Los últimos datos de inflación en México, que corresponden a la primera quincena de septiembre, muestran que se mantiene elevada y por arriba del objetivo que tiene el Banco Central de 3 por ciento (dentro de una banda de un punto por arriba o debajo de este porcentaje). La inflación se mide en México por medio del Índice Nacional de Precios al Consumidor, el cual usa los precios de los distintos productos que se consumen en el país y registró un incremento anual de 5.87 por ciento en la primera quincena de septiembre. Para poder compensar esta mayor inflación y no castigar al ahorro financiero en el país, las tasas de interés pasivas deberían de situarse por arriba de este porcentaje; ya que en caso contrario es razonable esperar que el ahorro busque rendimientos más elevados en otros países (lo que presiona al tipo de cambio) o se canalice a instrumentos o bienes de mayor riesgo. Aunque en los países desarrollados predominan tasas de interés significativamente más bajas, en México se mantienen elevadas como resultado de la desconfianza que los inversionistas tienen en el comportamiento futuro de la economía nacional, situación parecida a la que sucede en Turquía, Argentina o Sudáfrica.
Para poder identificar la tendencia futura de la inflación, el índice separa los bienes y servicios más volátiles o que sus modificaciones no responden a las condiciones de mercado, entre los que se encuentran productos agropecuarios, energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno, los cuales se agrupan en el índice de precios no subyacentes, el cual se elevó 8.86 por ciento en la misma fecha.
Entre las razones por las que se presenta este incremento tan elevado están causas meteorológicas como sequías e inundaciones, incrementos en los precios internacionales de los energéticos y el hecho de que los consumidores están haciendo compras elevadas por la posposición de sus adquisiciones previas por razones del Covid-19.
Por otro lado, los restantes productos y bienes constituyen el índice de precios subyacente, el cual tuvo un incremento de 4.92 por ciento en el mismo periodo que, aunque menor, muestra una clara tendencia creciente en los últimos doce meses. Esta tendencia podría indicar que los consumidores ya están incorporando en su comportamiento expectativas de mayores precios en el futuro, las cuales serán muy difíciles de revertir. Es por lo mismo que resulta lógico que el Banco Central haya iniciado una política de una mayor tasa de interés de referencia.
Sin embargo, esto sucede cuando la economía nacional todavía no logra regresar a los niveles que tenía previos al inicio de la pandemia e incluso parece que la misma se está estancando. En un ejercicio que realizó Jonathan Heath, el subgobernador del Banco de México, muestra que, aunque la economía en el segundo trimestre del presente año ya solo está 3.3 por ciento por debajo de su previo pico que sucedió en el tercer trimestre de 2018, la inversión total está 17.3 por ciento por debajo de su pico previo, que fue en el tercer trimestre de 2015. Más sorprendente es que la inversión pública se sitúa en -52 por ciento de su pico previo, que lo tuvo en el primer trimestre de 2009. Este rezago en la inversión tanto privada como pública es un factor fundamental que explica el bajo crecimiento de la economía mexicana.
Lo anterior sucede mientras que en la mayoría de los países desarrollados se han seguido políticas monetarias laxas o expansivas en los últimos años, para enfrentar la contracción de sus economías, tanto por la crisis financiera previa como por la aparición del Covid-19. Se ha anunciado por parte de la Fed (Banco Central de Estados Unidos) la reducción en el monto de sus compras de bonos públicos y privados de manera paulatina en los siguientes meses. Debido a esto esperan que se inicie un incremento en las tasas de interés el próximo año. Su efecto será una apreciación en el valor nominal del dólar, que se vería como una depreciación o debilitamiento del peso. Una manera de evitarlo para impedir que se propicie en mayor inflación sería por medio de incrementos adicionales en las tasas internas de interés. Pero esto último tendrá un efecto negativo en la actividad económica. Tal parece que se tendrá un escenario de tasas de interés significativamente más elevadas o fuertes presiones en el tipo de cambio.
Todo lo anterior significa que los próximos meses y sobre todo 2022 será un periodo de grandes retos y dificultades. Se requerirá de grandes habilidades para mantener el crecimiento económico.