En México se habla de importantes oportunidades de inversión y seguir como una potencia manufacturera. Sin embargo, seguimos dejando fuera una pregunta fundamental: ¿de qué sirve producir más si no somos capaces de transportar mejor lo que producimos?
Durante años hemos tratado al transporte como un asunto exclusivo de quienes mueven mercancías. Creo que ese ha sido uno de los errores de nuestra conversación económica. La logística no es una consecuencia del crecimiento, sino una condición para que ocurra. Mientras sigamos considerando la renovación de flotas como un tema sectorial, estaremos limitando el potencial productivo del país.
La competitividad no termina en una planta industrial. Empieza cuando una mercancía llega en tiempo, cuando una cadena de suministro opera sin interrupciones y el transporte deja de ser un cuello de botella para convertirse en un habilitador del crecimiento. Esa conversación debería ocupar un lugar mucho más importante en la agenda económica.
No es casualidad que el transporte concentre 35% de la cartera de los asociados de la AMSOFAC, consolidándose como el principal destino del financiamiento especializado y haya sido el segmento con mayor crecimiento durante el primer trimestre de 2026. El mercado está enviando una señal clara: modernizar la cadena logística ya no es una opción, sino una necesidad para mantener la competitividad del país.
En México, esta discusión es especialmente relevante. El transporte terrestre es la principal vía para el traslado de mercancías. Por ejemplo, el año pasado, cerca del 60% del comercio exterior (exportaciones más importaciones) se movió por carreteras. Esto significa que una flota obsoleta no afecta únicamente al transportista. Eleva costos, retrasa entregas y resta competitividad a productores, exportadores, comercios y consumidores.
Por eso, modernizar el equipo de transporte genera beneficios concretos para las empresas y para el país. Un parque nuevo requiere menores gastos de mantenimiento, permite un mejor aprovechamiento de los combustibles, contribuye a reducir emisiones y disminuye los riesgos en materia de seguridad vial. En conjunto, estas mejoras ayudan a los transportistas a reducir costos, elevar su eficiencia y competir en mejores condiciones.
En un entorno de incertidumbre, muchas empresas optan por posponer inversiones y creo que es una reacción comprensible, pero también puede convertirse en un error estratégico. No invertir también tiene un costo: significa operar con unidades menos eficientes, asumir mayores gastos y perder capacidad para responder cuando la demanda vuelva a acelerarse.
Para que la modernización sea posible, es indispensable ampliar el acceso a mecanismos de financiamiento. En ese sentido, iniciativas como el programa de garantías de Nacional Financiera (NAFIN) representan una oportunidad para que más pequeños y medianos transportistas puedan renovar sus activos y fortalecer su capacidad operativa. Vía estas garantías, se estarían otorgando facilidades para que los micro y pequeños transportistas obtengan financiamiento por hasta 15 millones.
El valor de estos esquemas multiplicado a escala sectorial, es que fortalece cadenas de suministro completas y mejora la capacidad del país para responder a nuevas oportunidades de inversión.
La experiencia del financiamiento especializado demuestra que las empresas suelen modernizarse más rápido cuando pueden acceder a esquemas que preservan liquidez. El arrendamiento financiero, por ejemplo, permite incorporar activos productivos sin comprometer el capital necesario para la operación diaria.
Este año, las exportaciones han mantenido un crecimiento de doble dígito. En caso de que el proceso de actualización del T-MEC concluya de forma favorable, en los meses venideros las necesidades logísticas y de movimiento de mercancías se podrían expandir aún con más fuerza.
México no será más competitivo únicamente porque reciba más inversiones. Lo será cuando pueda mover personas y mercancías con la misma eficiencia con la que busca atraer capital. Mientras no entendamos que la logística es una política de competitividad y no solo un servicio de transporte, seguiremos dejando parte de nuestro potencial sobre la carretera. Porque cuando se robustece la columna vertebral de la economía, también se fortalece la competitividad de México.
