Colaborador Invitado

Reconstruyamos instituciones: Una luz al final del túnel

No hay duda que existe una paradoja: el partido en el poder reestructuró –en su lógica– el Poder Judicial; ahora, son diputados y senadores de ese partido los que presentan una iniciativa que nos reconforta a todas y todos.

Es 22 de abril de 2026. Buenos días. Como todas las mañanas, reviso determinadas fuentes de información que se relacionan con mi profesión. Soy jurista y me he decantado por el estudio de la ciencia constitucional. Al leer la Gaceta Parlamentaria de la Cámara de Diputados –no lo hagan, es poco recomendable– (jajaja), me encuentro con un sinnúmero de propuestas, acuerdos, dictámenes, oficios e iniciativas, a los cuales les darán trámite (eso dicen).

Pero entre tantas iniciativas, hay una diferente: me refiero concretamente a la iniciativa presentada por Alfonso Ramírez Cuéllar, Mariana Benítez Tiburcio, Olga María Sánchez Cordero Dávila y Alfredo Vázquez Vázquez, y por las personas senadoras Javier Corral Jurado y Susana Harp Iturribarría. Todos miembros de Morena, es decir, del partido en el poder (ese que reformó el Poder Judicial).

No hay duda que existe una paradoja: el partido en el poder reestructuró –en su lógica– el Poder Judicial; ahora, son diputados y senadores de ese partido los que presentan una iniciativa que nos reconforta a todas y todos. Personas que intentan corregir o, al menos, atemperar lo aprobado con anterioridad.

El Poder Judicial, ese órgano que, a ti y a mí, ciudadanos de a pie, nos puede declarar inocentes o culpables, que nos puede obligar a pagar impuestos, a cerrar nuestros negocios si algo no les parece justo o lícito, que tienen la inmensa responsabilidad de hacer justica en el caso concreto, es decir, darle a cada quien lo suyo, es evidente que no nos debe parecer indiferente.

Ello implica razonamiento, implica empatía, implica acercarnos a la realidad y verla de frente, más allá de las filias y las fobias. Lo cierto es que hoy se presentó una iniciativa que pretende reformar los artículos 76, 94, 95, 96, 97, 98, 99, 100, 116 y 122 de la Constitución mexicana, en materia de elección de personas a cargos del Poder Judicial, suscrita por los diputados y senadores del partido Morena.

De acuerdo al DRALE, reconstruir significa volver a construir, rehacer, reedificar, recomponer. En suma, unir, allegar, evocar recuerdos o ideas para completar el conocimiento de un hecho o el concepto de algo. En esa lógica, es evidente que los impulsores de esta propuesta advierten esa necesidad de reconstruir al Poder Judicial, ya que la reforma constitucional publicada el 15 de septiembre de 2024 lo dinamitó.

Viendo el vaso medio lleno, advierto en esta iniciativa los siguientes puntos positivos:

1) Se advierte que la Suprema Corte no puede ejercer su competencia sólo sesionando en Pleno; son necesarias las extintas Salas. Se propone, por tanto, la existencia de Secciones en la SCJN. Más allá de la nomenclatura, es evidente que se han dado cuenta que la función judicial responde necesariamente a criterios de la ingeniería constitucional (e institucional).

2) Se advierte que no cualquier persona puede ser candidata a juez, magistrado o ministro, al punto de que se recupera la idea de que la persona postulada debe tener diez años de experiencia en el ejercicio de la profesión de jurista, cinco de los cuales deben ser dentro del Poder Judicial (se recupera la carrera judicial).

3) Se propone que las personas candidatas deban contar con la certificación de competencias vigente emitida por la Escuela Nacional de Formación Judicial (se retoma la importancia de la capacitación). Habría que ver cómo se implementa.

4) Se plantea que las personas candidatas no hayan sido militantes de un partido político, o haber desempeñado algún cargo de dirección o representación nacional o estatal de algún partido político. Ello propende a la imparcialidad judicial.

Como se advierte, esta iniciativa propone –quizá con otras nomenclaturas– volver en algo de lo fundamental a la estructura institucional anterior: pensar en la independencia del Poder Judicial.

Lo cierto es que, resulta hoy evidente, que una reforma constitucional visceral, generada desde el enojo, la sinrazón, la prepotencia y la venganza –como lo fue la reforma al Poder Judicial impulsada por el ex presidente López Obrador–, al no tomar en cuenta la ingeniería constitucional, no puede generar resultados positivos.

Esta iniciativa, en lo personal, significa un atisbo de luz; esa luz que se ve al final del túnel y que ilumina en un entorno en el que pareciera existir sólo obscuridad. Ojalá existan más legisladores que piensen en reconstruir las instituciones.

COLUMNAS ANTERIORES

Más allá de las licencias: repensar el sistema financiero
La prevención no es un checklist

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.