Por Dr. José Miguel Domínguez, ex becario IVLP.
La visita a México del presidente de los Estados Unidos, Joseph Biden, con motivo de la 10ª Cumbre de Líderes de América del Norte, es una magnífica ocasión para reflexionar sobre la relación entre ambos países, ligados desde sus más profundas raíces en la política, la economía, la seguridad y muchos otros ámbitos. Sin embargo, una de las perspectivas más ricas, que vale la pena resaltar, es la que está orientada a lo que podemos llamar “el nivel de cancha”, es decir, las relaciones que se dan entre las personas ordinarias día a día.
Hacer una breve reflexión con este enfoque ayuda a separar, para el análisis, la estridencia generada por la conducta de muchos políticos que, tanto en México como en Estados Unidos, han perjudicado la relación binacional por sus propios intereses; por su afán de conquistar el poder; por congraciarse con sus audiencias; o por engrandecer su ego. Camuflar el interés personal para dar la imagen de un compromiso con el interés nacional es una práctica muy perjudicial.
Y es que, en años recientes, los pueblos de ambos países han padecido las consecuencias de declaraciones, o peor aún, de acciones de candidatos o de funcionarios de todos los niveles de gobierno, desde aspirantes a alcaldes hasta candidatos a presidentes, que polemizan por fortalecer su imagen ante un público muy específico, lastimando los puentes que desde hace tantos años fueron construidos.
Por fortuna, la relación más cercana entre México y Estados Unidos, la más productiva, la más sincera y entrañable, tiene lugar en otros espacios lejos de los reflectores, distantes de los encabezados y titulares de los medios.
Es la que se da entre las personas que han decido vivir en alguno de los dos países. Aquella que se da gracias a los turistas que cruzan ambos lados de las fronteras para acercarse a la cultura, las costumbres y tradiciones del otro país –entre enero y mayo de 2022, 5.3 millones de estadounidenses viajaron a México.
Es la conexión que surge del interés mutuo de inversionistas que buscan generar valor económico y deciden invertir su capital en ambas naciones –tan solo en septiembre de 2022, el comercio total de productos de Estados Unidos con México sumó 67,400 millones de dólares.
Una relación virtuosa que se alimenta de las decisiones de parejas que deciden unir sus vidas; y de forma destacada, de aquellos jóvenes que se animan a emprender estudios universitarios o simplemente mejorar su conocimiento y dominio del idioma inglés o del español. Estos vínculos cotidianos son los que reflejan la vitalidad de la relación entre ambos países.
Si nos alejamos del enfrentamiento, de la polémica, de la provocación y la ganancia personal, es entonces evidente que los gobiernos pueden hacer mucho en favor de las relaciones entre sus países y sus pueblos, pues es esta la única forma de generar bienestar. Disponer de los recursos políticos y económicos necesarios para promover y fomentar la cooperación y el desarrollo, es el camino correcto.
Un buen ejemplo de ello, una política pública diseñada para estrechar estos lazos, con visión a largo plazo y orientada a encontrar soluciones a problemas comunes a través de la participación activa de miembros de la sociedad, es el Programa de Liderazgo para Visitantes Internacionales (International Visitor Leadership Program, IVLP).
Esta iniciativa del gobierno de Estados Unidos, administrado por el Departamento de Estado, genera dinámicas muy favorables para el acercamiento entre profesionistas de todos los sectores de ambos países, quienes intercambian experiencias y conocimientos para fortalecer, entre otras, sus capacidades de análisis y gestión. Esto les permite trabajar en alternativas de solución a problemas sociales en temas tan diversos como desarrollo democrático, equidad de género, inclusión, derechos humanos, sustentabilidad o para la integración económica y social de migrantes.
Tan solo en el año 2022, este programa contó con la participación de 3,810 profesionistas, expertos y líderes de 179 países, quienes trabajaron en 420 proyectos y lograron vincularse con 113 comunidades en Estados Unidos.
El IVLP es un gran ejemplo de una política pública, pues genera las condiciones necesarias para que las personas de distintos países se relacionen e intercambien experiencias que ayuden a resolver problemas que impiden o dificultan el sano desarrollo de las personas.
En el caso de México y Estados Unidos, este tipo de programas encuentran suelo fértil gracias a los vínculos de amistad entre nuestros pueblos. No solo compartimos 3,175 kilómetros de frontera, labramos juntos amplias páginas de nuestra historia común, cuyos autores relevantes son las personas comunes quienes, al margen de lo que se desarrolla en las altas esferas diplomáticas y del poder, entablan lazos de amistad que propician una relación vibrante.