Es común que, con el paso del tiempo, la casa de un matrimonio, que alguna vez y por muchos años fue habitada junto con los hijos, poco a poco se va vaciando. Ley de vida, los hijos se van, ya sea para independizarse o formar una nueva familia, o porque alguno de los cónyuges fallece.
Transcurridos los años, el matrimonio vuelve a vivir solo o únicamente uno de los dos, en caso de viudez. De ese universo de adultos mayores, aún no son muchos los que reciben una pensión por jubilación que les permita vivir con toda tranquilidad; otros más pagan sus gastos con el dinero que les proporcionan sus hijos; y muchos otros tienen que seguir trabajando hasta una edad muy avanzada.
También está la pensión bimestral que otorga el gobierno federal a los mayores de 65 años: seis mil cuatrocientos pesos, que en algo ayudan, pero tampoco son suficientes para todo lo que se necesita.
Cuando el hogar se va deshabitando, los cuartos que alguna vez fueron de los hijos se convierten en “cuarto de visitas” o en bodegas que un día se llenan de cajas, muebles viejos y polvo, sin darse cuenta que esas habitaciones son activos que pueden ser aprovechados de mejor manera, por ejemplo: para ganar dinero.
Una alternativa para esta opción es modernizarse y perderle el miedo a la tecnología actual que tanto asusta a los adultos mayores, para inscribirse en plataformas de hospedaje como Airbnb, empresa que, de acuerdo con sus estadísticas, en México los mayores de sesenta años se han posicionado como los mejores anfitriones que tienen.
Ya son más de 25 mil las personas mayores que ofrecen estancias en esta plataforma en todo el país, las cuales en promedio obtienen de sus huéspedes una calificación de 4.86 donde la máxima es 5 puntos, cifra superior a la media nacional que es de 4.80 puntos.
Aún más, el 25 por ciento de ellos alcanzan la categoría de “Súper anfitriones”, de acuerdo a los diferentes niveles que tiene la empresa para calificar la calidad de servicio que prestan sus afiliados.
Este no es un dato menor, ya que, tal vez sea por los años, la experiencia o la necesidad, estos adultos mayores demuestran en su hospitalidad un claro compromiso y niveles de excelencia. Pero no sólo eso, también se distinguen por su profesionalismo y calidez. Esto ha llevado a que el quince por ciento de los espacios favoritos entre los huéspedes son manejados por este grupo, lo que resalta el valor y la confianza que generan.
Otro dato a destacar es que de este segmento de adultos mayores que ofrecen hospedaje en la plataforma, el 56 por ciento son mujeres, quienes se animan a vencer el miedo de recibir a extraños en su casa y así logran elevar sus ingresos.
Y todo esto sucede a pesar de que únicamente cuatro de cada diez personas de 65 años o más utilizan Internet, de acuerdo con el estudio de Airbnb, lo cual no impide que los adultos mayores continúen desempeñando un rol fundamental en la vida laboral y comunitaria.
“Actualmente, el catorce por ciento de la población mexicana tiene sesenta años o más, y la Ciudad de México concentra el mayor porcentaje con 16.2 por ciento de sus habitantes en este grupo etario. Sin embargo, sólo el 42 por ciento de los mayores de 65 años utiliza Internet, y el 31 por ciento enfrenta condiciones de pobreza. En este contexto, la participación activa de los adultos mayores en la economía digital del turismo resulta fundamental, no sólo para su bienestar, sino para la construcción de comunidades más inclusivas y resilientes”, afirma el documento citando datos del Inegi, Coneval y el Censo de 2020.
Así, la posibilidad de mantenerse activos y, sobre todo, de continuar generando ingresos sin salir de casa, es un ejemplo de cómo la tecnología aplicada en el turismo puede dar la oportunidad de aprovechar espacios que parecían estar condenados a servir de bodega o permanecer inútilmente vacíos.