Un gran amigo que, entre muchas cosas es un gran jugador de póker, me enseñó hace algunos años que en dicho juego coexiste simultáneamente dos estrategias: la mano que se enseña sobre la mesa y otra que se mantiene en secreto. La anécdota viene a colación porque la Secretaría de Hacienda presentó ayer el Paquete Económico 2027 y comenzó por colocar su mano a la vista con orgullo: por primera vez en esta administración, el esfuerzo de la consolidación fiscal descansa en ingresos y no en el gasto. Los números proyectan que la recaudación tributaria subiría 0.2 puntos porcentuales (pp) del PIB en 2027, mientras que el gasto apenas 0.1 pp. Se trate de una jugada prudente, pero ninguna mesa se lee completa mirando solo las cartas que el jugador decide mostrar.
No obstante, el cuadro de estimaciones de mediano plazo revela la mano que se juega por debajo. Los ingresos caerán de 23.2% a 22.8% del PIB entre 2027 y 2032; mientras el gasto bajará de 26.7% a 25.4% del PIB. La mejora de casi un punto porcentual en el déficit amplio en los próximos cinco años vendría enteramente del gasto. Los ingresos no petroleros suben una sola vez (118 mil millones de pesos de un ingreso de integración única en 2027) y después descienden. El texto oficial califica esto como un fortalecimiento estructural, pero sus proyecciones lo contrario. Mientras la mano que se enseña parece un giro en la estrategia, en realidad se juega el mismo patrón.
Otro punto para evaluar es que la recaudación tributaria se proyecta en 15.9% del PIB —máximo histórico— con un sistema de renta que crece 7.2% real anual mientras el PIB crece a 2.0%. Eso implica una elasticidad de 3.6: cada punto de crecimiento económico generaría 3.6 puntos de ingresos tributarios. Es el triple de lo que la historia reciente muestra, como la dinámica de este año en el que Hacienda espera que la recaudación cierre 107.7 mil millones de pesos por debajo de lo programado y el ISR acumulado a julio ha caído 6% real con respecto al año anterior. Parece difícil sostener que 2027 será el año en que esa carta por fin aparezca.
La carta que Hacienda decidió jugar, además, solo apunta al contribuyente vigente. Limita deducciones al 96.67% de ingresos por arriba de MXN 50 millones (equivalente a un impuesto mínimo de 1%), pero solo alcanza a quienes ya pagan ISR. El diagnóstico del Paquete identifica 223 mil empresas que no pagaron impuestos porque sus deducciones superaron a sus ingresos,: pero esos jugadores ni siquiera están sentados en esta mano, la ley los excluye. Quien sí pagará el nuevo costo son los negocios de margen estrecho que ya tributan, donde la medida genera aumentos de 233% para márgenes de 1% de utilidad. En términos de póker, la apuesta se cobra a quien ya puso fichas sobre la mesa.
Tampoco hay fichas de reserva si la apuesta no paga. El gasto programable baja 0.4 pp del PIB, pero el no programable sube 0.4 pp por completo, donde 0.3 pp corresponden al costo financiero. El recorte se concentra en inversión financiera, que cae 67.7%. De este modo, si la elasticidad de 3.6 no aparece, como sugiere el historial, no queda con qué cubrir la apuesta: el ajuste tendría que salir del servicio de la deuda, de la inversión pública, o de ambos, pero solo uno es de naturaleza programable.
Pero la partida tiene una segunda mano. El apoyo a Pemex que parecía haber desaparecido solo cambió de lugar en la mesa. Las transferencias se recortaron de 263.5 mil millones de pesos a 81.1 mil millones de pesos, una reducción de dos terceras partes. Simultáneamente, Pemex amortiza en 2027 aproximadamente 4.7 mil millones de dólares por las notas pre-capitalizadas emitidas hace dieciséis meses. La exposición se desplazó de una línea presupuestaria visible hacia una estructura de riesgo soberano que no se menciona en los Criterios. Si Pemex no devuelve los activos, el gobierno tendrá que emitir automáticamente bonos en dólares.
Hay que destacar que este es el primer paquete que intenta consolidar por la vía de los ingresos en lugar de gasto. En teoría se trata de la jugada correcta, pero un giro de un año no refleja un cambio de estrategia, y las calificadoras (que llevan años sentadas en esta mesa) lo saben. Los mercados verán la mano que Hacienda decidió enseñar: consolidación por ingresos, pero lo que se juega por debajo (trasladar riesgos de Pemex a vehículos más complejos, recortar el colchón de gasto notablemente y apostarle todo a una elasticidad que no ha aparecido en algún ciclo anterior) solo se descubre cuando alguien pide ver las cartas.
