Si se acumulan, entre otros catalizadores, cansancio, hambre, sobreestimulación sensorial, el sistema nervioso de un infante no podrá procesarlos, realmente, ningún organismo los soporta bien. Cuando el niño cruza el punto crítico, puede hacer un gran berrinche. Sirva la analogía para el ámbito ambiental. En este, el fenómeno de El Niño, tiene como principal catalizador de la crisis al cambio climático y estamos entrando en una fase de sufrir un menudo berrinche.
El cambio climático es el estrés crónico que exacerba el fenómeno de El Niño. Aunque es ampliamente conocido, es mejor comentar brevemente al respecto. Coloquialmente conocido como El Niño, su nombre científico es ENOS (El Niño-Oscilación del Sur). Este es un fenómeno climático natural en el que el agua del océano Pacífico se calienta y el aire sufre cambios de presión, así, cambia el clima del planeta. Las temperaturas son inusualmente altas y se generan grandes contrastes entre lluvias y sequías. Suele durar hasta 18 meses.
La Niña es la fase opuesta del patrón climático del ENOS. Es la fase fría y dura hasta 3 años, es intermitente con El Niño y con épocas de neutralidad. El Súper Niño de 1982 – 1983 provocó daños económicos a nivel mundial para los que no estábamos preparados y con el tiempo, detonó líneas de trabajo que ahora nos permiten enfrentar mejor el desafío. El Súper Niño regresa, los modelos meteorológicos predicen que llegará a finales de 2026 y lo viviremos al principio de 2027. Se prevé una anomalía térmica por arriba de los 2.5 °C por encima del promedio y un nivel de calentamiento muy alto.
Viviremos unos meses complejos y de gran reto. Entender que esta complejidad nace de la suma de varios factores nos ayuda a afrontarla mejor. Retomemos el tema del cambio climático. Este es un efecto del calentamiento global; es continuo y de largo plazo. Mientras que se eleva la temperatura en el planeta, porque se acumula más energía, El Niño libera esa energía de golpe en la atmósfera. Esa descarga masiva de energía acumulada es precisamente el gran berrinche al que nos enfrentamos. ¿Sabemos cómo enfrentarnos a ello?
El pasado 18 de agosto, se realizó el seminario “El Niño 2026: la liga con la emergencia climática global, qué esperar y cómo prepararnos”, organizado por Iniciativa Climática de México (ICM) y la UNAM. Se concluyó que el fenómeno no impactará igual a todo el país y sus efectos dependerán de la región, la temporada y las vulnerabilidades existentes; no necesitamos esperar a que llegue la emergencia para reaccionar. Adrián Fernández, director del ICM, recomienda la coordinación entre gobiernos y sectores, alertas tempranas regionalizadas y gestión del riesgo.
Frente a El Niño de 2026 – 2027 más que anticipar un desastre, la apuesta es evitarlo. No podemos contener el berrinche, no podemos incidir en el fenómeno natural, pero sí podemos sufrirlo un poco menos si nos preparamos desde ahora y gestionamos mejor las vulnerabilidades en agua, alimentos, salud, ciudades y en general ecosistemas. De ahí la relevancia del acercamiento entre sectores y la llamada del ICM para convertir la conversación científica en una llamada urgente a la prevención institucional.
El Niño no llega a un país robusto, con resiliencia climática y con gran capacidad adaptativa. Llega a territorios que ya cargan con sequías, sobreexplotación de acuíferos, pérdida de ecosistemas, desigualdades en sus capacidades de respuesta, fondos limitados, rezago social e injusticia climática. Es por ello, que la prevención debe convertirse en una política permanente, capaz de conectar la ciencia con las decisiones de gobiernos, productores y comunidades.
Entre los impactos que se prevén que ocurran en México 2026 – 2027 están:
- Mayor frecuencia e intensidad de ciclones en el Pacífico
- Estrés hídrico y sequía en el Norte y el Centro de la República
- Invierno mucho más frío y húmedo
- Afectación en la productividad del campo
- Mayor demanda de energía
Nuestro verdadero desafío no será saber qué puede ocurrir, sino demostrar que nuestro país fue capaz de actuar para prevenir. El trabajo del ICM reúne a diferentes actores para visibilizar los riesgos que enfrenta el país y, sobre todo, a mantener abierto un llamado urgente a: anticiparse, coordinarse y actuar. Frente a un clima que cambia y amplifica las vulnerabilidades existentes, prevenir es una responsabilidad permanente.
Digamos solamente que prevenir frente al fenómeno de El Niño sería como lograr que el infante de nuestra analogía maneje mejor su frustración y mejore su resistencia frente a la contrariedad. Para concluir, me permito citar al Dr.Francisco Estrada Porrúa, coordinador del Programa de Investigación en Cambio Climático (PINCC) de la UNAM: “…frente a escenarios de incertidumbre, lo que no podemos dejar de hacer es prepararnos, […] pues los pronósticos son útiles si cumplen su propósito, que es ayudarnos a actuar con antelación.”