Colaborador Invitado

La narcocultura también se combate en familia

El hogar debe ser el primer espacio donde un niño o un joven se sienta importante. Donde encuentre reconocimiento sin tener que imponerse, respeto sin intimidar y afecto sin tener que demostrar nada a cambio.

Especialista en gestión ambiental y sostenibilidad.

La narcocultura no seduce únicamente por el dinero, los autos o el poder que exhibe. También ofrece algo mucho más profundo: pertenencia. La sensación de formar parte de algo, de ser reconocido, respetado y admirado. Y para un adolescente que está construyendo su identidad, esa promesa puede ser poderosa.

Por eso, antes de preguntarnos cómo controlar lo que nuestros hijos ven o escuchan, deberíamos hacernos otra pregunta: ¿qué están encontrando en casa?

El hogar debe ser el primer espacio donde un niño o un joven se sienta importante. Donde encuentre reconocimiento sin tener que imponerse, respeto sin intimidar y afecto sin tener que demostrar nada a cambio.

No hablo de una casa perfecta. Hablo de una casa presente.

Una donde podamos sentarnos a escuchar qué les preocupa, conocer a sus amigos, interesarnos genuinamente por lo que ven, lo que escuchan y aquello que sueñan ser. Una casa donde equivocarse no signifique perder el cariño y donde exista la confianza suficiente para contar aquello que incomoda o asusta.

Esto importa porque nuestros hijos buscarán pertenecer. Todos lo hacemos. La diferencia está en dónde encuentran esa pertenencia y qué deben hacer para obtenerla.

Si afuera alguien les promete reconocimiento a cambio de violencia, dinero fácil o una determinada idea de poder, necesitan tener una referencia distinta con la cual comparar ese mensaje. Y esa referencia empieza mucho antes de cualquier conversación sobre narcocultura: se construye todos los días en casa.

Educar también significa hacer sentir a nuestros hijos que forman parte de algo. Que tienen un lugar, una voz y personas dispuestas a escucharlos.

No podremos impedir que el mundo les ofrezca modelos equivocados de éxito. Pero podemos procurar que, cuando los encuentren, no lleguen con las manos vacías.

Que lleven consigo afecto, valores, autoestima y sentido de pertenencia.

Porque antes que controlar todo lo que existe afuera, debemos fortalecer lo que tienen adentro.

Y esa construcción empieza en casa.

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