Colaborador Invitado

La paradoja de la IA en salud: desarrollamos mejores fármacos, pero no mejores resultados

Investigaciones publicadas por la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos y análisis recientes de ScienceDirect muestran que los modelos de IA están reduciendo significativamente los tiempos de descubrimiento de medicamentos frente a los métodos tradicionales.

La inteligencia artificial está transformando una de las industrias más complejas y costosas del mundo.

Hoy puede analizar millones de compuestos químicos, identificar moléculas con potencial terapéutico, predecir toxicidad y acelerar procesos de investigación que históricamente requerían años de trabajo y miles de millones de dólares en inversión.

Los avances ya son visibles. Investigaciones publicadas por la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos y análisis recientes de ScienceDirect muestran que los modelos de IA están reduciendo significativamente los tiempos de descubrimiento de medicamentos frente a los métodos tradicionales.

Incluso, los sistemas generativos ya son capaces de diseñar nuevas moléculas desde cero, algo que hasta hace pocos años parecía exclusivo de la ciencia ficción.

Desde una perspectiva tecnológica, las señales son contundentes.

Nunca habíamos contado con herramientas tan sofisticadas para entender enfermedades y desarrollar tratamientos.

Sin embargo, existe una contradicción difícil de ignorar.

Mientras la innovación farmacéutica avanza a velocidades sin precedentes, los principales problemas de salud pública continúan creciendo.

Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte en el mundo, con más de 20.5 millones de fallecimientos al año, de acuerdo con la Federación Mundial del Corazón.

La diabetes continúa expandiéndose y la obesidad se mantiene como uno de los principales factores de riesgo para múltiples enfermedades crónicas.

Si estamos desarrollando mejores medicamentos, ¿por qué seguimos obteniendo resultados tan limitados? La respuesta podría ser incómoda para la industria: quizá estamos resolviendo el problema equivocado.

Durante décadas, la industria ha concentrado sus esfuerzos en mejorar el diagnóstico y el tratamiento. La inteligencia artificial está acelerando ambos procesos.

Hoy puede identificar candidatos terapéuticos más rápido, optimizar ensayos clínicos y aumentar las probabilidades de éxito en el desarrollo de nuevos medicamentos.

Pero las enfermedades que representan la mayor carga para los sistemas de salud tienen algo en común: no aparecen de un día para otro.

La diabetes, las enfermedades cardiovasculares y muchos trastornos metabólicos son el resultado de años de hábitos, alimentación, sedentarismo, estrés y falta de seguimiento médico.

Son enfermedades que se construyen gradualmente y cuyos factores de riesgo suelen ser conocidos mucho antes de que aparezcan los síntomas.

Aquí aparece la paradoja de la IA en salud.

Estamos utilizando algunas de las tecnologías más avanzadas de la historia para desarrollar mejores tratamientos, cuando el mayor valor podría estar en evitar que las personas lleguen a necesitarlos.

De hecho, la propia inteligencia artificial ya ofrece señales de lo que podría ser ese cambio. Una revisión publicada en Cell Reports Medicine documenta cómo los sistemas de IA están mejorando la detección temprana de diabetes, la predicción de complicaciones y la personalización de tratamientos a partir de historiales clínicos, biomarcadores y datos de comportamiento.

Por su parte, The Lancet Diabetes & Endocrinology destaca que estas herramientas ya tienen el potencial de intervenir a lo largo de todo el proceso de atención, desde la detección hasta el seguimiento continuo del paciente.

La capacidad tecnológica existe. Lo que no existe todavía es un sistema diseñado para actuar sobre esa información.

Mientras la innovación farmacéutica avanza a gran velocidad, los sistemas de salud continúan operando bajo una lógica reactiva.

Esperan a que aparezca la enfermedad, a que el paciente busque atención médica y a que el problema se convierta en una condición clínica que requiera tratamiento.

En otras palabras, seguimos construyendo capacidades extraordinarias para intervenir tarde.

La verdadera oportunidad de la inteligencia artificial podría encontrarse fuera del hospital.

El siguiente paso es pensar en construir sistemas capaces de acompañar al paciente de forma continua.

Wearables, monitoreo remoto, aplicaciones de salud e inteligencia artificial tienen el potencial de intervenir en el momento en que se forman los hábitos que terminan definiendo gran parte de los resultados de salud.

Esto implica un cambio de paradigma. La innovación en salud dejará de medirse por nuestra capacidad de desarrollar mejores tratamientos y comenzará a evaluarse por nuestra capacidad de evitar que las personas los necesiten.

La inteligencia artificial ya está acelerando la ciencia.

El reto de la próxima década será utilizar esa misma inteligencia para reducir enfermedades, no solo para tratarlas.

Porque el éxito de la innovación en salud comenzará a medirse por nuestra capacidad de prevenirlas.

*Ejecutivo tecnológico egipcio-mexicano experto en inteligencia artificial, IoT y computación perimetral, con una trayectoria que combina innovación tecnológica, liderazgo empresarial y experiencia internacional. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Omar El Gohary

Omar El Gohary

Ejecutivo tecnológico egipcio-mexicano experto en inteligencia artificial, IoT y computación perimetral, con una trayectoria que combina innovación tecnológica, liderazgo empresarial y experiencia internacional. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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