Colaborador Invitado

La tecnología ayuda, pero el talento decide hacia dónde avanzamos

Hoy es posible evaluar riesgo en minutos, ofrecer productos personalizados y operar modelos financieros con una eficiencia antes impensable.

Licenciado en Economía, cofundador y CRO de APLAZO.

En México, hablar de inclusión en materia de crédito sigue siendo, en gran medida, hablar de una oportunidad latente. Más de 60 millones de adultos requieren acceso a opciones de crédito, y apenas alrededor del 11% cuenta con una tarjeta de crédito, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF 2024). Esta brecha muestra una limitante estructural para el crecimiento económico, el consumo y el desarrollo de millones de personas y pequeñas empresas, quienes son las que más resienten los altibajos.

En esta línea, la tecnología ha sido el gran habilitador. Hoy es posible evaluar riesgo en minutos, ofrecer productos personalizados y operar modelos financieros con una eficiencia antes impensable. Sin embargo, pensar que la tecnología por sí sola resolverá el problema sería simplificar en exceso un desafío profundamente local.

La verdadera diferencia donde se define el impacto está en cómo se utiliza esa tecnología; con qué entendimiento del mercado, con qué sensibilidad hacia el usuario y con qué talento detrás de su diseño. Esto es, generar valor donde la sensibilidad humana llega, pero el algoritmo no.

En economías como la mexicana, donde gran parte de la población vive fuera del sistema financiero tradicional, los modelos importados rara vez funcionan tal cual. Más allá de replicar soluciones globales, hay que entender cómo funcionan los modelos a partir de realidades locales: ingresos quincenales, informalidad laboral, poca adherencia hacia las instituciones financieras y necesidades de liquidez inmediatas.

Ahí es donde entra el talento y se aporta valor real.

Construir métodos de pago relevantes implica entender cómo viven, consumen y toman decisiones las personas, además de conocer sus prioridades y preocupaciones. Implica diseñar experiencias simples, transparentes y alineadas con su día a día. Y eso solo es posible cuando hay equipos que conocen el contexto, que leen las señales del mercado y que son capaces de traducir tecnología en soluciones concretas, aportando valor donde se necesita y marcando la diferencia. Esto implica un profundo respeto hacia el usuario.

En México, la innovación en métodos de pago se va a definir por su capacidad de ser útil para las personas, por llegar a quienes han estado fuera del sistema, generar confianza y devolverles a los usuarios el control sobre sus decisiones en cuanto a pagos.

Este enfoque también tiene implicaciones directas en el desarrollo de las Pymes, que representan más del 90% de las empresas en el país (INEGI) y son el principal motor de empleo. Para muchas de ellas, el acceso al crédito sigue siendo limitado, costoso o poco flexible.

Cuando se diseñan métodos de pago con tecnología y conocimiento local, se habilita el consumo y se fortalece toda la cadena de valor: se incrementa el ticket promedio, mejora el flujo de caja y se abren oportunidades de crecimiento para todos.

En ese sentido, el crédito deja de ser únicamente un producto financiero y se convierte en una palanca económica.

De cara al futuro, estamos viendo cómo modelos como el Buy Now, Pay Later (BNPL) están ganando terreno en México, con proyecciones de crecimiento superiores al 20% anual hacia los próximos años (Research and Markets). Este dinamismo refleja una realidad clara, donde los consumidores buscan alternativas más flexibles, transparentes, seguras y alineadas con su capacidad de pago.

Pero, nuevamente, el crecimiento del sector no dependerá solo de la adopción tecnológica, sino de la capacidad de las empresas para construir confianza, operar con responsabilidad y diseñar productos que realmente resuelvan necesidades.

Hoy, México tiene una oportunidad única. La combinación de talento, capacidad tecnológica y un mercado con enormes necesidades, lo cual puede convertirse en un diferenciador competitivo.

Porque al final, la tecnología abre la puerta, pero es el entendimiento del mercado y el talento detrás de ella lo que define hasta dónde puede llegar y ser una solución real.

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