Nuestro país vive momentos críticos y desafiantes. Están a prueba las instituciones democráticas y los cimientos que sostienen los principios de la República. Con el sacrificio de varias generaciones hemos construido un país respetado en el concierto de las naciones. Las y los ciudadanos debemos responsabilizarnos de su destino. Nadie vendrá a hacer lo nuestro, encarguémonos de nuestra tarea.
La travesía exigió coraje, determinación y sacrificios. La libertad es nuestra conquista mayor y nuestro patrimonio más importante. La democracia, nuestro instrumento de realización plena. Después de varias décadas de gobiernos de partido único, por fin, por la exigencia social, logramos la transición democrática y la alternancia del poder.
Ahora, nuestra máxima responsabilidad es preservar lo alcanzado, defender y ensanchar nuestras libertades y consolidar nuestra democracia.
El mundo está en problemas, México también. A la pandemia, inseguridad, parálisis económica e inflación sumamos la polarización política. La división y el desencuentro social han permeado hasta en el seno familiar. La lucha de los contrarios, en pleno desarrollo. El gobierno ha encontrado en la denuncia pública del pasado, en especial, de la corrupción del neoliberalismo, una fuente inagotable de fortalecimiento.
El conflicto y el desencuentro evitan sumar energía y voluntades para encauzar el debate político y dar soluciones a los problemas del presente y visualizar y plantear las acciones de futuro. En el pleito no hay salida política posible, estamos en pleno desperdicio de oportunidades. Es una lástima y un contrasentido humano. El griterío aturde a la gente y paraliza las iniciativas de renovación nacional.
Los partidos políticos opositores no han podido sacudirse el lastre del pasado. Han descuidado los valores esenciales que dieron sustento y legitimidad a su lucha. No han podido construir un discurso contestatario a la denuncia oficial que convenza a la gente. Lo más delicado: le han dado la espalda a sus militantes. Las y los ciudadanos no encuentran refugio y protección y han perdido la confianza en estas instituciones electoreras.
La autocomplacencia postra e inhibe el cambio y la transformación. Una cantidad respetable de la población está al margen del acontecer del país, es invisible y no le ha importado lo que sucede en nuestra casa. Sacudamos la molicie y pongamos fin a este silencio irresponsable. Son tiempos de definiciones y de participación ciudadana, no podemos cruzarnos de brazos y dejar que otros ejerzan nuestros derechos políticos.
En cada pueblo, en cada esquina, en las rancherías, en las aulas académicas, en los talleres, en el campo, en sus acahuales está el clamor de construir un país más justo y de oportunidades, no podemos estar ausentes de este reclamo popular.
Llegó la hora de la participación ciudadana. El tiempo de la responsabilidad y el trabajo colectivo. El momento de los hechos y de las realidades.
Debemos darle cauce democrático a esta inquietud social y construir juntos un nuevo movimiento político plural que enarbole causas sociales en beneficio de nuestra gente. Esta iniciativa política permitirá la convivencia armónica y civilizada de todas y todos, respetando nuestras diferencias, nuestras creencias políticas y religiosas, nuestra diversidad de pensamiento. Somos distintos, conciliemos nuestra convivencia.
No podemos pedirle a la gente más pobreza franciscana. Hoy hay más pobres que ayer, más homicidios, más inseguridad, menos oportunidades de trabajo y educación y un desmesurado incremento de precios de los productos básicos.
Tomemos conciencia de esta dramática realidad y sumémonos a las filas de este nuevo movimiento reivindicador de nuestras causas y necesidades.
Es la oportunidad de crear algo nuevo y rescatar la confianza perdida de las y los ciudadanos en la política. En las urnas se definirá el rumbo del país, pero también nuestro futuro familiar, educación, seguridad, empleo, libertad, apoyos sociales, salud, vivienda y respeto a la dignidad humana.
Pronto estaremos en pleno proceso electoral, ya se divisa tierra firme para entrar en batalla política. Será el momento propicio para expresar nuestra voluntad ciudadana, refrendar en las urnas los valores esenciales de la libertad y hacer realidad el ejercicio democrático de elegir a nuestros gobernantes.
