Carlos Ruiz Gonzalez

Ing. Juan Grau: una vida exitosa, bien equilibrada

El autor hace un homenaje a Juan Grau, cubano de nacimiento y educado en el MIT de EU, llegó a ser director general de Bacardí en México, Brasil y Estados Unidos y profesor del IPADE.

“Cuando en una empresa hay

amistad y confianza, todo se

resuelve”.

Ing. Juan Grau 1927-2021

En 1996 me pidieron que acompañara al ingeniero Juan Grau a sesiones foráneas del IPADE. De inmediato me causó una excelente impresión, era enérgico, muy amable, con un sentido del humor despierto y alegre; tuvimos un viaje muy agradable. No imaginaba en ese momento que era el inicio de una amistad que duraría 25 años.

Juan Grau falleció el 20 de septiembre de 2021, acababa de cumplir 94 años. Nació en Santiago de Cuba, en julio de 1927. Su padre había emigrado a Cuba y tenía un negocio de transporte; tuvo tres hermanos, Juan era el mayor; en preparatoria fue compañero y amigo de Fidel Castro, en el Real Colegio de Belén que estaba en La Habana, fundado y dirigido por jesuitas en 1854 y que, a la expulsión de la orden en 1961, se trasladó a Miami, Florida.

Posteriormente, estudió ingeniería química en el prestigioso MIT (Massachusetts Institute of Technology) en Estados Unidos. Siempre recordó con cariño que, al terminar sus estudios, su familia fue por él, compraron un automóvil y se regresaron manejando desde Boston hasta La Habana, vía México, pasaron unos días en Monterrey, ciudad que siempre le agradó, visitando a algunos de sus compañeros del MIT.

Trabajó en Procter & Gamble en Cuba, después ingresó a Bacardí, la legendaria empresa productora de ron, fundada en 1862, en Santiago de Cuba, por don Facundo Bacardí; a esta empresa permaneció ligado durante toda su vida, exceptuando un tiempo en el que emprendió, precisamente en Monterrey.

En Bacardí empezó en los laboratorios y, poco a poco, fue adquiriendo mayores responsabilidades. En la década de los 50, se trasladó a México con sus primeras dos hijas (sus dos hijos varones nacieron posteriormente en México y en Brasil). Ahí diseñó y construyó la destilería La Galarza, en Izúcar de Matamoros, Puebla. También trabajó para Bacardí en Brasil y en Estados Unidos y, en 1976, fue nombrado director General de Bacardí en México.

La empresa se encontraba en crisis por diversos motivos: se debían muchos impuestos, el gobierno era proveedor único de mieles incristalizables (materia prima para elaborar ron) y la inesperada y fuerte devaluación del peso en 1976 hizo que la deuda creciera enormemente. Juan, con su inteligencia, energía y voluntad no solo sorteó esta crisis, sino que volvió a la empresa muy exitosa; líder en su sector y modelo de gestión incluyente, adelantándose a su época. (Para conocer sobre Bacardí y su gestión como director ver: DG09C001/B Bacardi y Compañia y DG09C001/A Bacardi USA (Casos del IPADE) y el UVA-OB-0420, Grupo Bacardi De Mexico, S.A de la Darden School of Business (University of Virginia).

Juan Grau se jubiló de Bacardí en 1994 como CEO de Bacardí Norteamérica. Después, fue miembro del consejo de Bacardí Limited y presidente de la fundación Bacardí.

Como había cursado el programa de Alta Dirección, fue invitado al IPADE como profesor, primero dando el caso Bacardí y más adelante otros como el Lincoln Electric y el Nike, que eran sus favoritos; también escribió algunos casos sobre su experiencia.

No solo daba casos, era también un magnífico conferencista, un excelente profesor que sabía transmitir su rica experiencia de manera muy interesante; tenía además dos características que no siempre tienen los directivos que se incorporan a la enseñanza: era muy humilde (a pesar de sus logros) y siempre estaba dispuesto a aprender y a tomar consejo de profesores mucho más jóvenes y con menos experiencia de negocios que él.

Además, poseía un agudo y extraordinario sentido del humor, que hacía que rápidamente captara la atención de los participantes. Era lo que, en términos académicos, se conoce como un practicioner, un profesor surgido del mundo de la empresa, no del académico. Productivo siempre, se dio tiempo para ser coautor de varios libros (interesantes y valiosos).

Siempre amable, puntual en sus citas, muy profesional en su trabajo, rápidamente se ganó el afecto y el cariño de sus colegas profesores y se volvió mentor (o coach como ahora se dice) de muchos de nosotros, tenía una característica poco común: en cada encuentro con él, fuera una reunión de trabajo, un desayuno, comida o una simple conversación, uno siempre acababa aprendiendo algo. Tenía además la rara capacidad que va más allá del ‘enseñar’, presentaba las cosas de tal manera que lograba que uno ‘aprendiera’. Creo que esta es la diferencia que tienen los profesores que destacan: logran que uno aprenda.

Juan Grau fue un ejemplo de enseñar mediante el ejemplo, nunca pidió nada que no estuviera dispuesto a dar y su profesionalismo no era de discurso o de frases bonitas, estaba basado en lo que él había practicado exitosamente a lo largo de su vida.

Lo vamos a extrañar porque siempre fue muy agradable y provechoso convivir con él, pero al mismo tiempo agradecemos mucho haber tenido la oportunidad de haberlo conocido, de haber sido su amigo. Como mentor y como coach, Juan contribuyó al desarrollo y crecimiento de las empresas en donde estuvo, pero también, y esto es más importante, al crecimiento de las personas que formaban parte de esas instituciones.

Termino con una frase suya: “Tengan humildad para seguir aprendiendo cada día de su gente”.

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