cada hombre o mujer de negocios y que lo mejor que puede ofrecer es su propio talento.

También aprendí de él la importancia que tiene el empleo en la economía. Él no enfatizaba la importancia del trabajo como medio de producción sino como medio para la mejora de la propia persona humana. En este orden de ideas, algún día me dijo que la principal preocupación de un(a) economista debiera ser encontrar la forma de que cualquiera que busque un empleo, lo obtenga. La misma idea la enfatiza en una dedicación que me hizo de su libro Análisis Económico y Dirección de Empresa que escribió en coautoría con Salvador Cerón Aguilar. En la dedicatoria escribió: “Ojalá que a futuro puedas seguir abriendo brecha para lograr un mundo más eficiente, que a la vez permita oportunidades verdaderamente más amplias de empleo digno y modos de trabajo para más personas”.

También gracias a Sergio comprendí la importancia de la labor de acercar la teoría económica a un público amplio y, en especial, a los tomadores de decisiones. Él apreciaba el trabajo de investigación económica, pero afirmaba que las grandes ideas en economía necesitan ser “traducidas” a un lenguaje más comprensible y necesitan ser difundidas para que logren un mayor impacto en la vida de las personas. Esta fue una parte importante de su actividad profesional y me inspiró a hacer lo mismo.

Sergio fue un economista destacado, pero su principal aportación fue su ejemplo de vida. Le pedía a las empresarias y a los empresarios que donaran parte de su tiempo y predicaba con el ejemplo. Dedicó su vida al servicio a los demás y se preocupaba por el bienestar de cada persona con la que se encontraba. Por último, de Sergio aprendí algunas de las virtudes que deben tener las y los economistas. La dedicatoria a la que me referí previamente cierra con estas palabras: “Ser economistas realistas, prudentes, éticos y solidarios, con la ayuda de Dios”.

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