Colaborador Invitado

El peligroso punto ciego de la IA en México

En México, se han presentado más de 50 iniciativas relacionadas con la inteligencia artificial, en un espectro que va desde la protección de datos personales hasta la propiedad intelectual y la transparencia algorítmica en el ámbito laboral.

Ciberseguridad, soberanía de datos y pasivos invisibles, las verdaderas métricas de riesgo que el mercado financiero ya empezó a castigar.

Imaginemos a un director general que decide integrar un modelo de Inteligencia Artificial para acelerar la operación de su empresa.

La pregunta que pocas veces se hace el consejo de administración no es si la herramienta funciona, sino qué pasa con la información confidencial de clientes y finanzas que la alimenta.

Sin el blindaje adecuado, esa misma velocidad podría exponer a la compañía a una pérdida de valor difícil de contener.

En México, se han presentado más de 50 iniciativas relacionadas con la inteligencia artificial, en un espectro que va desde la protección de datos personales hasta la propiedad intelectual y la transparencia algorítmica en el ámbito laboral.

El riesgo no es la ausencia de una ley, sino que ésta llegue sin comprensión técnica de la materia, o que el deseo de proteger ciertas garantías derive en una sobrerregulación, tan costosa para las empresas como la desregulación que se busca evitar.

El verdadero peligro para las empresas mexicanas no es la ley que los legisladores no aprueban, sino el aislamiento financiero que sufren frente a mercados que ya avanzaron.

Mientras en México el debate legislativo avanza sin rumbo claro, América Latina ya empezó a moverse. Chile consolidó su Política Nacional de IA y cuenta con un consejo especialista para supervisar algoritmos en sectores sensibles; Brasil avanza con un marco regulatorio estricto que exige auditorías de riesgo a las empresas; y Colombia impulsa guías de ética digital en sus finanzas públicas.

Quedarse atrás en la región no frena el uso de la tecnología; solo expone al empresariado mexicano a perder terreno frente a competidores regionales más disciplinados.

INVERSIONISTAS Y COMITÉS, EL NUEVO TRIBUNAL CORPORATIVO

Para hacer negocios, la pauta ya no la marcan los tiempos políticos locales, sino la presión de los socios comerciales. Tras la entrada en vigor de la Ley de IA en la Unión Europea y el despliegue de los marcos de seguridad algorítmica, impulsados por Estados Unidos, los estándares globales operan como una barrera de entrada silenciosa.

Las compañías estadounidenses y europeas ya no pueden contratar ni integrar en su cadena de suministro en México a proveedores que no certifiquen la gobernanza y trazabilidad de sus datos.

El informe del Stanford AI Index 2025 es contundente al respecto: el 83% de los fondos de inversión y capital privado descartan financiar empresas con opacidad en sus algoritmos.

Lejos de ser un debate ético promovido por la OCDE o la UNESCO, la falta de control de datos se traduce en un castigo directo de hasta 20% en la valuación de las compañías, dejando fuera del juego del nearshoring a quienes no profesionalicen su arquitectura de información.

La anarquía operativa también pasa factura en la cuenta de resultados. La consultora Gartner proyecta hacia 2026 que el 40% de los proyectos corporativos de IA generativa se cancelarán antes de escalar debido a la mala calidad de los insumos.

A la par, IBM Security ubica en 4.88 millones de dólares el costo promedio de una fuga de información por herramientas no autorizadas. La gobernanza de datos ya no es un asunto del departamento de sistemas; es una bomba de tiempo en el balance de la compañía.

EL VERDADERO CONTROL CORPORATIVO ESTÁ EN LOS DATOS

Esperar a que el Poder Legislativo produzca un marco perfecto no exime a ningún consejo de administración de su responsabilidad. La certeza jurídica en la era digital no la regala el gobierno; la construye cada organización en la arquitectura de su información.

Los vacíos normativos locales no otorgan impunidad; únicamente exponen a la empresa a demandas internacionales y al rechazo de sus socios comerciales.

Estudios del Banco Interamericano de Desarrollo estiman que la IA podría sumar 5.4% al PIB de América Latina para 2030, pero advierten que la mayor parte de ese dinero dependerá del orden con el que el sector privado maneje su información.

La creación de comités de ética, la revisión de los modelos y la protección contra fugas no son adorno de responsabilidad social. Son la única vía para convertir la información de la empresa en un activo seguro, rentable y difícil de copiar por la competencia.

La fascinación inicial por la inteligencia artificial le cedió su lugar a la disciplina financiera. Los grandes inversionistas ya no pagan por entusiasmo tecnológico, sino por la capacidad demostrada de administrar los riesgos.

En este nuevo entorno, las directivas que insistan en avanzar a ciegas descubrirán, demasiado tarde, que el descuido de sus datos cuesta clientes, capital y permanencia en el mercado.

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