Perspectiva Bursamétrica

¿Podrá sustituir la UE a los sistemas de pagos norteamericanos?

El marco del “dulce” trato del presidente Trump hacia los países miembros de la OTAN, y con las políticas proteccionistas a todo vapor, los países europeos están viendo la manera de lograr autonomía monetaria y menor vulnerabilidad ante los sistemas de pago estadounidenses.

La soberanía económica de un Estado u organización supranacional como la Unión Europea, no se limita a la emisión de una moneda con curso legal; exige de igual forma el control sobre los canales físicos y digitales a través de los cuales dicha moneda circula. Hoy en día la inmensa mayoría de las transacciones cotidianas de los europeos y del mundo dependen de infraestructuras corporativas cuya gobernanza reside fuera de las fronteras de esos países.

Ahora en el marco del “dulce” trato del presidente Trump hacia los países miembros de la OTAN, y con las políticas proteccionistas a todo vapor, los países europeos están viendo la manera de lograr autonomía monetaria y menor vulnerabilidad ante los sistemas de pago estadounidenses.

A través de esquemas como la Iniciativa de Pagos Europeos (EPI) y su billetera digital Wero, en combinación con el desarrollo normativo y técnico del euro digital por parte del Banco Central Europeo (BCE), se busca incrementar la soberanía digital europea y depender menos de entidades americanas.

En el ámbito minorista, según el Banco Central Europeo (BCE), Visa y Mastercard procesan aproximadamente el 61% de las transacciones con tarjeta dentro de la eurozona, y representan un monopolio casi absoluto en el procesamiento de operaciones transfronterizas. Esta concentración no solo induce una transferencia masiva de valor económico mediante tasas de intercambio y tarifas operativas hacia el exterior, sino que posiciona a la arquitectura financiera de la UE en una situación de subordinación estratégica frente a decisiones extraterritoriales y volatilidades geopolíticas.

A pesar de la creación del euro en enero de 1999 y de la exitosa estandarización de las transferencias interbancarias mediante la Zona Única de Pagos en Euros (SEPA), la UE no concretó el desarrollo de un esquema de tarjetas unificado a nivel continental. El mercado minorista se fragmentó en soluciones estrictamente domésticas. Las plataformas norteamericanas absorbieron progresivamente las cuotas de mercado locales.

La Iniciativa de Pagos Europeos (EPI), es un consorcio respaldado por las principales entidades bancarias del continente con el propósito explícito de estructurar un ecosistema europeo. El núcleo operativo de esta estrategia es Wero, una billetera digital paneuropea que elude los rieles de las tarjetas tradicionales de crédito o débito, cimentándose directamente sobre la infraestructura de transferencias inmediatas de la arquitectura SEPA.

La EPI ha realizado una integración programada de sistemas altamente exitosos como iDEAL en los Países Bajos y Payconiq en Bélgica y Luxemburgo. Wero posee una base de usuarios inicial que supera los 50 millones de clientes activos. Durante el despliegue programado, el sistema ha evolucionado desde las transferencias inmediatas entre particulares (P2P) hacia su incorporación en el comercio electrónico y terminales de punto de venta (POS).

La plataforma Wero reduce significativamente los costos de transacción derivados de la intermediación tradicional, y permite la liquidación inmediata de los fondos, lo cual dota de mayor liquidez al tejido empresarial europeo. Toda la información transaccional se procesa y se almacena exclusivamente en centros de datos localizados en territorio comunitario, con lo que se garantiza el estricto cumplimiento del Reglamento General de Protección de Datos (GDPR), reteniendo el valor estratégico de los metadatos financieros dentro de la economía de la Unión.

En el plano de la gobernanza pública, el Banco Central Europeo complementa los esfuerzos del sector privado mediante el diseño del euro digital. Concebido como una extensión digital del dinero en efectivo, el euro digital busca salvaguardar el acceso al dinero público en una economía crecientemente desmaterializada, operando como un factor de estabilidad e independencia frente a la oferta privada foránea (Criptomonedas). Provee una red alternativa de liquidación minorista de última instancia. Su marco legal e institucional, asegura la gratuidad de los servicios básicos para el ciudadano y prescribe altos estándares de privacidad técnica. Al no perseguir un fin lucrativo, actúa como un elemento moderador del mercado que reduce las barreras de entrada para nuevos competidores europeos y restringe la capacidad de fijación de precios oligopólicos por parte de las redes extranjeras. La arquitectura del euro digital está diseñada para integrarse y ser distribuida a través de los propios intermediarios financieros privados de la UE, reforzando la resiliencia global del sistema de pagos. ¿Alguien en Hacienda o en el Banco de México estará viendo que hacer?

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