Benito Solis

Por qué la inflación está controlada y el peso sigue fuerte

El déficit en las finanzas públicas no agrega demanda en toda la economía, ya que no es financiado por el banco central, es decir no se imprime dinero.

Estados Unidos decidió no renovar a mediano plazo el tratado de libre comercio con México y Canadá, para ser sustituido por un acuerdo que será revisado anualmente, con lo que destruye una de sus principales virtudes, que era eliminar incertidumbre a la inversión de mediano plazo. Por otro lado, continúa la violencia y la corrupción en el país, perjudicando a las empresas y a los consumidores, además se destruyen, eliminan o modifican de manera importante instituciones que se tardaron décadas en construir. Resalta que sigue elevado el déficit fiscal y la deuda pública se duplicó en menos de una década. Además, las calificadoras internacionales reducen su opinión sobre la capacidad de pago de su deuda del gobierno mexicano, poniendo en riesgo el llamado Grado de Inversión, lo que propiciaría una salida de inversión financiera extranjera de gran importancia.

Sin embargo, la inflación continúa bajo control en niveles bajos, siendo de 3.37% anual en junio, aunque superior a la meta oficial y el peso no solo no se devalúa, como era el temor de mucha gente, sino que se fortalece. Esta aparente paradoja o contradicción resulta de creer que el valor de peso con respecto al dólar mide lo bien o mal que está la economía del país. Lo mismo sucede con la inflación, que los precios son mayores por temores de la gente. En realidad, ambos resultan del fenómeno de oferta y demanda. Si hay abundancia de compradores por algún producto o servicio y la cantidad disponible en el mercado (es decir la oferta) sigue igual o disminuye, entonces los precios suben.

En el caso de la inflación, es decir el incremento generalizado de los precios, resulta que la demanda agregada por los bienes y servicios se eleve y la oferta no lo haga en la misma proporción, se cubrirá esta diferencia con mayores precios. La causa más importante y común de este desequilibrio entre oferta y demanda es el incremento de la liquidez monetaria, es decir emisión excesiva de dinero por parte del banco central. Como el Banco de México es autónomo del Poder Ejecutivo, como es en la mayoría de los países desarrollados, no emite dinero sin el respaldo correcto y no puede financiar al gobierno. En pocas palabras, no hay una inflación desbocada en el país, debido a que el banco central cumple con su cometido.

Por lo tanto, el déficit en las finanzas públicas no agrega demanda en toda la economía, ya que no es financiado por el banco central, es decir no se imprime dinero para que lo gaste. Así, si aumenta su gasto, debe de elevar sus ingresos o incrementar su deuda, es decir retirar liquidez (y consecuentemente demanda) de la economía. Pensar que los programas sociales elevan la inflación no es correcto, porque para otorgarlos debe subir impuestos o emitir deuda lo que aumenta las tasas de interés perjudicando a otros sectores o a las empresas, lo cual reduce la producción y el empleo.

Por su parte, la fortaleza relativa del peso se debe a que hay un mayor ingreso de dólares que egresos, es decir hay abundancia de divisas y baja demanda por los mismos, lo que resulta en que baja su precio. Esto se debe, entre otras razones, a que hay preferencia por adquirir instrumentos financieros con mayores tasas de interés que en inversiones en otros países, a que hay poca demanda de dólares porque hay recesión en la economía o mayor desempleo, etc.

Un primer efecto de lo anterior, es decir por la fortaleza del peso, es la reducción en los márgenes de utilidad de los exportadores o en un encarecimiento en los servicios turísticos perjudicando a un sector importante de la economía. El aumento de la deuda del gobierno sube las tasas de interés, lo que fortalece al peso perjudicando así a exportadores, al sector turístico, a las empresas que tienen deudas y a los consumidores por el pago de sus tarjetas de crédito.

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