Clemente Ruiz Duran

El verano de 2022: desencuentros y conflictos

Estamos a unos días del inicio del verano, lo cual debería ser momento de jubilo; sin embargo, pareciera que será un verano caliente y con desencuentros.

Estamos a unos días del inicio del verano, lo cual debería ser momento de jubilo; sin embargo, pareciera que será un verano caliente y con desencuentros. La economía debería estar caminando hacia la recuperación y la inflación debería haber cedido, no obstante, este camino parece bastante sinuoso y lleno de incógnitas, derivado de los desencuentros a nivel global y nacional. Esta situación fue confirmada ayer en la duodécima Reunión Ministerial de la Organización Mundial de Comercio, la cual expresó su preocupación por las perturbaciones del comercio, los precios récord y la excesiva volatilidad de los productos alimentarios y agrícolas, lo que podría socavar la seguridad alimentaria en todos los miembros, incluidos los países en desarrollo, y particularmente en los países en desarrollo importadores netos de alimentos y menos adelantados, así como el deterioro de los términos de intercambio, que han sido afectados de manera desproporcionada por la crisis. Esta situación del desabasto alimentario debería ser retomado como un elemento clave para el debate nacional, ya que gran parte del problema de la inflación deriva de este proceso de desabasto, lo que no se soluciona con un alza en las tasas de interés.

A esta preocupación se añade la inestabilidad financiera que se ha dado en las últimas semanas en los mercados financieros, los cuales reflejan, sin lugar a duda, un problema de cálculo del comportamiento de la economía mundial. La expectativa era que las tendencias de crecimiento se hubieran consolidado y que la inflación hubiera sido abatida. Sin embargo, la prolongación del conflicto armado en Europa es un elemento que no había sido considerado por los responsables de la economía; no es lo mismo planear en tiempos de paz que cuando se da un conflicto mayúsculo que altera la provisión de bienes básicos y energéticos. La administración Biden hizo un mal cálculo sobre el conflicto Ucrania-Rusia, no esperaba que los efectos de suministro llegaran a impactar de tal forma a su economía. No se valoró que el proceso se daría justo al finalizar la pandemia, lo que combinado resultó en un cuadro sumamente explosivo: inflación de 8.6 por ciento a mayo en EU. Los optimistas que auguraban un descenso de la inflación hasta 4 por ciento interanual a final de año guardan silencio mientras aumenta el temor a la estanflación, el fenómeno definido por una inflación elevada y escaso crecimiento, así como a la recesión. El objetivo ideal de inflación de la Reserva Federal, de 2 por ciento, parece hoy más que nunca a años luz. Todo esto afectará de manera importante a la economía mundial, que se verá arrastrada a la búsqueda de la estabilidad, sacrificando el crecimiento y la recuperación global.

En México se ha sumado un proceso de sucesión adelantado que viene a enrarecer aún más el panorama, lo que combinado con un clima de violencia desatado que pareciera superarse día con día, llevarán al país a una situación de bajo crecimiento y alta inflación. La Administración actual parece no haber considerado todos estos elementos y parecieran ignorar el problema que tiene la inseguridad sobre los negocios y sobre la formación de precios.

En esta perspectiva, es momento de repensar al país. Tenemos que admitir que la inseguridad en el abasto deriva en gran parte del problema de la violencia e inseguridad en el transporte, el cual día con día nos enteramos de nuevos incidentes, el último el del puerto de Manzanillo y la sustracción de contenedores que han sido robados por el crimen organizado. Esto requiere de una operación que asegure el abasto de mercancías, es necesario que el gobierno dé a conocer un plan para esta situación. Esto es el día con día, la inseguridad está llegando a niveles que el país no conocía, y dando lugar a procesos de ajusticiamiento por parte de las propias comunidades, como en el caso de Puebla.

Es momento de una reforma en el sistema de seguridad, cualquier sistema económico para funcionar requiere de certidumbre, para ello se requiere de una reforma que dé certidumbre a la población y a los negocios. No podemos tolerar más violencia porque esto va a acabar por destruir la convivencia nacional. Es momento de reformas, la primera de ellas debe ser la de la convivencia pacífica que permita que todo mundo pueda trabajar sin tener que enfrentar la violencia. El crecimiento de la economía depende de un sistema estable que asegure a los negocios y a las familias un clima de paz y seguridad como requisitos para la prosperidad.

COLUMNAS ANTERIORES

Visiones divergentes y asignaturas pendientes
VW, un hito de cooperación en la reestructuración del país

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.