Es de reconocerse la voluntad política desplegada por el actual gobierno para pacificar México. Sin embargo, a pesar del esfuerzo realizado, la inseguridad es el fantasma que recorre el país. La muerte está en todas partes. El multihomicidio ocurrido en Zacatecas, con descabezados a la vista, es una afrenta imperdonable para el Estado mexicano.
La última encuesta del INEGI señala que 58.9 % de los mexicanos se siente inseguro; 6 de cada 10 habitantes manifestaron estar inseguros. Otras encuestas nacionales señalan que son 8 de cada 10. Un país con miedo y temor. La inseguridad sigue siendo el problema número uno. No habrá desarrollo y bienestar sin seguridad y el restablecimiento del Estado de derecho.
El problema es tan grave que urge un nuevo enfoque para el programa de seguridad.
El actual está agotado. Reconocerlo es importante y darle la prioridad que merece es fundamental. Hay que implementar un programa integral de seguridad que penetre en todo el territorio nacional y fortalezca e involucre a estados y municipios, dotándolos con mayor presupuesto para realizar acciones eficientes. Actualmente, las autoridades están como bomberos: llegan cuando hay muertos y ya para el velorio.
Se requieren más recursos, el doble, cuando menos, para las estructuras de seguridad estatales y municipales y que todas y todos, en una gran coordinación, lleven a cabo, bajo estricto control presupuestal, su trabajo en beneficio de la gente, harta ya de los abusos y exigencias de la delincuencia. El actual presupuesto federal asignado a los programas de seguridad es insuficiente, dada la magnitud del problema.
La idea es crear una poderosa fuerza militar y policial en las principales ciudades y municipios del país y que combata en serio la delincuencia. También es muy importante la creación de un cuerpo de inteligencia, vigilancia y supervisión, este sí central, que controle esa fuerza del Estado mexicano, pues sería presa fácil para corromperse y ponerse al servicio de la delincuencia.
Se ha perdido la confianza en las cifras oficiales. El día que la presidenta informa sobre la disminución de los delitos dolosos matan a varios presidentes municipales y se muestran fotografías de los descabezados de Zacatecas. Nadie cree en las encuestas y en las cifras oficiales.
La falta de seguridad ha secuestrado nuestras libertades y nuestra soberanía. Este es el gran tema nacional. Es más, si el gobierno no puede lograrlo solo debe apoyarse con el vecino del norte. No podemos permitir que siga la situación actual.
