Un tema relevante que debemos destacar es el papel que juega la política tributaria en los países de América Latina y el Caribe. Desde hace algunos años, la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el Centro Interamericano de Administraciones Tributarias (CIAT) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) publican las estadísticas tributarias de la región.
Algunos de los temas que se presentan y que deben superarse son el significativo peso de la recaudación de los impuestos indirectos. Esto incluye el Impuesto al Valor Agregado (IVA), que se creó en México durante la presidencia de José López Portillo, cuando David Ibarra era su secretario de Hacienda.
Recuerdo que, ya estando aprobado el proyecto, se retrasó dos años, pues según el maestro Ibarra, el presidente estaba pensando “rajarse” para imponer el IVA, debido a que su asesor económico, Rafael Izquierdo, le señaló que se trataba de un impuesto inflacionario.
Sin embargo, López Portillo afirmó que no se trataba de un impuesto propuesto por él, sino de una iniciativa del propio secretario de Hacienda, David Ibarra; este último le respondió que el Decreto de la Expropiación Petrolera había sido diseñado por Jesús Silva Herzog, y ese argumento fue el que convenció al presidente de publicar el decreto para la creación del IVA.
En el año 2024, los impuestos sobre bienes y servicios representaron un 49.2 por ciento de los ingresos tributarios totales de América Latina. El IVA significó la tercera parte, de acuerdo con un informe de la OCDE, siendo este el más relevante en la región, al significar casi el 30 por ciento de la recaudación tributaria total y el 6.2 por ciento del PIB en la región.
Hasta ese año, los ingresos tributarios armonizados de 29 países de América Latina y el Caribe resultaron los más relevantes. Sin embargo, la pobreza de la región se mantuvo más allá de sus niveles previos a la pandemia, agregándoles el impacto de la inflación que reduce el poder adquisitivo de la población de menores ingresos.
No olvidemos que la cuarta parte de la población regional de nuestro continente, por lo menos, en promedio, vive en condiciones de pobreza y cerca de un 10 por ciento en pobreza extrema.
Un tema que hay que tener presente es que, en 2024, como señala el informe en relación con el PIB, los porcentajes más elevados de la región fueron los de Brasil con 33.7%, Barbados y Jamaica, mientras que el resto de los países de la región presentaron indicadores menores al promedio de la OCDE, que fueron del 34% en 2024.
Hay que destacar a países como Argentina con el 27.6%, Uruguay con el 27.3%, Chile con el 20.5%, México con el 18.3%, Paraguay —un país pequeño pero armónico— con el 15.8%, etcétera.
En 15 países se presentó un incremento en la recaudación tributaria en relación con el PIB hasta 2024. Viendo la serie de los ingresos tributarios, desde 1990 a 2024 destacaron Argentina con el 27.6%, Brasil con el 33.7%, Chile con el 20.5%, Colombia con el 19.9% y México con el 27.6% del PIB.
Al respecto, considero que el peso recaudatorio del IVA es un impuesto indirecto beneficioso; solo tiene el defecto de su regresividad, ya que grava igual a las personas con menores recursos que a las que ganan más, lo cual significa que pesa más sobre la población más necesitada.
Recuerdo dos textos que publicamos en El Economista la maestra Ifigenia Martínez y yo, donde destacamos el efecto regresivo del IVA y sus consecuencias.
Por lo tanto, es crucial no debilitar la inversión productiva con impuestos directos y eliminar algunos elementos regresivos en favor de la población de menores ingresos.