Este mes se cumplen 40 años de la formación del Consejo Estudiantil Universitario (CEU) en la UNAM.
Ahora, antiguos protagonistas del CEU cuentan en redes sociales una épica que va de la defensa de la universidad pública, pasa por la gesta democratizadora y termina con la llegada de esa generación al poder.
Incluso en la conferencia de prensa matutina en Palacio Nacional, la semana pasada se presentó un video donde se afirma que el CEU es “precursor del humanismo mexicano”, ese término contradictorio con el que el oficialismo busca definir su ideología. Pero la historia no es tan simple, épica, ni lineal. Veamos.
El Consejo Universitario de la UNAM aprobó en septiembre de 1986 reformas que limitaban el número de exámenes extraordinarios que podía hacer un estudiante, limitó el “pase automático” a la licenciatura para los alumnos de bachillerato e introdujo figuras como los exámenes departamentales para aprobar las asignaturas.
En el contexto de la profunda crisis económica de los años 80, los estudiantes identificaron esas medidas como amenazas y exigieron su cancelación.
Se dieron nutridas manifestaciones, no vistas desde 1968. La rectoría accedió a un diálogo público en el auditorio de la Facultad de Filosofía y Letras, que se transmitió por Radio UNAM. En aquel México autoritario, el diálogo entre la autoridad y los inconformes era inusual. Fue todo un acontecimiento político.
Al inicio de 1987, el CEU decide llevar a la UNAM a una huelga indefinida. Unos días después, el rector Carpizo propuso al Consejo Universitario la derogación de las reformas y la realización de un Congreso resolutivo.
La autoridad cedía. Ahí empezaron las divisiones en el CEU: hubo una enorme resistencia a levantar la huelga. Carlos Monsiváis escribió en Cuadernos Políticos una magnífica crónica de aquellas discusiones, donde Ricardo Becerra llamaba a sus compañeros a superar “la cultura de la derrota”. La huelga se levantó.
En el CEU se formaron tres grandes corrientes: la llamada histórica, de los líderes más visibles; la “coordinadora”, más radical, contraria a todo acuerdo con las autoridades, y la Corriente de la Reforma Universitaria (CRU), que sostenía que la defensa de la universidad pública necesariamente pasaba por la mejoría de la calidad de la docencia, la investigación y la difusión de la cultura.
Pasaron los años en la Comisión Organizadora del Congreso y éste no llegaba. La CRU decidió alcanzar acuerdos con académicos y la rectoría para destrabar el conflicto y realizar el Congreso.
En 1990 se celebró el Congreso, del que salieron algunos acuerdos relevantes, como la aceptación de la evaluación al trabajo académico y la creación de los Consejos Académicos de Área.
El Congreso discutió modificar las formas de gobierno de la UNAM, pero no se alcanzó el consenso mínimo. Después del Congreso, poco a poco, el CEU se diluyó.
Es cierto que miles de estudiantes participaron en la movilización en defensa del voto en 1988.
Pero el reclamo democratizador y la apertura política avanzaban desde antes.
Luego, varios exintegrantes del CEU se sumaron al PRD y otros a Morena, donde algunos han tenido cargos más que relevantes y han sido protagonistas directos de decisiones políticas que marcan al país.
El proceso de democratización de México pasó por edificar instituciones electorales autónomas y condiciones de equidad en la contienda política, por hacer efectiva la división de poderes y acotar el abuso del poder presidencial. Conquistas que los gobiernos recientes han revertido.
El CEU impulsó y se benefició del diálogo público; ahora desde el poder se niega todo diálogo con quien disiente.
La reivindicación de elecciones justas hoy tiene por respuesta la captura de autoridades electorales y el adelanto de las campañas oficiales, violando la ley.
La voluntad popular depositada en las urnas no se respeta de forma cabal: el gobierno pasa de 54 por ciento de los votos a 73 por ciento de los diputados, en una sobrerrepresentación antinconstitucional.
En vez de justicia independiente, el gobierno puso a su servicio al Poder Judicial.
Si el CEU se dijo heredero del 68, los gobiernos de Morena abrazaron la militarización.
El CEU reclamaba financiamiento suficiente a la educación superior; desde 2019 el gobierno ha recortado 31 por ciento del presupuesto a las universidades públicas.
En las lejanas jornadas del CEU, la discrepancia y la crítica al poder eran habituales. Siguen siendo indispensables.