De regreso en México encontramos una buena noticia: la CFE concluyó su primera convocatoria bajo los nuevos esquemas de desarrollo mixto con inversión privada.
El resultado fue relevante: 37 proyectos adjudicados a 31 desarrolladores, con una capacidad conjunta de 7,411 MW. Incluso se superó la meta originalmente planteada de 6,500 MW.
Después de años en los que la inversión eléctrica avanzó mucho más lentamente que las necesidades del país, hay que reconocerlo: es una buena noticia.
El nuevo modelo busca combinar la participación de CFE con capital privado y, sobre todo, reducir los larguísimos ciclos que tradicionalmente acompañan el desarrollo de infraestructura eléctrica.
Pero la velocidad de este primer paquete debe analizarse con cuidado.
Una parte importante de los proyectos participantes no nació con la convocatoria. Eran proyectos que ya tenían años de desarrollo, estudios y evaluaciones previas. En otras palabras, había mucho trabajo avanzado antes de que arrancara el nuevo mecanismo.
Eso permitió acelerar el primer resultado.
México necesita incrementar generación, pero también transmisión, transformación, compensación reactiva y almacenamiento. Los centros de datos, el nearshoring, la electrificación de procesos industriales y el crecimiento natural de la demanda no van a esperar.
La pregunta importante es si podremos mantener ese ritmo cuando lleguen proyectos que todavía necesitan estudios, permisos, derechos de vía, interconexiones, ingeniería y financiamiento.
El primer paso fue positivo. Ahora hay que demostrar que no fue excepcional, sino el principio de una nueva velocidad de ejecución.
