Dolores Padierna

El peso de una fotografía

El encuentro progresista refuerza los lazos de México con el mundo y particularmente con España y nuestros hermanos de América Latina.

En la imagen que dio la vuelta al mundo aparecen tres presidentes y una presidenta: el uruguayo Yamandú Orsi, el colombiano Gustavo Petro, el brasileño Lula y la mexicana Claudia Sheinbaum, quien acompañó la publicación de esa fotografía con un “¡Viva América Latina!”.

La estampa, tomada tras el cuarto Encuentro en Defensa de la Democracia, celebrado en Barcelona, es un poderoso mensaje que va más allá del instante protocolario con el que suelen terminar ese tipo de eventos.

Con distintos abordajes, en la cumbre de Barcelona, a la que asistieron líderes progresistas de Europa y otras partes del mundo, hubo consenso en la necesidad de enfrentar las amenazas contra la democracia y los avances de la ultraderecha.

Orsi, Petro, Lula y nuestra presidenta, cada uno según las condiciones propias de cada país, llevan a la práctica políticas que han reducido efectivamente la pobreza y la desigualdad, y sostienen en alto las banderas de las libertades, la soberanía y la paz.

Al hablar del significado de su presencia en el encuentro, la presidenta de México dijo: “Vengo a nombre de un pueblo solidario hasta en la adversidad, profundamente humano, que se resiste al individualismo, que rechaza la discriminación y se niega con dignidad a mirar al otro o a la otra desde el desprecio.”

En sintonía con esa declaración, la presidenta Sheinbaum propuso que 10% del dinero que el mundo gasta en armas se dirija a políticas de reforestación y rechazó —un punto en el que fue respaldada por sus pares— una intervención militar en Cuba, la isla que hoy padece el reforzamiento de un asedio que rebasa ya seis décadas.

El encuentro en Barcelona ocurre en un momento oscuro y peligroso para el mundo. Los enanos políticos que acompañan al belicista Donald Trump obtienen cada vez más victorias armados de agendas de odio, de políticas entreguistas que ofrecen los recursos naturales de sus naciones para agradar al imperio, de maquinarias de control y represión.

Al igual que Trump, sus seguidores en el mundo se quitan las máscaras y lanzan proclamas y acciones abiertamente neofascistas.

Mientras el complejo financiero-militar que manda en el imperio busca cómo salir de la guerra que comenzó con su aliado genocida, el mundo que cree en las reglas de convivencia, en la soberanía de las naciones y la cooperación internacional, se reunió en Barcelona —como lo hará en México el año venidero— para dar fortaleza a las soluciones progresistas, a propuestas verdaderamente comprometidas con la democracia y la justicia social.

En un mundo en situación crítica, cuando el monstruo de la guerra muestra los dientes día a día, el encuentro progresista refuerza los lazos de México con el mundo y particularmente con España y nuestros hermanos de América Latina.

No se trata de una relación nueva, pues nuestra presidenta ha sostenido ya tratos, por ejemplo, con el presidente Lula da Silva, con quien ha hablado de colaboración energética.

Igualmente, con Gustavo Petro —que enfrenta, en la recta final de su mandato, una renovada guerra sucia por parte de la derecha paramilitar y entreguista de su país—, con quien ha sostenido conversaciones para promover una iniciativa de paz mundial.

La visita de la presidenta selló la normalización de las relaciones entre México y España, puestas “en pausa” en el sexenio anterior por la negativa de la corona española a ofrecer disculpas por los agravios de la Conquista.

La foto de Barcelona nos recuerda también que Brasil y México respaldan la postulación de la expresidenta Michelle Bachelet a la secretaría general de la Organización de Naciones Unidas, candidatura respaldada inicialmente por Chile y retirada, por un cálculo mezquino, por el ultraderechista José Antonio Kast.

En sentido opuesto, el presidente de España, Pedro Sánchez, aprovechó el encuentro de Barcelona para sumarse a la candidatura de Bachelet: “Es el momento”, dijo, “de que Naciones Unidas sea renovada, reformada y dirigida por una mujer. No solo es una cuestión de justicia, es una cuestión de credibilidad”.

El martes 21, Bachelet defendió su postulación evocando a Nelson Mandela y citando a la gran Violeta Parra. En su alocución, llamó a “tener el valor de cooperar para que el mundo vuelva a prosperar, vivir en paz y garantizar la dignidad humana de todos”.

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