Edna Jaime

Nuestro propio ‘apartheid’ de salud

López Obrador está segregando a millones de mexicanos del acceso a un derecho fundamental como lo es la salud. Es un puro y duro ‘apartheid’.

Apartheid, dice el diccionario, fue un sistema político y social que se desarrolló en la República de Sudáfrica, basado en la segregación o separación de la población por motivos raciales o étnicos y en el trato discriminatorio hacia la población negra. La definición complementaria dice: segregación de un grupo humano por razones étnicas, culturales o sociales.

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador practica el apartheid en nuestro territorio. La idea no es mía, la leí en un texto de Julio Frenk y Octavio Gómez Dantés publicado en Reforma hace unos días. Yo le pongo un matiz de intensidad, pues creo que lo que sucede con los sistemas de salud pública en el país bajo este gobierno es inaudito. Está segregando a millones de mexicanos del acceso a un derecho fundamental. Es un puro y duro apartheid.

Lo escribía hace unas semanas en este espacio: la pandemia ha reivindicado el papel de los Estados y gobiernos en nuestras vidas. El ámbito de la salud es lo más importante. Los buenos gobiernos la han sabido proteger; los malos hicieron demagogia. El gobierno de AMLO ha descobijado a los que más necesitan de un sistema público de protección social. Las y los mexicanos que no están adscritos a sistemas de protección social formal hoy están solos. Muy solos. El presidente produce demagogia. No política pública efectiva.

Hace unos días, en una mañanera el presidente anunció sin aspavientos la muerte del Insabi, su criatura. Lo anunció como quien anuncia los pronósticos del clima. Pero permítanme hablar de las implicaciones de esta muerte prematura.

En México Evalúa hacemos seguimiento mensual de indicadores selectos de finanzas públicas. A partir de la pandemia lo hacemos también del gasto en salud. Un seguimiento fino y sistemático que nos permite ver muchas cosas. Como quien tiene el megatelescopio abierto a los movimientos del universo, nosotros tenemos el microobservatorio del movimiento de nuestro dinero. Y tenemos elementos para estar preocupadas.

En materia de salud, el presupuesto ejercido por el Insabi respecto a lo que estaba programado en enero de 2022 deletrea su muerte prematura. Apenas ejerció 34 millones de pesos, 94 por ciento menos en relación con enero de 2021, casi 100 por ciento menos respecto a 2019, cuando el Seguro Popular estaba vigente. Hay que aclarar que para este primer mes del año tenía más dinero asignado, que debió reasignarse a otros rubros. Quizá al IMSS, no lo sabemos con certeza, que casi por decreto tendrá que brindar servicios de salud a una población de usuarios enorme, los que quedaron en el limbo por la desaparición del Seguro Popular y del Insabi después.

El dato del presupuesto ejercido es relevante por sí mismo, pero cuando lo aterrizamos en el número de consultas ofrecidas, adquiere una dimensión más concreta y humana. Y ni hablar: estamos perpetrando un apartheid, aunque no les guste el término a los partidarios del gobierno, a los que invito a ofrecer evidencia que refute lo que sostengo.

En enero 2022 se dejaron de brindar más de 41 por ciento de consultas en enfermedades crónicodegenerativas, con respecto a enero de 2021. Si comparamos con el mismo mes de 2019, cuando el Seguro Popular estaba vigente, la caída es de 78 por ciento. Una barbaridad. Enfermos de cáncer, de VIH/sida o diabetes, sin seguridad social, están casi excluidos del servicio de salud.

Los adultos mayores también sufrieron a causa de este deterioro, las mujeres principalmente. El gobierno de AMLO con una mano les da y con la otra les quita. Pero a la vista de las cifras de pobreza, la mano que les quita es más rápida que la que les da. Lo sabemos porque una de las razones principales detrás de la caída de las familias por debajo de la línea de pobreza es el gasto de bolsillo en servicios de salud.

Por eso la pobreza de los hogares se ha incrementado en este gobierno. Porque tienen que pagar por servicios de salud que resultan desproporcionados ante sus niveles de ingreso. De nuevo, viven en un régimen de apartheid.

Hay asuntos que toman tiempo en mostrar sus efectos. En el tema de la salud es casi inmediato, aunque no solamente en él. Veremos en un futuro cercano las consecuencias de no atender preventivamente. Junto con la seguridad, no hay nada más sensible. Cuando alguien de nuestra familia enferma no hay nada que merezca mayor atención.

Por eso, los buenos gobiernos son aquellos que atienden estas aflicciones, las que nos ponen frente a la vida o la muerte. Y los muy buenos gobiernos nos proveen un piso de certeza de que no perderemos la vida por falta de recursos o por un suceso violento en las calles.

Yo puedo dejarle pasar muchas cosas a esta administración. Que insulte en las mañaneras o que se muestre intolerante a la crítica... pero no que falle frente a lo esencial y que excluya de entre sus prioridades a los más necesitados. Lo que hace en materia de salud es apartheid, tal cual. Así está en el diccionario. Quien lo dispute que se manifieste con evidencia en la mano.

La autora es directora de México Evalúa.

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