Recientemente participé en la Conferencia Regional de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI) para América Latina y el Caribe, realizada en Montevideo, Uruguay.
El encuentro reunió a representantes de gobiernos, sector privado, academia y organismos internacionales para conversar sobre el futuro de la industrialización en la región y sobre transformaciones que ya están modificando la producción, como la digitalización, la inteligencia artificial, la transición ambiental y la descarbonización de las cadenas globales de valor.
A partir de estas conversaciones, considero que México y Centroamérica tienen ante sí una oportunidad importante: avanzar hacia un desarrollo industrial que no dependa únicamente de su ubicación geográfica o de los costos de producción, sino de la capacidad de sus industrias para contribuir a las soluciones que todos necesitamos a través de la innovación, nuevas tecnologías y la generación de mayor valor agregado.
Durante los últimos años, buena parte de la conversación industrial en la subregión estuvo marcada por el nearshoring.
La relocalización de cadenas de suministro seguirá siendo relevante, especialmente por la cercanía con Estados Unidos.
Sin embargo, la incertidumbre geopolítica y los cambios en las políticas comerciales invitan a ampliar la mirada.
La pregunta ya no debe ser solamente cuánta inversión podemos atraer, sino qué tipo de inversión queremos y qué capacidades puede contribuir a desarrollar.
En distintos países de la subregión ya existen esfuerzos que apuntan en esa dirección. En México, el Plan México plantea elevar el contenido nacional y regional y fortalecer las capacidades productivas locales, mediante el desarrollo de proveedores y una mayor incorporación de valor agregado localmente.
Guatemala muestra el potencial de profundizar la integración económica regional y fortalecer el comercio con los países vecinos, exportando más a Centroamérica que a los Estados Unidos.
Honduras está explorando un marco nacional de ecoparques industriales como una vía para atraer inversiones más sostenibles y avanzar hacia modelos productivos más eficientes.
En Costa Rica, los esfuerzos para incorporar herramientas de inteligencia artificial en la formación técnica reflejan la importancia de preparar a jóvenes y trabajadores para una industria cada vez más digitalizada.
Uno de los temas que considero especialmente relevantes para nuestra región es precisamente la inteligencia artificial aplicada a la industria.
Con frecuencia, cuando hablamos de IA pensamos en grandes empresas tecnológicas o en herramientas generativas.
Sin embargo, su potencial industrial es mucho más amplio: puede ayudar a anticipar fallas en maquinaria, mejorar el mantenimiento preventivo, automatizar el control de calidad, realizar simulaciones para desarrollar nuevos productos y optimizar las operaciones de fábricas con gemelos digitales.
Para las pequeñas y medianas empresas, estas aplicaciones pueden traducirse en mayor productividad, mejores estándares de calidad y nuevas posibilidades de acceso a mercados.
Pero existe una condición fundamental: no podemos aprovechar plenamente la inteligencia artificial sin avanzar primero en la digitalización.
Las empresas necesitan generar datos confiables y, sobre todo, contar con ingenieros, técnicos y profesionales capaces de convertir esa información en decisiones.
Lo mismo ocurre con la transición ambiental. La economía circular no debe verse solamente como una herramienta para reducir residuos o cumplir nuevas exigencias regulatorias, sino como un espacio para la innovación industrial.
Los empaques sostenibles, el aprovechamiento de residuos agrícolas y las tecnologías limpias pueden convertirse en oportunidades para generar inversión, empleo y nuevas soluciones desarrolladas desde la propia región.
La Conferencia también permitió conocer experiencias de distintos países de América Latina y el Caribe en política industrial, economía circular, digitalización e innovación.
Este intercambio es valioso porque nuestra región puede aprender de las experiencias que funcionan, adaptarlas a sus propias realidades y fortalecer una cooperación que permita construir cadenas de valor más integradas.
El futuro industrial de México y Centroamérica dependerá de las capacidades que decidamos construir hoy.
Una inversión que busca solamente bajos costos puede generar empleo; una inversión que se vincula con proveedores locales, desarrolla talento, incorpora tecnologías limpias y estimula la innovación puede transformar una economía.
Ese es el salto que la región debe aspirar a dar.
*Johannes Dobinger es representante de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI) para México y Centroamérica. Su trabajo se enfoca en impulsar la cooperación para el desarrollo industrial inclusivo y sostenible, la innovación, la competitividad y la transformación productiva en la subregión.
