Carlos Serrano Herrera

La economía está en proceso de recuperación

Tras varios trimestres de debilidad, la economía está entrando en una recuperación gradual que descansa en tres motores: el consumo, la inversión y las exportaciones.

La actividad económica en México muestra, por fin, un punto de inflexión claro. Tras varios trimestres de debilidad, la economía está entrando en una recuperación gradual que descansa en tres motores: el consumo, la inversión y las exportaciones. Ninguno de ellos, por sí solo, sería suficiente para revertir el estancamiento de la última década, pero juntos sugieren que la desaceleración ya tocó fondo.

El consumo ha mostrado una resiliencia notable y buena parte de esa resiliencia se explica por las extraordinarias ganancias de la masa salarial real de los últimos años.

La inversión es, quizás, la señal más importante de este ciclo. La construcción muestra dinamismo, en parte por la activación de proyectos de infraestructura y vivienda, y ya se perciben señales iniciales de recuperación en maquinaria y equipo. Este es el rubro que más determina el crecimiento potencial de una economía, porque es el que incorpora capacidad productiva nueva. Sin embargo, es necesario señalar que la inversión en maquinaria no ha regresado a niveles que permitan hablar de un auge. Se trata de un repunte que todavía debe consolidarse.

Las exportaciones, por su parte, están mostrando un dinamismo muy elevado. La integración productiva con América del Norte ha permitido que el sector exportador responda con fuerza a la demanda externa, particularmente en el ámbito manufacturero, con tasas de crecimiento cercanas al 30% anual. Sin embargo, conviene matizar este desempeño: el auge exportador no se traduce necesariamente en un crecimiento equivalente de la economía mexicana. Una parte importante de este dinamismo está vinculada al fuerte aumento de la inversión en inteligencia artificial en Estados Unidos, que ha impulsado la demanda de servidores y equipos informáticos producidos en México. No obstante, el valor agregado nacional de estas exportaciones es muy reducido, con estimaciones que lo sitúan entre el 3% y el 7%. Esto limita considerablemente su efecto multiplicador sobre la actividad económica interna.

Ahora bien, que la economía muestre un punto de inflexión no significa el fin del entorno de bajo crecimiento. La productividad sigue rezagada y la inversión pública está limitada por el bajo espacio fiscal. Un repunte cíclico puede llevar la economía a crecer por encima de su tendencia durante unos trimestres, pero no altera por sí mismo los determinantes estructurales del largo plazo. No hay nada que sugiera que la tasa potencial de crecimiento esté aumentando.

El boom de la inteligencia artificial en Estados Unidos presenta una oportunidad enorme para la inversión y para la producción manufacturera. Los centros de datos, la infraestructura eléctrica, los equipos de cómputo y sus componentes requieren una cadena de suministro que, en buena medida, se está reconfigurando hacia América del Norte. México tiene la posibilidad de participar en esa reconfiguración. Pero para aprovecharla, el país debe acelerar la inversión privada en electricidad y mejorar la percepción de Estado de derecho, idealmente revirtiendo la reforma al sistema judicial.

El reto estará en propiciar un proceso similar al que experimentó la industria automotriz incrementando gradualmente el valor agregado nacional de la producción. Cuando se firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), México era fundamentalmente un país de ensamblaje de automóviles. Sin embargo, con el paso del tiempo se fue desarrollando una industria de autopartes cada vez más sofisticada, competitiva y de alta calidad, que permitió elevar significativamente el contenido nacional de la producción. Un proceso similar podría darse en la industria de servidores y equipos informáticos utilizados en inteligencia artificial, de manera que México avance progresivamente desde las actividades de ensamblaje hacia segmentos de mayor valor agregado dentro de la cadena productiva.

Hay, además, una ventaja que conviene aprovechar con claridad. La posibilidad de exportar una amplia gama de bienes a Estados Unidos libres de arancel posiciona a México como uno de los países más competitivos para producir y vender a ese mercado. Pocas economías del mundo pueden ofrecer ese acceso preferencial.

La economía mexicana tiene razones para mirar al futuro con más optimismo que hace un año. El consumo resiste, la inversión repunta y las exportaciones tienen un impulso real. Que la economía haya tocado fondo es una buena noticia, pero no es suficiente. El repunte del consumo, la inversión y las exportaciones sólo se convertirá en una trayectoria de mayor crecimiento si México usa esta coyuntura para resolver sus cuellos de botella: la energía, la certidumbre jurídica y la capacidad de agregar valor en la cadena de suministro.

COLUMNAS ANTERIORES

El regreso de las tasas largas
La pérdida del grado de inversión es evitable

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.