Dolores Padierna

El saqueo impagable

El Fobaproa se convirtió en deuda pública que se refinancia permanentemente. Se pagan intereses y vencimientos, pero a fin de cubrir buena parte del principal se colocan títulos.

En 1998, en el marco del debate sobre el rescate bancario, el entonces secretario de Hacienda, José Ángel Gurría, hizo una confesión: “No revelaré al Congreso información restringida del Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa), porque ésta sería utilizada políticamente contra el gobierno y sus instituciones” (Reforma, 1 de agosto de 1998).

Gurría, a la postre conocido con el mote de El Ángel de la Dependencia y en 2024 coordinador de la campaña de Xóchitl Gálvez, exponía así la opacidad con la que Ernesto Zedillo y los suyos consumaron un atraco a la Nación y a miles de pequeños ahorradores para beneficiar a una élite.

Recientemente, la presidenta Claudia Sheinbaum evocó lo ocurrido a fines de 1994 cuando estalló la crisis conocida como “el error de diciembre”, y resumió: se “endeudó a la gente. Se elevaron las tasas de interés, se devaluó el peso, y entonces el gobierno de (Ernesto) Zedillo decide rescatar a los bancos y a las empresas, a las grandes empresas, con mucha corrupción. ¿Con qué las rescataron? Con el recurso público, con el dinero de la gente. Es el llamado Fobaproa, hoy IPAB, que seguimos pagando desde entonces, una deuda impagable”.

La aseveración de la presidenta es cierta y tiene una explicación concreta: el Fobaproa se convirtió en deuda pública que se refinancia permanentemente. Se pagan intereses y vencimientos, pero a fin de cubrir buena parte del principal se colocan títulos. Por ello, a casi tres décadas, el saldo a pagar sigue siendo superior a un billón de pesos, a pesar de que se ha pagado ininterrumpidamente durante todos estos años.

No es la primera vez que la presidenta Sheinbaum recuerda al país uno de los episodios más vergonzosos del saqueo neoliberal.

En mayo del año pasado, en la Mañanera del Pueblo fueron expuestos pormenores del caso que vale la pena retomar.

Se recordó, por ejemplo, que el Fondo de Protección al Ahorro Bancario (Fobaproa) fue creado como fideicomiso privado bajo la administración del Banco de México, con la finalidad de dar liquidez a los recién privatizados bancos. Su antecedente directo fue el Fideicomiso de Cobertura de Riesgos Cambiarios, Ficorca, creado para beneficiar a empresas con deudas en dólares y cuyo primer director fue Ernesto Zedillo (a quien, por ello, se conoció como el doctor Ficorca).

En el marco del “error de diciembre” y con el argumento de que debía evitarse una crisis mayor, Zedillo ordenó la compra de la deuda privada de bancos y empresas en forma de pagarés que fueron a dar al Fobaproa. El monto fue equivalente al 11 por ciento del PIB.

El resumen presentado por la presidenta el año pasado es inmejorable:

“En el verano de 1998, con el apoyo de los votos del PAN y del PRI en el Congreso, la administración zedillista convirtió esa deuda privada en deuda pública…

“La deuda original de 552 mil millones de pesos se convirtió en deuda pública. Al cierre del 2000, el último año del sexenio de Zedillo, esa deuda había crecido a 705 mil millones de pesos; y en 2023, ascendía a un billón 96 mil 877.7 millones de pesos. En cuarto de siglo creció más de 100 por ciento, aunque ya se habían pagado más de un billón 376 mil millones de pesos solo en bonos del IPAB.”

El atraco, que se consumó en el Congreso con los votos de los legisladores del PRI y el PAN, fue empleado como modelo para los sucesivos “rescates” destinados sólo a beneficiar a unos cuantos. Así ocurrió, por ejemplo, con el llamado “rescate carretero” de 1997, por la friolera de 165 mil millones de pesos.

Los legisladores no sólo beneficiaron a empresarios que luego les hicieron favores, sino a sus amigos políticos, cuyas empresas fueron “rescatadas”.

En la lista presentada en la conferencia presidencial figuran los nombres de Vicente Fox, Fernando Senderes Mestre, Fernando Canales Clariond, José Eduardo Robinson Bours. Y también personajes como Carlos Hank Rhon o grupos empresariales vinculados a Pablo Escandón Cusi, Manuel Gómez-Daza Rangel, Claudio X. González Laporte, Agustín F. Legorreta Chauvet y Ricardo Salinas Pliego.

La televisora propiedad de un evasor de impuestos dice que el tema del Fobaproa es “un distractor”. Nada extraño en los personajes acostumbrados a la mentira. Como tampoco es extraño que el nuevo héroe del PRI, Vicente Fox, aparezca en la lista cuando, siendo gobernador de Guanajuato, respondía así sobre la salud de sus empresas: “Por supuesto que no están solventes, pero eso es diferente a estar metido en el Fobaproa, estar de rata como están otros metidos ahí” (La Crónica, 29 de julio de 1998).

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