Colaborador Invitado

La negociación avanza. La productividad no puede pausarse

Mientras no resolvamos la posición frente a la presencia de empresas de economías no de mercado operando desde el territorio y mientras PEMEX siga siendo una carga fiscal estructural, las negociaciones del T-MEC avanzarán despacio.

Concluyó la tercera ronda de negociaciones entre México y Estados Unidos sobre la revisión del T-MEC: tres mesas de trabajo, tres días de negociación, dos funcionarios principales y el resultado fueron algunos avances constructivos, pero sin acuerdos definitivos y una cuarta ronda programada para septiembre en Washington.

Hay alrededor de 15 temas que México debe atender para destrabar la situación del tratado, pero los temas centrales siguen siendo los mismos que en la primera ronda: reglas de origen, seguridad económica, acero y aluminio, así como el elefante blanco de la mesa: China y PEMEX.

Ni los mercados ni el tipo de cambio se inmutaron la semana pasada. Sin embargo, el entorno comercial cambió mientras los equipos técnicos negociaron; el mismo día que concluyó la tercera ronda, Estados Unidos formalizó un arancel del 10% sobre importaciones mexicanas bajo la Sección 301 de su Ley de Comercio, por presuntas deficiencias en el combate al trabajo forzado en cadenas de suministro. La Secretaría de Economía aclaró rápidamente que el 85% de las exportaciones mexicanas quedan exentas por cumplir el T-MEC; lo que no aclaró es qué pasa con el 15% restante.

El mensaje implícito es claro: mientras no resolvamos la posición frente a la presencia de empresas de economías no de mercado operando desde el territorio y mientras PEMEX siga siendo una carga fiscal estructural, las negociaciones avanzarán despacio.

Tal parece que la cuarta ronda en septiembre no será la última. El proceso está diseñado para durar.

Diría que existen razones para celebrar ese 85% de exportación protegida, puesto que es una fortaleza real del T-MEC. Pero el nuevo arancel del 10% bajo la Sección 301 tiene una lógica que conviene entender bien antes de asumir que no aplica.

El exportador es quien debe demostrar ahora que su producto está exento, no al revés. Al catalogar a México dentro de esta lista bajo la Sección 301, Estados Unidos presume la existencia de riesgos laborales sistémicos en las mercancías que no utilizan el filtro de origen del propio T-MEC.

Si un producto no acredita su exención o su origen protegido, el arancel del 10% se cobra automáticamente al cruzar la frontera. Eso significa que la carga de la prueba recae sobre la empresa exportadora, no sobre la aduana. Ese 10% no es una amenaza abstracta para muchas PyMEs que exportan productos agrícolas, alimentos procesados o manufactura no certificada; es un costo real quedeben contemplar a partir de la semana pasada.

Es posible que la negociación del T-MEC vaya a durar meses, haciendo que el entorno arancelario sea diferente conforme se avanza: los aranceles sectoriales de 25% en automotriz y 50% en acero y aluminio siguen vigentes, el nuevo 10% bajo la Sección 301 ya está activo y las reglas de origen que se están negociando en cada ronda están hoy afectando las decisiones de compra de los grandes compradores estadounidenses.

Muchas empresas en México continúan esperando los resultados de estas rondas para decidir si certifican su cadena de suministro, si invierten en cumplimiento de reglas de origen, o si diversifican proveedores. Me parece que eso es un error; esa espera tiene un costo para su competitividad que se acumula silenciosamente.

Considero que las y los empresarios en México debieran ya estar auditando su posición de cumplimiento con las reglas de origen del T-MEC y si hay brechas, corregirlas antes de que la cuarta ronda los convierta en condición obligatoria. Además, las empresas tienen que revisar qué porcentaje de sus insumos proviene de países sin tratados de libre comercio con México, porque ese es exactamente el frente donde Washington va a endurecer sus exigencias en septiembre.

Sumado a eso, deben asegurar que su cadena de proveedores tiene la liquidez suficiente para absorber el ajuste, porque los primeros en resentir son los eslabones más débiles cuando las reglas cambian.

Con estas tres acciones, creo estarán mejor preparados para lo que viene.

La tercera ronda terminó como se esperaba: sin sorpresas y sin acuerdos, pero con diálogo. Eso es una buena señal para la permanencia del T-MEC; pero la estabilidad diplomática es distinta que la certidumbre operativa para las empresas.

Todo indica que se va a continuar renegociando ronda por ronda, tema por tema, hasta que ambas partes encuentren un equilibrio que hoy todavía no existe y eso puede tomar meses.

Lo que no puede tomar meses es la decisión de cada empresa exportadora sobre construir las capacidades que cualquier versión del acuerdo va a requerir conforme las negociaciones avancen en Washington y en la Ciudad de México.

La competitividad mexicana se construye en las plantas, en las cadenas de proveedores y en las decisiones de inversión que se toman hoy, no cuando termine la siguiente ronda.

Paulina  Aguilar Vela

Paulina Aguilar Vela

Co-Founder y Chief Revenue Officer (CRO) MUNDI

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