Carlos Serrano Herrera

La difícil y paradójica decisión de la Fed

En Jackson Hole, Kevin Warsh (presidente de la Fed) dio un discurso que se consideró hawkish y que hizo pensar que se podrían subir las tasas.

La semana entrante hay reunión de la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal. Hacía mucho tiempo que, a una semana de una decisión, no había tanta incertidumbre sobre su resultado. Algunos analistas bancarios pronostican una subida y muchos otros una pausa. El mercado de futuros tiene una probabilidad implícita de 60% de que aumente la tasa, mientras que el mercado de apuestas Polymarket tiene una probabilidad de subida de 54%.

Si se tomaran consideraciones puramente económicas, la Fed debería subir. La inflación general se ubica en 3.4%, siendo que la meta es de 2%. La subyacente, que anticipa mejor la tendencia al eliminar los componentes más volátiles, que son energía y alimentos, está en 2.5%. Que se encuentre por debajo de la general no es motivo de tranquilidad: lo relevante es que la subyacente tampoco haya regresado a la meta y lleve ya un periodo prolongado por encima de ella. Es decir, no estamos frente a un problema de precios de energía o alimentos que se corrija solo, sino frente a una inflación que dejó de converger. La última parte del camino hacia el 2% no se ha recorrido, y no hay evidencia de que la postura monetaria actual la vaya a recorrer. Hay que notar que la inflación en Estados Unidos lleva cinco años por encima de la meta.

Por otra parte, el mercado laboral sigue fuerte. La tasa de desempleo, en parte por una reducción en la fuerza laboral, está en 4.1%, una décima debajo del nivel que la Fed considera de pleno empleo. En agosto se crearon 162 mil empleos nuevos, muy por encima de lo esperado. Y todos los analistas esperan que la economía crezca este año por encima de la tasa potencial.

Así, todo sugiere que la postura monetaria actual no ha sido suficiente para lograr una convergencia de la inflación hacia la meta. Por ello, este contexto de economía y mercado laboral fuertes, inflación elevada y una postura monetaria que no ha logrado reducir la inflación harían pensar que se deben subir las tasas.

Y sin embargo, hay mucha incertidumbre en torno a la decisión. En buena medida por que se piensa que el nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, no va a querer causar un desencuentro con la Casa Blanca, que ha manifestado de forma muy abierta que se deben bajar las tasas de interés.

Warsh ha dicho en alguna ocasión que quizá se puede tener una política monetaria más laxa debido a que los cambios que va a traer la inteligencia artificial van a mejorar la productividad, y eso significará un choque positivo de oferta que contendría la inflación. El problema es que esos efectos en la oferta todavía no son claros, mientras que estamos viendo una enorme ola de inversiones en inteligencia artificial que están impulsando la demanda agregada, lo cual es inflacionario.

Además, las tasas de interés de largo plazo han aumentado de forma considerable, en parte haciéndole la tarea a la Fed, lo que se podría interpretar como que hay menos necesidad de subir.

Pero, por otra parte, en Jackson Hole, Warsh dio un discurso que se consideró hawkish y que hizo pensar que se podrían subir las tasas. En esas estamos.

En parte, las tasas de interés de largo plazo han aumentado por los temores en torno a la política fiscal en Estados Unidos, por las enormes emisiones de deuda que hacen las empresas tecnológicas para financiar la inversión en inteligencia artificial, así como por los temores a una mayor inflación ante una Fed que pudiera ser menos independiente y tolerar más inflación.

Por ello, paradójicamente, una subida de tasa podría no solamente no aumentar las tasas largas, sino incluso disminuirlas. La parte del incremento en las tasas de mayor plazo que responde a una prima de riesgo inflacionario y a las dudas sobre la autonomía de la Fed se revertiría si ésta muestra que sigue actuando conforme a su mandato. Y eso ayudaría a lo que persigue el presidente Trump, en términos de que las familias puedan adquirir más bienes y las empresas invertir más. Al final de cuentas, las decisiones de inversión de las empresas y de tomar una hipoteca de las familias, dependen más de las tasas de más largo plazo.

Veamos qué ocurre en esta nada fácil decisión. Dicho todo lo anterior, en BBVA Research México pensamos que lo más probable es que se mantenga la pausa.

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