En el año, la depreciación acumulada del peso ha sido de sólo de 0.4%, pero en el último mes la moneda nacional se ha depreciado 6.5% frente al dólar. Es decir, prácticamente todo el ajuste del año se ha concentrado en unas cuantas semanas. Vale la pena entender qué lo explica y, sobre todo, si debe ser motivo de preocupación.
Lo primero que hay que decir es que esta depreciación no se explica por factores idiosincráticos de México. Obedece a que los mercados han incorporado la posibilidad de que la Reserva Federal suba la tasa de interés bastante más de lo que se esperaba hace apenas un mes. Mayores tasas en Estados Unidos hacen más atractivo invertir en instrumentos denominados en dólares, y eso ha provocado que el dólar se aprecie contra la mayoría de las monedas, no sólo la mexicana.
Ahora bien, es cierto que el peso se ha depreciado más que otras monedas emergentes, pero esto no es inusual. Cuando hay movimientos globales, ya sea que el dólar se fortalezca o se debilite, el peso suele tener, inicialmente, movimientos más marcados que el resto de las monedas emergentes. La razón es que es –por mucho– la moneda más líquida de ese grupo y, por lo tanto, es la que se utiliza con mayor frecuencia para tomar o deshacer posiciones ante cambios en el entorno global. Esto hace pensar que ahora puede darse una apreciación en las próximas semanas.
En parte, la mayor depreciación del peso también se explica porque el mercado incorpora más subidas de tasa en Estados Unidos que en México. Para Estados Unidos, el mercado anticipa cuatro subidas adicionales de 25 puntos base cada una en los próximos 12 meses, mientras que para nuestro país se asumen sólo dos subidas más. Cabe señalar que en BBVA Research creemos que esto no ocurrirá: en Estados Unidos esperamos una o dos subidas más, y en México anticipamos que Banxico se mantendrá en pausa.
En cualquier caso, lo que se pronostica es que el diferencial de tasas de política monetaria entre México y Estados Unidos se reduzca todavía más. Esto no es menor si se toma en cuenta que actualmente este diferencial se ubica en 250 puntos base, el nivel más bajo desde que Banxico adoptó la tasa de interés como instrumento de política monetaria. Un diferencial más estrecho reduce el atractivo relativo de los activos en pesos, y eso también ha pesado sobre la cotización.
Dicho lo anterior, creo que la depreciación que hemos visto este mes no debe ser motivo de preocupación, por tres razones.
En primer lugar, porque el traspaso del tipo de cambio a los precios en México es ahora muy bajo, y en las partes bajas del ciclo económico es cercano a cero. Esto lo corroboran diversos estudios del Banco de México. Es decir, no es de esperar que el movimiento cambiario se traduzca en presiones inflacionarias relevantes.
En segundo lugar, porque depreciaciones como esta no deberían dar lugar a episodios de inestabilidad financiera. Los balances de bancos y empresas, en su conjunto, no muestran descalces cambiarios significativos.
En tercer lugar, porque incluso con esta depreciación, que ya incorpora las cuatro subidas adicionales de la Fed que descuenta el mercado, el tipo de cambio sigue estando sobrevaluado. La estimación de BBVA Research México es que su valor de equilibrio es de alrededor de 18.9 pesos por dólar. En este sentido, la depreciación debe ayudar a la economía, en particular al sector turismo y a algunos sectores exportadores.
Creo además que el Banco de México, como lo mencionó explícitamente en su comunicado, puede desligarse más de la Reserva Federal. No sólo porque México está en una parte distinta del ciclo económico que los Estados Unidos, sino también porque el crecimiento del ahorro interno ha venido reduciendo nuestra dependencia de flujos del extranjero. Desligarse estrecha aún más el diferencial de tasas y presiona al peso, pero es un efecto que Banxico puede asumir precisamente por las razones anteriores: el traspaso a precios es bajo y no hay descalces cambiarios relevantes.
¿Qué esperar del tipo de cambio hacia delante? Es muy difícil definirlo con precisión. Pero si se soluciona el problema en el estrecho de Ormuz y se reducen los precios del petróleo, bajarían los precios de energéticos y con ello las expectativas de subidas de la Fed. En ese escenario, el peso tendría espacio para recuperar parte de lo que se ha depreciado. Por otra parte, mientras el conflicto subsista será más probable observar niveles como los actuales.