Colaborador Invitado

La neutralidad es un animal escurridizo

Si bien Banxico ha dicho que su ciclo de recortes seguirá “evaluando todos los determinantes de la inflación”, también es cierto que el concepto de neutralidad –ese punto donde la política monetaria ni acelera ni frena la economía– es escurridizo, subjetivo y, como decía Greenspan, inusualmente incierto.

En 2004, Alan Greenspan ofreció una frase muy recordada: “Uncertainty is not just an important feature of the monetary policy landscape; it is the defining characteristic of that landscape.” El oráculo de la Reserva Federal hablaba entonces del auge inmobiliario, del impacto de China y del misterio de las tasas largas que no subían. Hoy podríamos repetir su frase palabra por palabra. Porque si algo reina en el entorno de la política monetaria mexicana es incertidumbre.

Este jueves, el Banco de México anunciará su penúltima decisión de política monetaria del año. Espero –como el consenso– un recorte de 25 puntos base, que llevaría la tasa de referencia a 7.25%. Con ello, se extendería un ciclo de relajación iniciado en 2024, que ha sido pausado y, en palabras del propio Banxico, condicionado.

Pero esta decisión es especial: por primera vez desde mediados de 2022, el nivel real ex ante de la tasa –es decir, descontando la inflación esperada a doce meses– entrará en el rango neutral que el propio banco estima entre 1.8% y 3.6%. En otras palabras, dejará de ser explícitamente restrictiva.

Esto marca un punto de inflexión. Si bien Banxico ha dicho que su ciclo de recortes seguirá “evaluando todos los determinantes de la inflación”, también es cierto que el concepto de neutralidad –ese punto donde la política monetaria ni acelera ni frena la economía– es escurridizo, subjetivo y, como decía Greenspan, inusualmente incierto.

En la encuesta más reciente de Finamex a inversionistas institucionales, el 100% espera un recorte. Además, un 62% proyecta que en 2026 la tasa cerrará en 6.5%. Estas expectativas reflejan bien el entorno: aún hay espacio para bajar, pero ese espacio es limitado.

Primero, por la trayectoria de la Reserva Federal. El tono más cauto de Jerome Powell tras la decisión de octubre –y las señales mixtas de más recortes en 2026– condicionan la ventana para que Banxico actúe sin perder su diferencial frente a EU. Segundo, porque algunos miembros de la Junta han señalado que estar en el rango neutral no implica dejar de ser restrictivo. Al menos tres integrantes consideran que la política seguirá siendo restrictiva, dadas la fortaleza del peso, la holgura económica y los rezagos del mecanismo de transmisión.

Esa aparente tranquilidad contrasta con una tensión más profunda: el desacuerdo sobre qué significa realmente la neutralidad. El mismo Banco de México estima un rango de neutralidad amplio con un punto medio en 2.7%. Pero esa amplitud permite lecturas divergentes.

Este debate marcará la dirección en 2026. No solo importa cuánto se reduzca la tasa, sino cómo se interpreta ese umbral. Por ahora, la inflación ha dado margen. Aunque el nivel general sigue por encima del objetivo de 3%, se mantiene dentro del intervalo de variabilidad. Y si bien la inflación subyacente —que excluye agropecuarios, energéticos y tarifas— se resiste a disminuir, el componente no subyacente ha sorprendido a la baja.

Pero ahí surgen las dudas. Este respiro está sostenido casi por completo en un supuesto: que los precios de frutas y verduras se normalizarán tras los choques previos. Si ese supuesto falla —por sequías, disrupciones logísticas o volatilidad estacional—, el panorama cambia. Además, 2026 traerá presiones nuevas: la actualización del IEPS, nuevos aranceles a importaciones de países sin tratado de libre comercio, y otro aumento al salario mínimo. Todo eso podría sesgar el balance de riesgos para la inflación.

En nuestra encuesta, 59% espera que Banxico actualice pronto sus proyecciones inflacionarias, pero 26% anticipa cambios hasta 2026. Eso sugiere que incluso entre especialistas hay percepción de complacencia ante las presiones por venir. En este contexto, la división interna en la Junta no debería sorprender. Lo más probable es que el recorte de esta semana no sea unánime. Algunos podrían empezar a endurecer su narrativa, preocupados por los riesgos inflacionarios. Otros podrían ver en los próximos meses la última oportunidad para recortar.

El resultado será una mayor disonancia. Como explicó Alan Blinder en “ Monetary Policy by Committee”, las decisiones de política monetaria tomadas por comités no responden a una lógica unitaria, sino al equilibrio entre múltiples visiones. Según él, la diversidad de opiniones y enfoques dentro de estos cuerpos colegiados es deseable y útil, pero también puede generar posturas encontradas.

Banxico está entrando en esa fase. La pregunta no es cuántos recortes quedan, sino cuánta cohesión puede mantener la Junta en un entorno más incierto. Lo que ocurra dependerá tanto de los datos como de las creencias: de cómo cada miembro interprete la neutralidad, la convergencia inflacionaria y la amplitud o estrechez de su ventana con la Fed. Porque en política monetaria, como en música, la armonía rara vez es total.

Víctor Gómez Ayala

Víctor Gómez Ayala

Economista en jefe de Finamex Casa de Bolsa y Fundador de Daat Analytics

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