La quiebra y la intervención de los reguladores en tres bancos en Estados Unidos durante las pasadas semanas, prendió las alarmas sobre el sector y aunque se afirmó que este problema era local y no afectaría a otros países, esto fue contradicho por la compra forzada del Credit Suiss y la presión sobre el Deutsche Bank en Europa.
La realidad es que los mercados seguirán volátiles en los siguientes meses, en la medida en que prosigan las políticas restrictivas de las autoridades fiscales y monetarias, mismas que realizan con el fin de reducir la inflación, la cual ya afecta a la mayoría de los países desarrollados. La inflación impide el funcionamiento del sistema de libre mercado como asignador de los recursos.
Ese sistema ha demostrado que es el más eficiente para obtener crecimiento y desarrollo económico. Para conseguir un entorno sin inflación se requiere que la demanda agregada crezca acorde al incremento de la oferta agregada y esta última resulta de la inversión previa. La demanda es fácil y rápido elevarla con incrementos por decreto de los salarios, por expansión de dinero por parte de los bancos centrales, por mayor gasto y endeudamiento público y por incremento del crédito. Sin embargo, la mayor oferta resulta de aumentos en la fuerza de trabajo, de la productividad y de la capacitación, así como de más capital, todo lo cual es tardado.
En los pasados quince años el gobierno de Estados Unidos tuvo agresivas políticas expansivas, mismas que fueron imitadas por la mayoría de los gobiernos de los demás países desarrollados. En la actualidad, existe una generación que se acostumbró a vivir y trabajar en este entorno, el cual desconoce cómo operar en un medio de austeridad financiera, lo cual conduce a frecuentes errores en la administración pública y privada.
Los activos de la Fed pasaron de ser menores al billón de dólares a mediados de 2008, para situarse arriba de los nueve billones de dólares el año pasado; este es un incremento de 800 por ciento en estos años. La razón de que esto no había impactado en inflación con anterioridad, como la miden los índices de precios al consumidor, es porque no todo se canalizaba a los bienes de consumo. Una parte se reflejó en instrumentos de inversión, lo que elevó las bolsas de valores y a mayores precios en instrumentos de deuda (es decir, menores tasas de interés), así como en bienes inmuebles y otros activos. Además, se tuvo una expansión relevante en el comercio internacional, en las reservas internacionales de la mayoría de los bancos centrales del mundo, así como en el gasto público en las diversas naciones.
Los cambios geopolíticos recientes, así como la invasión a Ucrania y los apoyos económicos a los diferentes sectores de la población se han reflejado en la creciente inflación, obligando a los gobiernos y bancos centrales a tomar diversas medidas contraccionistas. Entre las mismas están los incrementos en las tasas de interés, así como reducción en los diversos agregados monetarios, ajustes en el gasto público en los diversos países y reducción o eliminación de diversos programas y subsidios a la población, suspensión de proyectos de inversión y retrasos en los pagos de proveedores. Además, se modificará la regulación bancaria y financiera para identificar a tiempo los nuevos riesgos que aparecen en este medio.
Una gran mayoría de las empresas están haciendo ajustes internos para adaptarse al nuevo entorno, así como enfrentar los crecientes pagos de sus obligaciones financieras resultado de las nuevas tasas de interés. Por su parte, las familias también hacen un esfuerzo para enfrentar los cambios en los salarios reales, los ajustes de personal en sus empresas y el mayor costo de vida en sus países.
México no está aislado de estos ajustes y en la medida en que se retrasen las medidas correctas para enfrentarlas, las mismas serán más costosas y dolorosas.
El autor es economista.