Hace unos días, el Banco de México publicó una modificación regulatoria que le permite comprar títulos gubernamentales en el mercado secundario para fortalecer la liquidez del mercado de dinero cuando las condiciones lo requieran. La medida, que entrará en vigor el 17 de agosto, ha sido criticada por quienes ven en ella una puerta trasera para financiar al gobierno. Como argumentaré, se trata de una medida sana, ortodoxa y consistente con el mandato del banco central, por lo que las críticas carecen de fundamento.
Actualmente, Banxico provee liquidez al sistema mediante subastas diarias de reportos a un día con la banca. La modificación le permitirá, además, comprar en el mercado secundario títulos gubernamentales —el banco ha señalado que se limitará a Cetes y Bondes F, instrumentos de corto plazo y tasa revisable— mediante subastas anunciadas con anticipación y con montos acotados: para el tercer trimestre, un máximo de 100 mil millones de pesos. El universo de contrapartes se ampliará para incluir a fondos de pensiones, fondos de inversión y casas de bolsa. El objetivo es reducir la volatilidad del diferencial entre la tasa objetivo y la tasa de fondeo interbancario a un día, que en episodios de tensión —la crisis financiera global, la pandemia— llegó a ampliarse de manera significativa. La motivación es clara: en periodos de volatilidad puede existir escasez de garantías que entorpezca la operación de los reportos tradicionales.
Es cierto que el marco regulatorio, en su definición amplia, permitiría también la compra de bonos de tasa fija y de tasa real. Banxico, sin embargo, ha sido explícito en que no adquirirá instrumentos de largo plazo y en que la medida no constituye un programa de expansión cuantitativa (QE). Ese compromiso público, junto con la transparencia de las subastas y los topes trimestrales, es precisamente el candado que distingue una operación de liquidez de un programa de financiamiento.
Se trata de un mecanismo utilizado por los principales bancos centrales del mundo. La Reserva Federal compra y vende valores del Tesoro en el mercado secundario desde hace décadas. El Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra operan de manera similar. No estamos ante una ocurrencia mexicana, sino ante la adopción de una práctica estándar de banca central moderna. Quienes afirman que la medida implica entrar a una situación de dominancia fiscal, deberían también acusar de lo mismo a los bancos centrales ya mencionados.
Por otra parte, es importante señalar que la medida es acorde con el mandato de Banxico, el cual no se limita a mantener una inflación baja y estable: incluye también preservar la estabilidad del sistema financiero y el sano funcionamiento de los sistemas de pagos. La adecuada liquidez del mercado de bonos gubernamentales, el mercado de referencia sobre el cual se valúa prácticamente todo activo financiero en el país, es condición fundamental para el buen funcionamiento del sistema financiero. Un banco central que carece de herramientas para atender disfunciones de liquidez en ese mercado es un banco central incompleto.
Además, hay que tener en cuenta algo fundamental y es que las compras se realizarán exclusivamente en el mercado secundario. Esto significa que Banxico no otorgará financiamiento nuevo al gobierno: para que el banco central compre un bono, antes tuvo que haber una entidad privada que lo adquirió en el mercado primario, a precios y tasas determinados libremente. El gobierno ya recibió esos recursos y ya paga el costo que los inversionistas le exigieron. Esta distinción — mercado primario versus secundario — es exactamente la misma línea que separa la política monetaria del financiamiento monetario en Estados Unidos y en la zona euro, donde la prohibición de compras directas tiene rango legal.
Si Banxico quisiera abusar de sus facultades para financiar al gobierno, tiene a su disposición vías mucho más directas. No necesitaría un mecanismo de subastas públicas, anunciadas con anticipación, con montos acotados y limitado a instrumentos de corto plazo.
Banxico está adoptando una práctica utilizada por los principales bancos centrales del mundo y no hay nada en el anuncio que sugiera que va a ser utilizada para financiar al gobierno. Hay temas en los que Banxico tiene grandes áreas de mejora, pero este no es uno de ellos.
Por cierto: muchos de los críticos a la medida son los mismos que aseguraban que recortar la tasa a 6.5% con la inflación arriba de 4% era un error y provocaría una espiral inflacionaria. Hoy la inflación está por debajo de 4%, en torno al promedio histórico desde que se adoptó el objetivo de inflación. Sobre eso, guardan silencio.