Colaborador Invitado

Cuando el cacao cruza océanos

El Reino Unido ha desarrollado una industria chocolatera de 5 mil millones de libras esterlinas, con casi 500 empresas.

La semana pasada recibimos en la Residencia Británica al chef Michelin Graham Mairs, uno de los grandes referentes de la chocolatería británica.

No todos los días se tiene la oportunidad de ver a alguien crear una ostra de chocolate en vivo. Fue fascinante ver cómo el chef Mairs transformó ingredientes conocidos en algo inesperado.

Mientras observaba la demostración, me quedé pensando que, detrás de toda esa creatividad, está el mismo ingrediente que nació en México hace miles de años: el cacao.

Es fácil olvidar el extraordinario camino que ha recorrido. Durante cientos de años, el cacao formó parte de la identidad y el comercio de las civilizaciones mesoamericanas. Mucho antes de la existencia de acuerdos comerciales o cadenas globales de suministro, este alimento ya conectaba comunidades y generaba intercambio.

Con el paso de los siglos, ese cacao cruzó el Atlántico y encontró en el Reino Unido un nuevo capítulo de su historia. Porque, aunque somos conocidos por el té o el whisky, puede que les sorprenda que los británicos somos grandes amantes del chocolate.

Tanto que el Reino Unido ha desarrollado una industria chocolatera valorada en alrededor de cinco mil millones de libras esterlinas, con casi 500 empresas dedicadas a crear las barras de chocolate que tanto disfrutamos.

El chocolate es un ejemplo perfecto de cómo funcionan las economías modernas. Un producto aparentemente sencillo es, en realidad, el resultado de una cadena global de valor que conecta agricultores, emprendedores, fabricantes, distribuidores e innovadores.

Historias como ésta ayudan a entender mejor lo que significa la reciente entrada en vigor del Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (TIPAT) entre el Reino Unido y México.

A veces los tratados comerciales parecen lejanos o demasiado técnicos. En la práctica, se tratan de algo sencillo: crear mejores condiciones para que ingredientes como el cacao lleguen más lejos y generen más beneficios para las comunidades que los producen.

El TIPAT conecta de manera natural algo que México produce extraordinariamente bien con la experiencia, innovación y capacidad de transformación de industrias británicas como la chocolatera. También facilita el comercio, reduce barreras y abre nuevas oportunidades para que empresas de ambos países colaboren, inviertan y lleguen a nuevos mercados.

En el caso del chocolate, permitirá que los aranceles para los fabricantes británicos se reduzcan de hasta 25% a 0%, fortaleciendo su competitividad y ampliando el intercambio entre nuestros países.

Pero las oportunidades son mucho mayores. Para las empresas mexicanas, el acuerdo representa acceso preferencial a una de las economías más innovadoras del mundo, y a una puerta de entrada para nuevas alianzas, inversión y oportunidades de exportación. Para las empresas británicas, fortalece los vínculos con una de las plataformas manufactureras y exportadoras más importantes de América del Norte.

En otras palabras, el TIPAT ayudará a que más empresas mexicanas y británicas formen parte de la siguiente etapa de una relación económica ya sólida y que tiene un enorme potencial de crecimiento en sectores como manufactura avanzada, industrias creativas, servicios profesionales, tecnología y comercio digital.

Por eso, la próxima vez que veas una barra de chocolate, quizá valga la pena preguntarse cuántos países, personas e ideas participaron para que llegara hasta ahí. Porque el chocolate es sólo una pequeña muestra de las oportunidades que existen entre nuestros países.

Hoy, gracias al TIPAT, México y el Reino Unido pueden escribir un nuevo capítulo de esta historia de intercambio, colaboración y prosperidad compartida.

Mi invitación a empresas mexicanas y británicas es simple: conocer este acuerdo, explorar sus beneficios y pensar en grande. El TIPAT es más que un tratado comercial. Es una plataforma para construir y crecer juntos.

Si un ingrediente que nació en México hace miles de años pudo cruzar océanos, inspirar nuevas formas de creatividad y conquistar nuevos mercados, imaginemos hasta dónde pueden llegar las empresas de ambos lados del Atlántico.

Susannah Goshko

Susannah Goshko

Embajadora del Reino Unido en México

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