Ha sido impresionante la reacción del pueblo de México ante los triunfos obtenidos por la selección de fútbol. Es un pueblo que sabe reír, un pueblo generoso en busca de triunfos y reconocimiento. México ha sido un gran anfitrión, de excepción. Los mexicanos, con gran cariño y generosidad, conquistaron al mundo. Los visitantes extranjeros y las selecciones participantes quedaron sorprendidos y encantados por el calor humano y la solidaridad de las y los mexicanos.
Un pueblo que sabe reír y llorar, que juega con la vida y la muerte, que ha convertido el 2 de noviembre en fiesta nacional y en ritual religioso y solemne. Un pueblo que con unas patadas a la pelota y un poco de música es capaz de generar una gran fiesta. Un pueblo de gran riqueza cultural proveniente de nuestro mestizaje.
El deporte nos unió, por un instante, tanto en las grandes ciudades como en los pueblos. Nos despertó el corazón y el entusiasmo; de forma inusitada y con una alegría nunca vista nos olvidamos, de pronto, de nuestras diferencias y de los problemas cotidianos, en una gran catarsis colectiva que se convirtió en una magnífica celebración.
Más de un millón de personas salieron a la calle gritando eufóricas de alegría y, por momentos, olvidando sus frustraciones y tristezas. Es, sin duda, un fenómeno fuera de lo común. Nuestro pueblo está ávido de triunfos y reconocimientos, de logros y victorias. Su recorrido ha sido accidentado, con obstáculos y resultados frustrantes, muchos tropiezos y desencantos, muchas promesas no cumplidas que han lesionado el alma colectiva.
Pasaron a segundo plano los reclamos de la CNTE, de las madres buscadoras y de los transportistas. La lluvia, el granizo, el lodo y los encharcamientos no fueron obstáculos para la multitud, en un efecto de embriaguez colectiva, momentánea, efímera y transitoria, que se alejará de pronto al enfrentarse a la realidad.
Lo rescatable es el contagio colectivo, la euforia y la alegría. Ojalá que ese ánimo y esa capacidad de movilización se contagiaran para defender los derechos ciudadanos. Es lamentable que cerca de cuarenta millones de mexicanos estén al margen del acontecer nacional y no acudan a las urnas a emitir su voto.
