Colaborador Invitado

Data centers, IA y el riesgo de una burbuja financiera

En caso de que estas inversiones multimillonarias no reditúen lo esperado, podría producirse una corrección abrupta en la valoración de estas compañías, es decir, un estallido de la burbuja de la IA.

¿Qué pasará si las inversiones en inteligencia artificial (IA) no generan las rentabilidades prometidas?

En los últimos meses, se ha cuestionado la capacidad de la IA de cumplir su promesa económica, especialmente en relación con las necesidades de inversión en infraestructura para sostener el desarrollo de los grandes modelos de lenguaje (LLM, por sus siglas en inglés) como ChatGPT, Grok, Gemini, Meta AI o Claude, entre otros.

Goldman Sachs estima que tan sólo la inversión orientada a fortalecer y mejorar los sistemas de IA actuales puede ascender a 500 mil millones de dólares en 2026.

Esta cifra no tiene precedentes en la historia. De acuerdo con Reuters, el costo total del Proyecto Manhattan (la bomba atómica), en dólares constantes, ascendió a 30 mil millones, mientras que el programa Apolo (la misión para poner el hombre en la Luna) costó 298 mil millones.

En comparación, el acumulado de la inversión en IA desde el 2013 es de aproximadamente 2 billones de dólares (mayor al PIB de México en 2025).

Actualmente, esta inversión está liderada por las “siete magníficas” (Alphabet, Microsoft, Nvidia, Meta, Amazon, Apple y Tesla), cuya capitalización de mercado combinada asciende a 21 billones de dólares.

Estas empresas tecnológicas sostienen el elevado ritmo de inversión en data centers y, en general, en la infraestructura que soporta estos sistemas.

En caso de que estas inversiones multimillonarias no reditúen lo esperado, podría producirse una corrección abrupta en la valoración de estas compañías, es decir, un estallido de la burbuja de la IA.

La disminución súbita del precio de sus acciones podría, a su vez, frenar en seco este tipo de inversiones, lo que originaría una crisis financiera con posibles efectos devastadores en diversas ramas de la economía.

Este riesgo radica en que la mayoría de las inversiones se orientan a la construcción de megacentros de datos que, en términos de la industria tecnológica, sirven para “hiperescalar” su poder de cómputo en la nube.

Esto es lo que permite a los LLM y a la IA generar, por ejemplo, las caricaturas para los trends de TikTok. El problema es que, para construir estas megainstalaciones de servidores, se requiere desarrollar infraestructura de generación y distribución eléctrica capaz de cubrir el abastecimiento energético de una ciudad mediana, o incluso de un pequeño país.

Una señal inequívoca del gran apetito por la energía es el aumento del precio del cobre, que ha llegado a máximos históricos —las acciones de grandes mineras como Grupo México, con operaciones de refinación de cobre, también se han visto favorecidas por este ciclo alcista—.

No para de crecer la demanda de cobre por parte de empresas energéticas (como ABB, Siemens Energy y GE) que fabrican transformadores de distribución y de potencia, subestaciones eléctricas y turbinas de viento, entre otros equipos eléctricos que requieren bobinas de cobre en grandes cantidades.

Muchas de ellas ya tienen comprometida la producción del año en curso para la industria de los data centers.

Esta dinámica también impacta en sectores como el de las energías renovables, ya que la mayoría de granjas solares en Estados Unidos están orientadas a satisfacer las necesidades de los centros de datos de las grandes tecnológicas.

A ello se suman las materias primas necesarias para la fabricación de microchips —silicio y cuarzo de alta pureza, tierras raras y químicos especializados—, lo que provoca que más ramas industriales de la cadena de valor experimenten incrementos en su demanda.

Además, varias de estas empresas han financiado su crecimiento mediante deuda que, en caso de un colapso, podría derivar en impagos de deuda corporativa y, eventualmente, en una contracción del crédito a nivel mundial.

Otro aspecto a considerar es la exposición de los inversionistas institucionales —como los fondos de pensiones— que invierten directa e indirectamente en distintos eslabones de esta cadena de valor. Si se toman en cuenta todas las ramificaciones posibles, la economía mundial podría enfrentar una crisis global de una escala comparable a la de 2008.

Sin embargo, desde una perspectiva más optimista, conviene recordar que las olas de incertidumbre tecnológica también han dado lugar a transformaciones duraderas.

Así ocurrió en los años noventa con la transición de la economía industrial hacia la de servicios en Estados Unidos. En este sentido, también es posible que se esté presenciando finalmente el surgimiento de una economía del conocimiento con bases más perdurables en el tiempo.

Edgardo Cayón

Edgardo Cayón

Profesor del Departamento de Finanzas y Economía de Negocios de EGADE Business School.

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