La estabilidad política y la gobernabilidad dependen, en buena medida, de la eficacia y resultados de los gobiernos y del estado de ánimo de la gente. La simulación, la ineficiencia y el gatopardismo cancelan sus sueños y las esperanzas de su realización. Sobran las razones que justifican el desánimo popular. Las administraciones públicas, de distintos credos ideológicos, no han dado resultados y han faltado a sus compromisos. Años perdidos y mandos fallidos.
El correr del tiempo es veloz e inexorable. Ya estamos en las postrimerías del gobierno de la 4T. A la vista el próximo proceso electoral para elegir nuevo presidente de la República. Es una oportunidad y un derecho ciudadano que debemos ejercer y darle la bienvenida a la participación política. El destino de nuestro país, el nuestro y el de nuestra familia los definiremos en las urnas. Defendamos el derecho al voto, es nuestra responsabilidad, no permitamos que otros definan nuestro futuro.
En el ambiente flota la necesidad de construir nuevas formas de participación política-electoral. Las actuales están desgastadas y lejos de los ciudadanos. Están dadas las condiciones para crear un nuevo movimiento político plural nacional que permita la convivencia civilizada de todas y de todos, respetando las diferencias, filiación política, creencias religiosas y la diversidad de pensamiento. Somos distintos, conciliemos nuestras coincidencias.
Los partidos políticos le han fallado a la gente. Se han olvidado de sus militantes y se han convertido en cotos de intereses y de poder. El colmo: la mayoría de sus dirigentes son plurinominales incapaces de ganar batallas electorales. El monopolio de las candidaturas y la cantidad de recursos que reciben los han convertido en rehenes de sus ambiciones y presas fáciles del poder.
México requiere, con urgencia, de un nuevo rostro de las y los políticos. Es la única forma de atraer electores a las urnas. Es un clamor y exigencia nacional la presentación de ciudadanas y ciudadanos con reconocido prestigio ante la opinión pública. Frente a la desconfianza en estas instituciones, la persona hace diferencia.
Por esta triste realidad sería un error que el surgimiento de Unid@s como nueva oposición sea un instrumento de los partidos para tratar de ocultar sus divisiones internas y el rompimiento de la alianza Va por México. Si esta apreciación es cierta, nace con un vicio de origen y corre el riesgo de una muerte anticipada. Más de lo mismo. Una simulación política, gatopardismo puro.
En mi artículo «A prueba las instituciones democráticas y los cimientos de la República», publicado por el diario El Financiero el primero de octubre, propuse la necesidad de crear un nuevo movimiento político nacional plural, que enarbole y defienda causas para fortalecer nuestra democracia y ampliar la base de participación ciudadana, combatir el abstencionismo y captar los votos de los ciudadanos invisibles. Una organización en la que participe todo mundo y cuya fuerza surja de la defensa de causas, que construya un discurso que mueva los sentimientos de las y los electores y proponga acciones concretas para su beneficio en seguridad, economía, salud, democracia, Estado de derecho y defensa de las instituciones democráticas.
Un movimiento encabezado y coordinado por líderes que la gente conozca y respete. Sólo con personajes de los diferentes grupos sociales, de reconocido prestigio y con propuestas concretas será viable este movimiento.
