El entorno empresarial actual está lleno de riesgos. Algunos son nuevos, como la ciberseguridad. Otros existen desde hace tiempo, pero evolucionan rápidamente, como los riesgos climáticos o la geopolítica. Sin embargo, hay riesgos que siempre han estado presentes y siempre lo estarán. Un ejemplo de este riesgo constante en un mundo cambiante es el riesgo sísmico.
Los terremotos, un desafío desde tiempos inmemoriales, son particularmente agudos en México. El informe anual de sismicidad del Servicio Sismológico Nacional muestra un total de alrededor de 40,000 sismos en 2025. Muchos son apenas perceptibles. Otros causan daños significativos. Durante los últimos 35 años, se registraron alrededor de 135 terremotos de magnitud ≥ 6.0, lo que subraya la exposición sostenida a eventos sísmicos de alto impacto capaces de generar importantes desafíos para la seguridad de las personas, la propiedad y la resiliencia operativa en México. En mi empresa, la aseguradora de propiedad comercial FM, los terremotos se encuentran entre los principales detonadores de pérdidas en México. Para las empresas, el riesgo sísmico ya no debe entenderse como un tema de cumplimiento o respuesta de emergencia, sino como un componente estratégico de la continuidad operativa y la competitividad.
Aunque el riesgo sísmico nunca desaparecerá, hay mucho que los líderes empresariales pueden hacer. La clave es actuar antes de que comiencen las sacudidas. En este contexto, los terribles sismos en Venezuela nos han recordado la oportunidad invaluable que tienen las organizaciones para ir más allá de los protocolos estándar de evacuación y realmente poner a prueba la solidez de sus planes de continuidad operativa con ejercicios como simulacros. El primer paso es comprender dónde el riesgo es más agudo. Afortunadamente, aunque los terremotos en sí no están evolucionando significativamente, las herramientas utilizadas para evaluar y comprender el riesgo sísmico continúan avanzando. El conjunto de herramientas de riesgos naturales de FM incluye un mapa de exposición al riesgo sísmico que revela qué tan vulnerables son muchas zonas de México.
En México, el mapa de zonas de riesgo sísmico de FM destaca una concentración crítica de riesgo a lo largo de la Zona de Subducción del Pacífico (entre las regiones más relevantes se encuentran Guerrero, Oaxaca, Michoacán, Colima, Chiapas y Baja California), así como en el Cinturón Volcánico Transmexicano. La composición y estructura del suelo de la Ciudad de México pueden amplificar las ondas sísmicas, impactando infraestructura ubicada a cientos de kilómetros del epicentro. Esta concentración de riesgo no es únicamente geográfica, sino también económica. Muchas de las zonas más expuestas concentran actividad industrial, logística y urbana crítica, amplificando el impacto potencial sobre las cadenas de suministro y las operaciones centrales. Este rigor analítico es lo que permite la transición de una resiliencia reactiva hacia una estrategia de continuidad financiera y operativa; en última instancia, la supervivencia de una organización se asegura a través de las decisiones preventivas de hoy, y no bajo la presión de una crisis en curso.
Para materializar esta estrategia para CEOs y tomadores de decisión, la prevención del riesgo sísmico debe sustentarse en aspectos críticos de infraestructura que con frecuencia pasan desapercibidos hasta que es demasiado tarde. La diferencia entre una interrupción de horas y una de semanas suele encontrarse en detalles aparentemente menores: ¿el equipo pesado y la maquinaria de precisión están correctamente anclados? ¿Los sistemas de protección contra incendios cuentan con soportes y anclajes sísmicos? ¿Los centros de datos y servidores tienen protección contra vibraciones o aislamiento de base? ¿Se ha evitado que componentes no estructurales como racks, estanterías o plafones suspendidos se desplomen o colapsen? ¿Existen planes sólidos de respuesta de emergencia para cuando ocurra un sismo? Estas preguntas no son simples tecnicismos; son el seguro de que la cadena de suministro y la producción no se detendrán durante semanas tras un evento fortuito.
Lo más importante es que estas medidas preventivas no siempre requieren inversiones monumentales. En muchos casos, implican mejoras simples, directas y estratégicas de ingeniería de riesgos —como asegurar sistemas eléctricos y de protección contra incendios o actualizar planes de continuidad del negocio— que pueden evitar millones en pérdidas y proteger la reputación de la empresa.
En un momento en que México se posiciona como un centro clave de manufactura y nearshoring, la resiliencia operativa frente al riesgo sísmico se convierte en un factor crítico para la confianza de los inversionistas y la continuidad de las cadenas de producción.
De cara al final de esta década, la competitividad de las instituciones en México no dependerá únicamente de su tamaño o capital, sino de su capacidad de anticipación. Una organización que comprende y mitiga proactivamente sus riesgos gana eficiencia y control, enviando un mensaje de estabilidad a los mercados globales. Las empresas que integren la gestión del riesgo sísmico en su ADN estratégico serán las que prosperen a pesar de los desafíos de la naturaleza. La resiliencia sísmica debe estar hoy en la agenda del CEO; el futuro de la continuidad de los negocios depende de nuestra capacidad para dejar de reaccionar y comenzar a prevenir.
