Los Certificados de Capital de Desarrollo (CKDs) han resultado instrumentos financieros muy productivos, y que tienen una perspectiva positiva, sobre todo en un panorama en el que sectores como el inmobiliario y de infraestructura son punta de lanza para los proyectos estratégicos del Gobierno Federal en el Plan México de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Sin embargo, en este contexto de madurez en estos instrumentos de inversión, se están dando movimientos importantes en torno a las administradoras de dichos certificados.
Hace aproximadamente un año, Carlos Gutiérrez Andreassen y Germán Ahumada Alducín, socios fundadores de Artha Capital, tomaron caminos separados. La transición se llevó a cabo de forma negociada y ordenada, priorizando en todo momento la continuidad y el valor de los activos y portafolios bajo gestión.
Como parte de ese proceso, la Asamblea de Tenedores aprobó implementar una transición ordenada en la gestión de los fideicomisos correspondientes. Derivado de la separación, los procesos de asamblea correspondientes a cada línea de negocio se llevaron a cabo de manera independiente.
La Bolsa Mexicana de Valores (BMV) define los CKDs como valores fiduciarios de largo plazo destinados al financiamiento de proyectos o a la adquisición de empresas en sectores con potencial de crecimiento. No son instrumentos de liquidez inmediata — su rentabilidad se realiza a través de estrategias de desinversión que pueden extenderse por años. En ese horizonte, la calidad y continuidad de la administración es determinante para el resultado final que reciben los inversionistas.
Y es que el momento en que se produce este relevo coincide con una etapa de revisión más amplia sobre los instrumentos estructurados en el mercado mexicano. Al cierre de marzo de 2026, las Afores mantenían exposición a esta clase de activos con niveles diferenciados entre administradoras. Los datos de CONSAR del tercer trimestre de 2025 muestran que los estructurados han tenido una contribución acotada al rendimiento total del sistema de pensiones, en un entorno donde los inversionistas institucionales aplican criterios más estrictos en la evaluación de sus posiciones en esta categoría.
Frente a ese escenario, la capacidad de estos vehículos para gestionar transiciones administrativas de forma ordenada — sin afectar activos, sin generar incertidumbre entre tenedores y dentro del marco institucional que los rige — es parte de la madurez que el mercado mexicano de CKDs ha desarrollado desde sus primeras generaciones de emisiones hasta hoy.