Colaborador Invitado

El agua ya es infraestructura estratégica

En los últimos años, distintos sectores e industrias han tenido que incorporar la seguridad hídrica en sus decisiones de largo plazo, con el mismo nivel de importancia que hoy dan a la energía, la conectividad o la ciberseguridad.

Durante décadas, el agua fue considerada un insumo prácticamente garantizado para la actividad económica. Hoy esa premisa dejó de ser válida.

En México, la disponibilidad promedio anual por habitante cayó de aproximadamente 10 mil metros cúbicos en 1960 a poco más de 3 mil 200 en la actualidad, mientras que 114 acuíferos del país se encuentran sobreexplotados, de acuerdo con datos de Comisión Nacional del Agua.

Lo que antes era un tema ambiental hoy se ha convertido en un factor que influye en decisiones de inversión, expansión y continuidad operativa.

La pregunta ya no es si enfrentaremos restricciones, sino qué tan preparados estamos para operar en ese escenario. En los últimos años, distintos sectores e industrias han tenido que incorporar la seguridad hídrica en sus decisiones de largo plazo, con el mismo nivel de importancia que hoy dan a la energía, la conectividad o la ciberseguridad.

Frente a este escenario el reto ya no consiste únicamente en buscar nuevas fuentes de abastecimiento, sino en aprovechar mejor el agua disponible allí donde se consume.

Las soluciones en sitio, caso por caso, de tratamiento, reúso y captación permiten a empresas y organizaciones complementar la infraestructura existente, reducir la presión sobre fuentes convencionales y fortalecer la continuidad de sus operaciones.

Sin embargo, para muchas organizaciones la barrera para implementar estas soluciones es la inversión necesaria. Por ello han comenzado a surgir modelos en los que la infraestructura deja de ser una inversión de capital para convertirse en un servicio. Por ejemplo, dentro del Water Purchase Agreement (WPA) el desarrollador diseña, financia, construye, opera y mantiene el sistema, mientras el usuario paga únicamente por el volumen de agua tratada que recibe, bajo estándares previamente establecidos.

Esto permite acelerar la adopción de soluciones sin comprometer la liquidez de las empresas y garantiza que la operación permanezca en manos de especialistas.

Este modelo resulta efectivo en hoteles, hospitales, clubes deportivos, clubes de golf, centros comerciales e instalaciones industriales que buscan mayor certidumbre sobre uno de sus recursos más críticos.

Más que adquirir una planta de tratamiento, estas organizaciones están incorporando infraestructura estratégica que les permite fortalecer su resiliencia operativa optimizar costos y avanzar en sus objetivos de sostenibilidad.

El agua deja de ser únicamente un insumo para convertirse en un activo que puede gestionarse de manera más inteligente.

La discusión sobre el agua ya no debería limitarse a cuánto consumimos.

También debemos preguntarnos cómo la gestionamos, cuántas veces somos capaces de aprovecharla y qué mecanismos estamos construyendo para garantizar su disponibilidad en el largo plazo.

Las organizaciones que entiendan este cambio antes que las demás estarán mejor preparadas para competir en un entorno donde la seguridad hídrica será tan importante como la energética o la digital.

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