Óscar Mario Beteta
Bien le valdría a Morena remediar cuanto antes divisiones internas y fracturas que dejaron su proceso de selección de la precandidatura a la Presidencia en 2024, si es que quiere llevarse el carro completo el próximo año.
De cara al proceso electoral más grande de la historia moderna en México, que arrancó el pasado 7 de septiembre, el partido guinda comienza con un traspié que debe superar.
La impugnación de la encuesta que impulsa el excanciller Marcelo Ebrard y una eventual salida están haciendo retumbar el piso del partido. El Movimiento de Regeneración Nacional lo sabe y como parte del control de daños, distintas voces han invitado a Ebrard a no romper lanzas, sabedores y sabedoras de que la unidad será fundamental para que el nuevo partido oficial intente llevarse, si no todas, la mayoría de las posiciones en disputa en 2024 para conseguir el anhelado Plan C del presidente Andrés Manuel López Obrador.
Por ello, Claudia Sheinbaum, ya ungida como nueva coordinadora nacional de los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación, ha comenzado a integrar en posiciones de su campaña rumbo a Palacio Nacional a personajes de la talla de Adán Augusto López, Ricardo Monreal y Gerardo Fernández Noroña en un intento por evitar el divisionismo, que es el verdadero desafío de los partidos políticos emanados de la izquierda, en los que las disputas por el liderazgo han resultado en verdaderos ajustes de cuentas que dejan damnificados por doquier.
La tarea no es sencilla. Con la cesión simbólica del bastón de mando, Morena y Claudia Sheinbaum deben estar listas para calibrar contrapesos y equilibrios en el reparto de los más de 20 mil cargos que están en juego, 128 escaños en el Senado, 500 diputaciones federales, nueve gubernaturas, congresos locales, 16 alcaldías en la CDMX, mil 580 ayuntamientos y 24 juntas municipales.
Esta tarea es fundamental, por decir lo menos, pues de ello depende en el fondo la unidad de Morena y la contención de liderazgos al interior del partido.
A esto hay que agregar que Morena tiene ante sí un Frente Amplio por México que “haiga sido como haiga sido”, llega unido a la contienda en torno a Xóchitl Gálvez, una candidata que inesperadamente se convirtió en la única y en la mejor opción de la oposición cuando se subió al cuadrilátero de la pelea por la Presidencia desde hace apenas tres meses.
Para Xóchitl las cosas tampoco son miel sobre hojuelas. Los ataques en su contra están a la orden del día, y la candidata del Frente Amplio por México debe andarse con pies de plomo y medir absolutamente todos sus movimientos para dar una buena batalla.
Hay que recordar que Xóchitl enfrenta una elección de Estado, la maquinaria de Morena, recursos ilimitados del gobierno, 23 gobiernos estatales y la popularidad y cariño hacia el presidente más votado en la historia del país.
En la campaña del 2000 un personaje como Vicente Fox logró romper la hegemonía que el PRI mantuvo durante 80 años y Felipe Calderón mantuvo en el poder al PAN por otros seis años, pero Fox no luchó contra nadie con la popularidad de AMLO y además recibió la ayuda del entonces presidente Ernesto Zedillo, y Calderón ganó por un margen de apenas 0.56 por ciento que aún sigue siendo cuestionado por la actual administración.
Y aunque al día de hoy la mayoría de las encuestas siguen marcando una ventaja amplia a favor de Claudia Sheinbaum habrá que estar muy pendientes de lo que finalmente se decida en Movimiento Ciudadano.
Al parecer MC irá solo y sus cartas fuertes son Samuel García —quien ayer sufrió un ataque por parte del frente opositor que amagó con negarle la licencia en el Congreso local para poder contender en 2024—, su fundador, Dante Delgado, Marcelo Ebrard (dependiendo de la decisión que tome) y Jorge Álvarez Máynez.
El partido naranja se fortalece como el fiel de la balanza para influir de manera determinante en todo este proceso.
SOTTO VOCE
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