La inversión que se traduce en carreteras, puertos, naves industriales, mayor capacidad productiva, energía e infraestructura, es el principal motor del crecimiento económico y de la generación de empleos de calidad. Sin embargo, la inversión fija bruta mantiene una tendencia a la baja desde su último máximo en julio de 2024. El propio Plan México reconoce que la baja inversión –pública y privada– es el principal freno para la economía. ¿Cómo hacer para que la inversión se concrete?
El pasado 4 de mayo, el Gobierno Federal anunció una serie de acciones para incentivar la inversión: certeza jurídica en la aplicación de la norma fiscal, evitando doble tributación y promoviendo reglas claras para inversionistas y contribuyentes; reducir trámites, digitalizar procesos, establecer plazos de respuesta, impulsar proyectos energéticos, mejorar infraestructura y abrir espacios para inversión mixta.
Estas las señales, si bien importantes, no son suficientes para reinstalar la confianza que necesita la inversión.
Veamos, la inversión que se anuncia hoy es una decisión que las empresas tomaron hace varios años. Las primeras planas reportan una mayor inversión extranjera directa, anuncios de ampliación de plantas, nuevos modelos para el mercado mexicano. Todo eso es real, pero en el contexto actual son posiblemente sólo una fracción de lo que se había valorado previamente.
recientemente que un compromiso de política pública solo es creíble si los inversionistas tienen razones para creer que el Gobierno no cambiará de prioridades, reglas o interpretación de la norma en el futuro. Cuando esa condición no se cumple, la empresa reduce, posterga o cancela su inversión.
En esa lógica, la confianza se construye con instituciones domésticas capaces y estables que hagan de los compromisos públicos acuerdos creíbles.
En su columna, que la incertidumbre interna está mermando la confianza y, con ello, la inversión: la implementación de una reforma judicial con alcances aún desconocidos, los cambios a la Ley de Amparo que modifican los mecanismos de protección legal para privados, la discrecionalidad sobre el congelamiento de cuentas bancarias. Sumado a ello, la incertidumbre comercial afecta negativamente la confianza para comprometer capital en el largo plazo.
Entonces, qué acciones necesitamos para que la inversión productiva se concrete.
La primera acción es tener una estrategia de articulación entre la intención de generar crecimiento económico, certeza jurídica, confianza en las instituciones, mejores condiciones para los trabajadores, y mayor recaudación. Si se implementa bien, puede aportar crecimiento adicional sostenido, pero debe demostrar que el plan tiene el efecto multiplicador esperado, criterios claros de rentabilidad social y financiera, y capacidad de ejecución. Por ejemplo, la infraestructura debe conectar regiones, reducir costos logísticos y atraer empresas. La autoridad tributaria debe promover el crecimiento más allá de la recaudación. La autoridad laboral y las instituciones de seguridad social debieran promover que más personas tengan empleo formal, implementar esquemas de cotización flexible y un mayor dinamismo en las industrias de gran valor agregado. Como quien dice, una política económica articulada para generar crecimiento.
La segunda es aprovechar la reconfiguración del nearshoring en sectores como equipo de cómputo y electrónicos, para atraer inversión doméstica y extranjera a la manufactura avanzada, o a sectores estratégicos como el de equipo médico y farmacéutico. Aunque la coyuntura geopolítica sea delicada, México es el proveedor central de EU. Reglas de origen compartidas y la simplificación regulatoria son importantísimas. Por ello, la reducción de trámites en Cofepris permite avanzar hacia certificaciones válidas en toda Norteamérica, con la FDA y Health Canada, fortaleciendo industrias clave y reduciendo la dependencia regional de Asia. Hay que pensar en esquemas de coproducción en el largo plazo.
La tercera es atender el cuello de botella energético. México necesita más energía limpia, y que su distribución sea confiable. Con el gas natural más barato del mundo, la inversión en almacenamiento y la modernización de gasoductos son condiciones para fortalecer la integración productiva de Norteamérica. Sin energía suficiente y competitiva, no hay política industrial viable.
Todas estas acciones requieren confianza en que los permisos lleguen a tiempo, los contratos se respeten, la autoridad fiscal sea predecible, la energía esté disponible, las reglas no cambien a mitad del proyecto. Las inversiones productivas se hacen con base en horizontes de retorno de 20 o 30 años y, por lo tanto, la confianza en las instituciones debe transcender administraciones y proyectos políticos.
Si queremos elevar la inversión hacia las metas del Plan México y crecer de manera sostenida, la inversión debe poder ampliar la capacidad productiva y rebasar el . La inversión mixta –con participación de capital privado– es una herramienta para complementar restricciones fiscales, pero debe estar acompañada de reglas transparentes, procesos competitivos y seguimiento público para generar confianza.
Finalmente, la reducción sostenida de la pobreza –medular para la 4T– sólo es posible con empleos de calidad. Los empleadores y negocios prósperos son los que invierten (casi 90% de la inversión en México es privada) y generen empleo (80% del empleo formal está provisto por el sector privado). Por ello, la estrategia de generar confianza para concretar la inversión no es ajena a la formalización del empleo y a la prosperidad compartida.
La inversión no se concreta solo por nuestra ventaja geográfica o demográfica, sino cuando existe confianza en las instituciones. Es decir, cuando las ventajas están respaldadas por reglas claras, instituciones sólidas y una política económica coherente.