Clemente Ruiz Duran

Ante la adversidad, generar una visión de futuro

La construcción de una visión de futuro implica, como dice el economista Oded Galor, “pensar más allá del corto plazo”.

En el pasado, cuando iban las cosas mal en casa, la expectativa era que el mundo se expandiera y jalara a la economía mexicana. 2022 ha resultado ser un año más convulso de lo esperado, el conflicto de Ucrania-Rusia ha impactado negativamente las expectativas de crecimiento en todo el mundo, a lo que se han sumado las secuelas de la pandemia que han creado problemas de abastecimiento global, lo que ha llevado al mundo a un aumento generalizado de precios, fundamentalmente por desabastecimientos. En esta perspectiva se presenta una serie de megatendencias que valdría la pena tener presentes para lo que resta del año para analizar escenarios alternativos.

En esta perspectiva, el conflicto Rusia-Ucrania se mantendrá y esto continuará ocasionando disrupciones de abastecimientos en diversas partes del mundo, especialmente en el sector agroalimentario, ya que la región se conoce como el granero del mundo. A lo anterior se suma el papel que juega Rusia en el abastecimiento de gas y petróleo, así como derivados como fertilizantes, lo que ha desquiciado el abastecimiento global, motivando el reacomodo del abastecimiento energético en Europa y otras partes del mundo. En este reacomodo, la región de Medio Oriente se ha visto impulsada ya que ha sido el comodín para compensar los desabastos energéticos.

Estas disrupciones han cambiado para 2022 la geografía del crecimiento, la región que se espera que mantenga su dinamismo es China con un 5 por ciento de expansión e India con 7 por ciento, ambos basados en su mercado interno. Crecimientos similares se esperan para países del sudeste asiático tales como Malasia, Filipinas e Indonesia. Esta situación se torna menos favorable para Estados Unidos y la Zona Euro en donde la expansión prevista se sitúa en 3 por ciento. En la región de América Latina, Argentina y Colombia tienen una perspectiva de crecimiento de alrededor de 4 por ciento, en el resto se prevé un lento crecimiento, incluido México, en donde se apunta a una expansión por debajo de 2 por ciento.

Este desigual panorama parece apuntar a la falta de visión de largo plazo que lleva a que los países más débiles reaccionen frente a la situación en vez de construir sus propios escenarios de crecimiento, entre ellos, México. Oded Galor, economista de la Universidad de Brown, Estados Unidos, en su reciente libro El viaje de la humanidad (editorial Destino) señala que “Las sociedades más prósperas tienen una mentalidad de futuro”. Retomando esta propuesta de Galor, México y las sociedades latinoamericanas no han logrado articular una visión de futuro y ante disrupciones como la que estamos viviendo, caemos en grandes procesos disruptivos que hacen más difícil articular las acciones necesarias para reordenar el desarrollo económico-social-político.

La construcción de una visión de futuro implica, como dice Galor, “pensar más allá del corto plazo. Las sociedades que tienen paciencia y miran al futuro tienden a ser más prósperas. Y es importante porque quien piensa en el futuro es más consciente de que es importante invertir en la educación de sus hijos, que deben ahorrar y pensar en tecnología que mejore el futuro. Podemos diseñar modelos educativos que refuercen esa mentalidad orientada al futuro. No hay un modelo general con recetas para todos.

Articular una visión de largo plazo es un proceso social que requiere de un gran esfuerzo cooperativo que construya los cimientos de esa visión de futuro. Los europeos lograron articular su futuro en la Unión Europea en torno a fijar un piso social básico que garantizara el bienestar a su población, China logro instrumentar un modelo productivo basado en la reconstrucción del país y el establecimiento de un desarrollo tecnológico que dinamizara su aparato productivo, de igual forma Estados Unidos articuló un modelo de largo plazo ligado a la defensa y a la exploración espacial. México debería de fijar esos parámetros que le permitan alcanzar una mayor dinámica económica, que bien podría ser una combinación del esquema de bienestar europeo de igualdad social con un modelo productivo orientado hacia tecnologías que permitan enfrentar el cambio climático. Lo importante es que el debate del día a día se oriente hacia esta visión de futuro, ya que, si insistimos en zanjar las diferencias sin esa visión de largo plazo, el proceso será más difícil y conflictivo.

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