Coordenadas

El doble choque en la economía global

El dilema de Kevin Warsh tiene que ver con la inflación, pero también con la credibilidad. Trump y Vance han pedido públicamente que la Fed baje las tasas a dos meses de las elecciones intermedias.

El petróleo por arriba de 107 dólares y los bonos del Tesoro a 10 años rozando 5 por ciento volvieron a coincidir ayer. Son dos choques distintos que empujan a los mercados en la misma dirección y alteran la economía global.

El Brent cerró en 107.63 dólares por barril y el WTI en 102.48, sus niveles más altos desde mayo. La tasa del bono del Tesoro a 10 años terminó arriba de 4.95 por ciento, máximo desde 2023, y la de 30 años en 5.37 por ciento, un nivel que no se veía desde 2007.

El primer choque es de oferta petrolera. Desde que Irán cerró de facto el estrecho de Ormuz, por donde pasaba una quinta parte del petróleo mundial, el crudo vive de la geopolítica: llegó a 126 dólares en abril, bajó hacia 70 en julio con la tregua y ahora acumula un rebote de más de 30 por ciento desde los mínimos de agosto.

Hay, sin embargo, una pista importante: la curva de futuros no supone que estos precios permanezcan. El contrato a noviembre cerró arriba de 107 dólares, pero el de diciembre cerró cinco dólares abajo. Goldman Sachs elevó esta semana su pronóstico para diciembre a 85 dólares y para 2027 ve precios en los 60, si la producción supera los niveles previos a la guerra.

El mercado apuesta a que la tregua llega. El riesgo es que no llegue.

El segundo choque es de oferta de bonos y tiene raíces más profundas.

La prima por plazo del bono a 10 años, es decir, la compensación adicional que exigen los inversionistas por prestar a largo plazo pasó de prácticamente cero a alrededor de 0.8 puntos porcentuales este año.

La Oficina de Presupuesto del Congreso estima que el pago de intereses de la deuda federal cruzará el billón de dólares en este año fiscal. Deutsche Bank calcula, además, que la participación extranjera en la tenencia de bonos del Tesoro cayó de más de 50 por ciento en su punto más alto a cerca de 30 por ciento.

Con un déficit fiscal de alrededor de 6 por ciento del PIB y sin una corrección a la vista, Estados Unidos tiene que pagar cada vez más para colocar una cantidad creciente de deuda.

Ahí está la diferencia entre ambos choques. El petróleo puede bajar si llega una tregua. La presión sobre los bonos no desaparecerá con un acuerdo en Medio Oriente.

En este cuadro global, el petróleo fue la chispa; el problema fiscal, el combustible.

En medio está la Reserva Federal, que decide el próximo miércoles si deja sin cambio las tasas o las sube. El mercado asigna cerca de 70 por ciento de probabilidad a un alza de un cuarto de punto y ya contempla otra antes de que termine el año.

El dilema de Kevin Warsh tiene que ver con la inflación, pero también con la credibilidad. Trump y Vance han pedido públicamente que la Fed baje las tasas a dos meses de las elecciones intermedias. Del otro lado, la inflación lleva cinco años arriba de la meta y el propio Warsh dijo en Jackson Hole que la Fed tiene trabajo por hacer. Subir tasas reforzaría la percepción de independencia; no hacerlo mantendría abierta la discusión sobre la presión de la Casa Blanca.

¿Y México?

Hasta ahora, los mercados no lo han castigado. El peso cerró ayer en 16.99 por dólar y el bono a 10 años en 9.35 por ciento, todavía abajo del máximo de mayo, a pesar de que el bono del Tesoro a un plazo equivalente está en su nivel más alto en casi tres años.

El diferencial entre ambos se ha estrechado. Pero el costo del doble choque puede llegar por dos vías menos visibles.

La primera son las tasas. Banxico, que decide el 24 de septiembre, ha anticipado que mantendrá su tasa en 6.50 por ciento. Si la Fed sube y Banxico no se mueve, el diferencial puede estrecharse a unos 250 puntos base, reduciendo uno de los soportes financieros del peso y aumentando la posibilidad de un ajuste alcista del dólar.

La segunda vía es fiscal. La gasolina regular se mantiene abajo de 24 pesos porque Hacienda absorbe parte del costo petrolero que no aparece en la bomba: el estímulo al IEPS de la Magna pasó de 16 por ciento a mediados de agosto a 31 por ciento esta semana, y el del diésel a 81 por ciento.

El precio internacional no desaparece porque no aparezca en la bomba: se traslada a las cuentas públicas.

El Paquete Económico 2027 supone una mezcla mexicana de 61.8 dólares el próximo año, cuando esta semana volvió a cotizar arriba de 100.

El supuesto no es descabellado. La curva de futuros y Goldman Sachs apuestan a lo mismo: que el petróleo caerá.

El riesgo para México no es que Hacienda sea demasiado optimista. Es que los mercados, la Fed y Hacienda estén apostando a que el petróleo bajará pronto.

Si la tregua no llega, el doble choque dejará de ser solamente un problema de Wall Street.

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