Edna Jaime

¿Estamos intactos?

Estamos intactos, en apariencia, porque detrás están instituciones amenazadas en lo más fundamental de su funcionamiento.

Amigos, viajeros de tierras menos afortunadas que la nuestra, recorrieron algunas regiones del país y concluyeron que estamos intactos. No se siente y se ve, como en sus países (algunos de centro y sudamérica), el paso de gobiernos poco diestros en la política pública pero desmedidos en sus ambiciones de concentración de poder. Y es cierto. El país se ve un poco como siempre: regiones vigorosas, otras no tanto, pobreza marcada en algunos estados que no remontan el atraso y la expectativa de una nueva ola de oportunidades con la relocalización de cadenas productivas que la pertenencia a Norteamérica nos trae como regalo.

Esta idea de que estamos intactos también se la escuché a un colega analista político que sostiene que la arquitectura institucional en el país permanece de pie. Estas son buenas o malas noticias, dependiendo de qué lado de la barrera uno mire al mundo. Para quienes vemos la red de instituciones vigente como la base de un sistema democrático y de contrapesos fuerte, el que ésta siga de pie es buena noticia. Se puede recuperar una ruta para su fortalecimiento que se abandonó en un punto, por conveniencia hay que decirlo, de quienes querían discreción y márgenes amplios para el ejercicio del poder. No llegamos más lejos porque a nuestra clase política y gobernante no les convenía. Nadie quiere ser vigilado y atarse de manos voluntariamente. Hoy, que están fuera del poder, lo han de lamentar intensamente.

Supongo que para el ala radical de la coalición obradorista esto es una muy mala noticia. Seis años no fueron suficientes para derruir lo que consideran son los lugares en que se asienta el poder del grupo conservador al que señalan con saña sin identificarlo particularmente.

Pienso que estamos en un lugar intermedio. Digo, porque sí existe un deterioro palpable en muchas instituciones del Estado mexicano, infligido por este gobierno. El INAI está de pie, con presupuesto, con un liderazgo que no se dobla y, sin embargo, sus capacidades y atribuciones no están en pleno ejercicio. Qué decir de la Auditoría Superior de la Federación, intacta, pero también un poco inútil, porque su liderazgo ha optado por no incomodar al poder, no sólo al presidente de la República, sino a nuestros emperadores territoriales, que son los gobernadores. Ellos, por su parte y salvo excepciones, han cedido, incluso han entregado sus plazas. ¿Recuerda alguien a la, por momentos brava, conferencia de gobernadores? Yo, apenas.

Pero así como estas, se encuentran nuestras autoridades electorales. El INE no ha podido nombrar a su secretario general y tiene muchas vacantes en puestos clave. El Tribunal Electoral se sostiene aún incompleto, y acuerdos internos lo mantienen funcional frente a circunstancias hostiles.

Y qué les digo de la Corte. El ministro Zaldívar la quiere entregar en charola de plata. La dio de facto bajo su gestión como presidente, con la resistencia de rebeldes en el tribunal que no le permitieron la sumisión total. Su renuncia le permite al presidente un nuevo nombramiento que no tumba la independencia de la Corte, pero la compromete.

La arquitectura institucional está intacta, sí, pero la quieren dejar hueca. Como termitas que van comiendo de la periferia hacia al centro, así siento que transcurre el trato de nuestro presidente con estas instituciones de Estado. Carcomidas y capturadas. ¿Intactas? No, sobrevivientes.

Al presidente le quedan días contados al frente del país. Soy de las que piensa que una vez terminado el mandato, los presidentes mexicanos se convierten en exmandatarios sin demasiada capacidad de influir en las decisiones de su sucesor(a). De alguna manera, el sistema político de la posrevolución se construyó para producir vacunas contra intenciones de maximato. Tiene sus propios mecanismos para darle las gracias a los expresidentes y mandarlos al juicio de la historia.

No creo que sea diferente en la sucesión que se aproxima. No obstante, la nueva presidenta no entrará en funciones de manera simultánea a la toma de protesta del nuevo Congreso. Existe un periodo de presidente saliente con legislatura renovada que puede darnos sorpresas. El presidente Andrés Manuel López Obrador estará en el cargo con la tentación de dar su último resto. Si la elección otorga a su partido una nueva supermayoría, ¿qué hará? ¿Lo que pregona? Es muy posible.

Tendrá la posibilidad de deshacer los contrapesos que le estorbaron durante su administración, lo que le daría un enorme margen para hacer y deshacer.

No tengo manera de predecir cómo concluirá este gobierno.

Solo decir que estamos intactos, en apariencia, porque algunos resortes institucionales funcionaron para detener los excesos del poder. Detrás de las apariencias están instituciones amenazadas en lo más fundamental de su funcionamiento. Con ellas en riesgo de que nuestros derechos también lo estén.

Las apariencias engañan, dice el dicho.

Nos vemos intactos.

¿Será que lo estamos? La realidad lo dirá.

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