Colaborador Invitado

La obra y el andamio

El rebote de la actividad económica vino casi todo de la construcción y, dentro de ella, de la edificación residencial —que subió 16.7% anual—, mientras que la construcción no residencial, la ligada a la capacidad productiva, quedó prácticamente plana.

La figura del andamio en una construcción funciona, al menos, para dos propósitos. Como resulta obvio, es una estructura que se erige cubriendo las fachadas para que los trabajadores de la obra puedan circular con herramientas y materiales. Pero también es útil para ocultar, de algún modo, el avance de la misma obra, pudiendo transmitir la idea de que se avanza sin que se tenga certeza hasta que se retira. Solo cuando el andamio desaparece se descubre si detrás se sostiene un edificio o apenas su silueta.

Hoy el INEGI publicó la estimación oportuna del PIB del segundo trimestre, y con la información que tengo al momento de escribir esta columna todo apunta a que se trató de una cifra vistosa. Después de la contracción de 0.6% con que arrancó el año, la actividad habría rebotado alrededor de 1.7% trimestral; la comparación anual, impulsada por la base relativamente baja, rondará el 2%. No debería sorprendernos que se den titulares celebratorios, sin embargo, precisamente esa lectura, como ocurre con los andamios en las construcciones, es la parte menos informativa del dato.

No se trata exclusivamente del nivel, sino de su composición. Debajo del rebote conviven dos economías que se mueven en sentidos opuestos. Una es la economía del gasto, como la de los servicios, el comercio y el consumo de bienes importados, que efectivamente repunta. La otra es la economía de la capacidad, que incluye inversión privada, manufactura y bienes de capital, que sigue dando señales de contracción. Lo que muestra la cifra es que el PIB crece alrededor de su núcleo industrial, pero no lo hace a través de él.

El pronóstico que elabora el equipo de Finamex le brinda cuerpo a esta divergencia. En mayo, de acuerdo con el IGAE, la economía creció 1.1% anual, pero el sector terciario aportó por sí solo 1.1 puntos, mientras que las actividades secundarias restaron dos décimas. No se trata de un episodio aislado, ya que entre enero y mayo la industria contribuyó de forma negativa en cuatro de cinco meses. Además, aun dentro del sector que carga el trimestre, el terciario, la estructura es frágil, pues su impulso se concentra en el comercio al mayoreo, no en el consumo de los hogares, que permanece relativamente estancado.

Del lado de la demanda, el motor del segundo trimestre es prácticamente uno solo, la inversión pública. En abril la inversión fija bruta saltó 4% mensual, su mejor registro en más de dos años, un dato que en la superficie parecería desmentir la sequía de inversión, pero la composición dice lo contrario. El rebote vino casi todo de la construcción y, dentro de ella, de la edificación residencial —que subió 16.7% anual—, mientras que la construcción no residencial, la ligada a la capacidad productiva, quedó prácticamente plana. Es la huella de los programas públicos de vivienda y de la infraestructura temporal asociada al Mundial, no la de un renacer de la formación de capital privado.

El resto del cuadro confirma la lectura. La inversión pública creció 7.5% anual en abril; la privada seguía 2.2% por debajo en el acumulado del año. La maquinaria y equipo de origen nacional, esto es, los bienes que expanden la capacidad de oferta, cayó 11.2%, el descenso más pronunciado de cualquier componente. La inversión hilvana así su contracción más larga fuera de una recesión. En ese contexto, el sector público está construyendo vivienda, no capacidad productiva.

Tampoco los hogares sostienen el rebote. El consumo privado apenas avanzó en abril y el consumo interno quedó estancado en términos anuales, ya que la totalidad de la ganancia vino de bienes importados, mientras el consumo nacional de bienes duraderos y semiduraderos retrocedió. Los resultados del segundo trimestre de las grandes cadenas de consumo, de Walmex a Chedraui, apuntan en la misma dirección, con ventas por debajo de la inflación y guías prospectivas recortadas. Con la inversión privada y el consumo detenidos, el rebote descansa casi por completo en el gasto público canalizado a la vivienda.

Que la palanca privada no responda no es un misterio. Dixit y Pindyck mostraron que, cuando una inversión es irreversible y el futuro incierto, esperar tiene un valor propio, puesto que conviene posponer hasta que se despeje la niebla. Y niebla no falta, con la revisión del T-MEC a la cabeza. Bloom documentó, además, que los episodios de alta incertidumbre deprimen la inversión y la contratación mucho antes de materializarse en un choque, de modo que el capital privado está ejerciendo su opción de esperar; el público, que no goza de ese lujo, es el único que edifica.

De ahí la advertencia que conviene tener presente con esta cifra. Si el escenario de rebote notable se confirma, la estimación de crecimiento para 2026 podría revisarse de 1.1% a 1.4%. Un abril fuerte levanta la base estadística del año aunque la trayectoria del segundo semestre siga siendo modesta.

Por eso la cifra de hoy importa menos por lo que dice que por cómo se leerá. Un buen número puede tomarse como prueba de que la economía giró, cuando su composición sugiere lo contrario. La recuperación que insinúa es condicional depende de un T-MEC sin sobresaltos y de que la obra pública termine por atraer capital privado en lugar de sustituirlo. El dato mostrará el andamio en su punto más alto, pero cuando el andamio se retire, veremos si detrás aparece una obra que se sostiene sola o apenas su contorno.

Víctor Gómez Ayala

Víctor Gómez Ayala

Economista en jefe de Finamex Casa de Bolsa y Fundador de Daat Analytics

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