Colaborador Invitado

Consumo privado y pobreza laboral: de dónde nace la resiliencia

El consumo es un buen indicador del dinero disponible de las familias. Mayores ingresos constantes habilitan un mayor consumo.

El poder de consumo de las familias mexicanas se muestra resiliente en marzo y es importante porque representa cerca del 70% del PIB, por lo que su dinamismo es crucial para la economía. Acá la paradoja: la economía no crece en 2026, entre otras cosas porque la inversión se está contrayendo desde el verano 2024, y la creación de empleo formal es insuficiente. ¿Cómo es que el consumo de las familias sigue creciendo?

Sin duda, el consumo es un buen indicador del dinero disponible de las familias. Mayores ingresos constantes habilitan un mayor consumo. Por el contrario, un dinerito extra ocasional puede hacer que compremos algo caro, organicemos una fiesta, un viaje o se salde una deuda, pero no mantiene el consumo. Así que dejemos que los datos hablen.

En el primer bimestre, el consumo privado empezó en contracción, pero en marzo repuntó más de lo esperado (+0.4% cifras oportunas vs. +0.9% cifras revisadas) y registró un crecimiento anual de 3.1%. Sin embargo, el consumo también refleja expectativas de cómo la gente cree que estará la economía nacional y del hogar en el futuro próximo, abriendo la posibilidad a comprar bienes duraderos, bienes importados —ante un tipo de cambio favorable— y eventos coyunturales como el Mundial de Futbol. En ese tenor, el mayor consumo tanto de bienes nacionales como importados en abril podría indicar mayor disponibilidad de ingresos en los hogares, así como cierta propensión al optimismo respecto al futuro, tal como lo muestra el indicador de la confianza al consumidor de abril.

La pobreza laboral es otro indicador que da cuenta del nivel de ingresos de los hogares en México. Muestra cuántas personas viven en hogares donde no alcanza para comprar la canasta básica alimentaria con el ingreso laboral. Es decir, a cuántas personas no les alcanza para comer con el salario de quienes trabajan en la familia. Los datos del primer trimestre fueron una gran noticia: la pobreza laboral registró su nivel más bajo en la historia de la serie, con 31% de la población viviendo en pobreza laboral a nivel nacional (aunque, ¡ojo!, siguen siendo 40 millones de personas) y grandes disparidades regionales —17% de la población en pobreza laboral en la península de Baja California y más de 47% en los estados del sureste mexicano—. En ese sentido, la caída en la pobreza laboral indica que hay dinero para poner comida en la mesa para más de 94 millones de personas, aunque no implique mejoras en el acceso a los servicios de salud, educación o seguridad pública y social.

Ahora bien, tanto la resiliencia del consumo privado como la caída sostenida en la pobreza laboral tienen origen en el incremento en el ingreso de las familias, sobre todo el que proviene del empleo, puesto que en México 65 de cada 100 pesos de los hogares vienen del trabajo. En ese sentido, hay tres elementos que nos indican que el ingreso laboral de las familias ha aumentado y con ello, explican por qué, a pesar del estancamiento económico, el consumo es resiliente y la pobreza laboral disminuye:

1. El ingreso laboral promedio aumentó en 30% entre 2018 y 2026 (ENOE), con un incremento de 27% para el empleo formal y 31% para el empleo informal. Esto, derivado de los incrementos al salario mínimo —que creció 125% en términos reales en el periodo—, respaldado por el rebote pospandemia de la economía, la primera ola de nearshoring y el consecuente aumento del costo del trabajo en todo el mercado laboral. De ahí que entre septiembre 2018 y marzo 2026 el consumo privado haya aumentado 13%, reflejando que las familias tienen más dinero, incluso si la creación de empleo de calidad es insuficiente.

En más, en el primer trimestre de este año, el incremento en el ingreso laboral fue de casi 5% (+4% para empleo informal, 5% para empleo formal), sobre todo por el incremento al salario mínimo.

2. La masa salarial, calculada a partir de todo el mercado laboral (México, ¿cómo vamos?, ENOE), creció 7.6% en el primer trimestre respecto al periodo previo, y 12.2% anual. Se percibe claramente que el poder adquisitivo de las familias aumenta.

3. Las remuneraciones de los asalariados cada vez tienen un mayor peso en nuestra economía. Medido como el porcentaje que se registra en el PIB por el método del ingreso, entre 2008 y 2019 se mantuvo en cerca de 24-25% del PIB. Sin embargo, a partir de 2020, los incrementos salariales reflejaron un aumento en el peso relativo de las remuneraciones a los trabajadores de ¡6 puntos porcentuales!, con 31.4% del PIB al cierre de 2025. Es decir, ha habido un incremento consistente en el volumen y la relevancia del ingreso laboral de los hogares en la economía.

Quedan muchísimos pendientes para que la mejora en la calidad de vida de la población sea sostenible: urge mayor inversión y mayor dinamismo en la creación de empleo formal; la disminución de la pobreza debe hacerse desde su enfoque multidimensional y se garantice el acceso a la seguridad social y a los servicios de salud y educación de calidad; que se invierta en investigación, desarrollo e infraestructura; y que se garantice la seguridad pública y el Estado de derecho. Pero también hay que reconocer que existen estrategias que han funcionado para fortalecer los ingresos laborales de los hogares, y que eso es algo todos valoramos.

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