Benito Solis

Riesgo de que la inflación siga aumentando en el mundo y en México

Se está generalizando la preocupación por el aumento en el nivel general de precios en diversos países, con un impacto en aquellos consumidores que poseen ingresos fijos o disminuidos.

Tal y como comenté las semanas pasadas, la economía mexicana muestra claras señales de una desaceleración e incluso caídas en la producción de distintos sectores y ramas productivas; lo que se confirmó con los datos de la producción industrial de septiembre que dio a conocer el Inegi en días pasados. Esta caída ocurre tanto en la industria minera como en la generación de electricidad, en las industrias manufactureras, destacando las ramas de fabricación de textiles, la industria automotriz, la fabricación de equipos de computación, de aparatos eléctricos y otros más. Entre sus diversas causas están la caída en el consumo y el incremento de la inflación, los mayores costos de los insumos y la reducción en la oferta de los diversos componentes.

Se está generalizando la preocupación por el aumento en el nivel general de precios en diversos países y en México. Por ejemplo, la inflación fue de 6.2 por ciento anual el mes pasado, tanto en México como en Estados Unidos, de 4.4 por ciento en Canadá, de 4.1 por ciento en la Zona Euro, de 4.5 por ciento en Alemania y de 5.5 por ciento en España, estando en el extremo Argentina con un incremento de 52.2 por ciento y el peor es Venezuela que ha dejado de proporcionar información confiable, pero que estaba situada por arriba de mil por ciento al año. Aunque los porcentajes en los países desarrollados podrían parecer bajos, tienen un impacto en aquellos consumidores que poseen ingresos fijos o que incluso han sufrido una disminución en sus ingresos por el efecto de la pandemia.

Hay que enfatizar que los precios libres son parte de un muy complejo sistema de información que permite tomar continuamente decisiones sobre qué consumir, en qué momento; así como qué producir, con qué insumos y cuándo. El poder conocer, entender y obedecer este sistema le permite a los fabricantes, comerciantes, transportistas, exportadores e importadores, profesionistas y millones de personas más el tener ganancias o quebrar sus negocios.

Algunos piensan que basta con regalar dinero a los sectores de la población que tienen menos recursos para igualar el bienestar, pero esto es erróneo. Darle más dinero a los sectores de la población más pobres en la sierra o en mitad de un desierto en donde no hay bienes o servicios ni funciona el mercado, no les permitirá mejorar su nivel de vida, ya que no podrán gastarlo. Tener más billetes no significa que su situación será mucho mejor sin tener servicios médicos y educativos de calidad, así como miles de satisfactores más. Lo que requieren es que se tengan y funcionen las diversas instituciones, se tengan vías de comunicación y las personas tengan conocimientos e información pertinente, así como que lleguen los distintos productos, servicios médicos, seguridad y, en suma, que funcionen los mercados de manera eficiente. Entonces, sí es posible mejorar la situación de la población más necesitada.

Por lo mismo, el hecho de tener una mayor inflación representa un deterioro de todo el funcionamiento de los precios y propicia el tomar decisiones erróneas. Por ejemplo, cuando un empresario identifica un incremento en el precio de sus productos no puede saber si es porque los consumidores aprecian y compran más lo que fabrica o es por un problema en el abastecimiento o de inflación en general. Además, no sabe si fabricar más sus productos le generarán un mayor beneficio hasta saber si sus insumos y sus costos también subirán de precios y en que proporción. En un entorno de tanta incertidumbre existe el riesgo de que decida elevar aún más sus precios, es decir, que cambien las expectativas de la inflación futura.

Por su parte, las tasas de interés se han mantenido por debajo de esos porcentajes bajo el supuesto de que la inflación es temporal y disminuirá en los siguientes trimestres. Sin embargo, esto significa una pérdida relevante para los ahorradores y un cambio en sus hábitos. Las personas se preguntan si tiene sentido guardar sus recursos en los bancos, si después de un tiempo pierden su poder de compra. Después de un tiempo de perder prefieren transferirlos a bienes muebles o inmuebles, a bolsas de valores o con más frecuencia a divisas extranjeras, presionando así al tipo de cambio. Está situación presiona las tasas de interés al alza, lo cual tiene un costo para las empresas y los gobiernos que tienen elevadas deudas, como es el caso de Argentina, de China, de Estados Unidos y, en menor medida, de México.

Mayores tasas de interés estabilizan durante un tiempo el tipo de cambio y la inflación, pero tienen un costo en términos de menor actividad económica, de creciente desempleo y de mayores costos para las empresas y para el gobierno. De no detenerse las expectativas inflacionarias, sería inevitable una mayor presión sobre el tipo de cambio por salida de capitales.

El autor es economista.

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