A mi papá. La persona
que más he admirado.
Al escribir estas líneas el peso se cotiza por debajo de 17 unidades por dólar, acumulando en el año una apreciación de casi 6%. ¿Qué explica este comportamiento de la moneda nacional?
Siempre es muy complicado definir qué es lo que está detrás de la valuación de los mercados, pero me parece posible identificar varios factores detrás de la apreciación de nuestra moneda.
Un primer elemento es la depreciación que ha tenido el dólar en el año, producto de las dudas tanto acerca de la sostenibilidad fiscal de Estados Unidos y como de un posible deterioro institucional, en particular ante los ataques de la Casa Blanca a la Fed, que hacen cuestionar si esta última mantendrá su independencia. Estas preocupaciones están detrás del muy significativo aumento en los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense a 30 años, que están en torno a 5.2%, el nivel más alto desde la crisis financiera global. Esto a pesar de que los mercados ya no esperan bajadas por parte de la Fed como se anticipaba a principios de año, e incluso hay quien anticipa alzas en los próximos meses.
Pero la debilidad del dólar no alcanza a explicar toda la apreciación del peso. Si tomamos a las 10 monedas emergentes más utilizadas en el mundo (excluyendo al peso), vemos que éstas se han apreciado 1% en el año, reflejando las citadas preocupaciones sobre la economía estadounidense, un ajuste que palidece frente a la apreciación de 6% del peso mexicano. Claramente hay algo más allá de la mera debilidad generalizada del dólar.
Creo que un factor que explica el comportamiento diferenciado del peso es el hecho de que los mercados perciben que, en un mundo de mayor proteccionismo y a pesar de la retórica, México conserva un buen acceso para exportar bienes al mercado estadounidense. El que los productos que cumplan con los requisitos del TMEC puedan exportarse sin aranceles (salvo los contemplados en la Sección 232, es decir al acero, aluminio y automóviles) es señal de este trato preferencial. Así lo demuestra el que al cierre del año pasado, el 82% de las exportaciones mexicanas a Estados Unidos fueron libres de aranceles. Los mercados perciben que el proceso de integración de México a las cadenas de valor de América del Norte va a seguir adelante.
A lo anterior se suma el que México está llevando a cabo un proceso de consolidación fiscal, en un contexto en que la mayoría de los países están incrementando sus déficits. Cierto, la consolidación no ha sido tan ambiciosa como se había planteado inicialmente, y también es cierto que hay preocupaciones fiscales de mediano plazo. Pero aun así, el hecho de que se haya logrado reducir el déficit en más de un punto porcentual el año pasado es bien valorado por los mercados.
Y finalmente, el peso se ha fortalecido porque, a pesar del ciclo de bajadas del Banco de México, las tasas de interés siguen siendo relativamente altas. Para las operaciones de carry trade (en donde los inversionistas toman prestado de corto plazo en una moneda con tasas bajas y lo invierten también de corto plazo en otra con tasas mayores) el peso, ajustado por riesgo — por la volatilidad cambiaria —, es de las monedas más atractivas del mundo.
Me parece que aquellos que criticaron las bajadas del Banco de México, argumentando que reducir el diferencial con Estados Unidos era un error que podría resultar en una depreciación significativa de la moneda, estaban claramente equivocados. Si vemos el tipo de cambio y la inflación, además de tomar en cuenta que la economía tiene una brecha de producto negativa, queda claro que había espacio para esas bajadas. El brote inflacionario y la depreciación que muchos vaticinaban no han llegado.
Hacia delante, si persiste la debilidad de la economía y el peso sigue mostrando esta fortaleza, creo que incluso habría espacio para bajadas adicionales por parte del Banco de México. La economía, en particular algunos sectores exportadores y el turismo, se beneficiarían de un peso algo más depreciado.
Por otra parte, a estos niveles, el Banco de México debería considerar la posibilidad de adquirir dólares para aumentar las reservas internacionales, lo cual podría dar un mayor blindaje en caso de que en el futuro se den episodios de aversión global al riesgo.